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Internacional
El circo de Ali Agca ¿Cuerdo? Convertido, inevitablemente, en un personaje mediático, el turco que intentó asesinar a Juan Pablo II salió de la cárcel directo a robarse el show con sus disparates, todo en medio de un lío legal en Turquía que podría enviarlo de nuevo a la cárcel.
Yuri Lorena Jiménez yjimenez@nacion.com Mehmed Ali Agca arrastra tras de sí un legajo de crímenes, fugas, procesos y clemencias papales.
Pero no menos frondosa es su lista de historias increíbles, que han tenido su clímax esta semana tras su salida de prisión, una vez que cumplió con su condena por el atentado contra la vida de Juan Pablo II, en 1981.
A menos de ocho días de haber abandonado la cárcel, se dice que Acga se ofreció a capturar a bin-Laden para convertirse en un héroe de Estados Unidos, está pidiendo una cita con Benedicto XVI, exige $5 millones por revelar una nueva versión de quién le encargó el atentado contra el Papa, asegura que el Vaticano le ofreció convertirse en cardenal, y hasta se habla de la posibilidad de que viaje a México para interpretarse a sí mismo en una película.
Por supuesto, sus delirantes declaraciones han provocado que el interés de la prensa internacional caiga en picada, pues cada vez luce más lejana la esperanza de que algún día se conozcan con exactitud los entretelones de aquel hecho que estremeció al mundo el 13 de mayo de 1981.
Ese día, Agca disparó e hirió a Juan Pablo II en la plaza de San Pedro, en Roma, y fue condenado a cadena perpetua por la justicia italiana.
El atentado causó lesiones graves al Pontífice, quien vivió 24 años después del ataque pero sufrió en forma creciente, en los últimos 14 años de su vida, las consecuencias de las heridas provocadas por el balazo recibido en el estómago.
El 27 de diciembre de 1983, "el papa polaco" visitó a Agca en prisión y lo perdonó ; hablaron cara a cara y en actitud casi confidencial durante 18 minutos. El turco llegó a llamar a Juan Pablo II su "hermano espiritual".
Los motivos del atentado se desconocen hasta hoy, pero se ha investigado la posibilidad de que tras Agca, exmilitante de la organización ultraderechista Lobos Grises, estuvieran los servicios secretos de la entonces comunista Bulgaria o incluso la KGB soviética.
En el momento de su detención, el turco llevaba en el bolsillo una nota que decía: "Yo, Agca, he matado al Papa para que el mundo pueda saber que hay miles de víctimas del imperialismo".
Tras purgar 20 años de la pena en Roma, fue indultado y extraditado en junio del 2000 a Turquía, donde cumplió otra condena por haber asesinado en 1979 a un periodista turco, hasta que salió en libertad la semana pasada gracias a un polémico indulto que ha generado una fuerte controversia judicial en su país.
Turbio futuro. La historia de Acga no es menos intrincada de como luce su futuro.
De acuerdo con una biografía de la agencia EFE, nació en 1958 en el seno de una familia humilde de un suburbio de la provincia turca de Malatia.
Se ganaba la vida vendiendo agua y recogiendo restos de carbón en las estaciones de trenes y pronto empezó a simpatizar con organizaciones de extrema derecha. De allí pasó a integrar grupos terroristas palestinos.
Tras cometer varios delitos en Malatia, partió hacia Estambul donde, con documentos falsos, se matriculó para realizar estudios superiores.
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Dos años después del atentado, Juan Pablo II visitó a Agca en la cárcel, donde le ofreció su perdón. AP/LA NACIÓN |
Su historia delictiva siguió adelante y, el 1° de febrero de 1979, se le atribuyó el asesinato del periodista liberal turco Abdi Ipekci, director del diario Milliet.
Tras huir de la justicia en varios países de Europa, llegó a su destino final: la plaza de San Pedro, en el Vaticano.
Agca varió su versión sobre el atentado varias veces, e incluso no dudó en vincular el intento de asesinato con el tercer secreto de la Virgen de Fátima y mostrarse como un "predestinado".
Y es que el 13 de mayo era el día de la Virgen de Fátima y el Papa, quien estaba profundamente convencido de que fue la Señora intercedió para que él se salvara de milagro. Por eso, mandó a colocar en el santuario de Fátima la bala que lo había atravesado.
Durante los más de 20 años que pasó en prisión, el turco tuvo suficiente tiempo para mudar de conducta y de creencias religiosas. Incluso pidió asistir al funeral de Juan Pablo II. "Participo en el luto del pueblo cristiano católico", dijo en una carta enviada desde su celda, que firmó como Mehmet Ali Agca, el servidor del Mesías.
Lo cierto es que su reciente liberación generó un profundo malestar en varios sectores, máxime cuando trascendió que su salida de la cárcel fue festejada en las calles de Estambul y un grupo de hinchas del equipo de fútbol de Malatya (este), de donde es originario, gritaron lemas elogiando a su compatriota por haber intentado matar al Papa.
Su futuro es todo un acertijo. En un principio se dijo que debería salir de la cárcel directo a cumplir el servicio militar obligatorio en su país (el cual nunca hizo de joven), pero este lunes fue declarado "inepto" para integrar las fuerzas militares de Turquía.
No quedó claro por quéfue descartado.
Se sabe que Agca se ha estado quejando de sufrir inflamación en sus manos y pies, pero extraoficialmente la prensa asegura que hay muchas dudas sobre su estado mental, ya que es conocido por sus brotes de violencia verbal y por sus ocasionales aseveraciones de que él es el Mesías.
De todos modos, este hombre podría tener contadas sus horas en libertad y regresar a prisión, pues el ministro de Justicia turco, Cemil Cicek, está hablando de un posible "error" en el cálculo de su condena. Tanto él como su predecesor, Hikmet Sami Turk, denuncian que Ali Agca debería recobrar su libertad en el 2012.
Además, en el expediente parece existir también otro error en el cálculo del número de años purgados por el turco en Italia, que el tribunal de Estambul ha cifrado en 20, en vez de 19 años y un mes. Así, como mínimo, Agca debería regresar a la cárcel al menos por 11 meses más.
Hoy más que nunca es incierto si quedarán esclarecidas las contradicciones en torno a las causas del atentado.
"Es tan exhibicionista, que temo que diga tonterías. Mezclará aún más que antes la baraja para garantizarse su supervivencia", dice el juez italiano Ilario Bartella, quien en su momento investigó el caso. "Su vida está en peligro", advirtió recientemente el también juez Ferdinando Imposimato.
Solo hay certeza de una cosa, al menos para los italianos: "Ali Agca fue uno de los protagonistas negativos del siglo XX", aseveró la cadena estatal RAI el día de su puesta en libertad.
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