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Tragedia del Virilla 1926
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Variedad
Yo me acuerdo
Día para recordar Singulares razones por las cuales muchos lectores recuerdan la fecha de su primera comunión.
“Solo amor”
“El domingo 11 de diciembre de 1965 hice mi primera comunión. El viernes anterior, mi mamá, Consuelo Meseguer de Garzona, q.d.D.g., volvía de trabajar, se cayó y se hizo una herida profunda en la rodilla derecha. Ella me iba a hacer el vestido. Se suturó sola, (mi papá era médico y le había enseñado), y calladita cosió mi vestido el sábado 10, en una máquina de pedales, a veces con las dos piernas. Yo estaba muda. Papá no podía saber de la herida porque no le habría permitido coser. Me pareció que mi vestido quedó como el de una princesa. Quizá fue el vestido más sencillo de todos, pero estaba hecho con el amor, el dolor y el sacrificio de mi mamá. No hubo fiesta ni recogí un cinco, pero no me importó” .
Ercilia Garzona M., Cartago
“¡Chapa de ¢2!”
“Hice la primera comunión en 1975 en la escuela Osejo, con un vestido muy sencillo debido a la falta de dinero de mi mamá. Al finalizar la ceremonia, nos topamos en San José con una señora quien, a viva voz, dijo: ‘¡Pero qué machita más linda!’ y acompañó sus palabras con una reluciente chapa de ¢2 que me regalo sin conocerme”.
Martha Rodriguez A., Coronado
¡Ilesos!
“La anécdota no ocurrió el día de mi primera comunión, sino años después. Por cosas del destino, mi hermana guardó mi librito y el rosario de aquel día. Ella vivía en un apartamento en Heredia. Hubo un incendio donde se quemó prácticamente todo. Pero entre los escombros, encontró el librito y el rosario intactos. El librito lo conservo en mi cuarto y el rosario está al pie de mi cama”.
Juan Carlos Salas C., Heredia
Tropezón
“Mi primera comunión la hice en la iglesia San Agustín, en Cinco Esquinas de Tibás, con el recordado padre Guillén. Era 1965. Recuerdo la ilusión de mi madre con todos los preparativos, pues soy el mayor de tres hermanos, y el esfuerzo económico que tuvo que hacer para comprar mi vestido entero. El día de la ceremonia, al llegar a la iglesia, tropecé y me caí justo a la entrada, con tan mala suerte que se me hizo un hueco en el pantalón del tamaño de toda la rodilla. Pasé toda la ceremonia adolorido y sufriendo por semejante hueco. De vuelta a la casa, pasé el resto del día muy triste, sin salir a la tradicional recogida de dinero”.
Óscar Mario Corrales
Promesa
“Desde niña tuve un alto sentido crítico de la vida. En 1974, me di cuenta de que todos estaban más interesados en el vestido que en el acto de recibir por primera vez ‘el Cuerpo de Cristo’, así que me negué a hacer la primera comunión. En el verano de 1976, mi papá me hizo prometerle que no pasaría de ese año para hacerla. Le prometí que la haría a fin de año, pero él murió el 3 de mayo. Así que el día de su novenario, el 12 de mayo de 1976, con 11 años de edad, le rendí un homenaje póstumo y le cumplí la promesa en un sencillo acto, como yo lo deseaba. Lucí un sencillo vestido blanco de diolén, que me hizo mi mamá, aunque ella no pudo asistir”.
Ana Felicia Benavides Arroyo
Cala y rosario
“ Hice la primera comunión en la capilla de sor María Romero, en 1976. Mi mamá me dio un rosario de plata para que lo llevara colgado en la mano. El problema fue que, todos los niños teníamos que depositar una cala en un gran jarrón al pie del altar. No me di cuenta de que el rosario se me había deslizado de la mano cuando dejé la cala, y como creí que lo había perdido, mi mamáa me dio una gran regañada. Después el rosario apareció, pero ya había salido en todas las fotos ¡con la cara hinchada de llorar!”
Maricruz Pereira, Moravia
Doble colecta
“Vivíamos junto a Las Tucas, en Plaza Víquez, mis papás y 11 hermanos. En medio de la pobreza y con monumental esfuerzo de mis hermanos mayores, tuve mi traje para la primera comunión, el cual aproveché doblemente. La esposa de mi hermano, Mireyita Mathew, me llevó a recorrer Cartago, donde gente conocida y sin conocer. Ese domingo recolecté ‘una fortuna’. Así las cosas, al domingo siguiente me volví a poner el traje y repetí la hazaña, esta vez por otra ruta. ¡Qué orgulloso me sentí cuando, días más tarde, mi papá me pidió un ‘préstamo’ y aquella travesura sirvió para que todos comiéramos unos días”.
Gonzalo Arce Gutiérrez, Barva de Heredia
De la Virgen
“Hace 50 años, allá en Puriscal, mi familia era muy pobre. Solo me compraron un vestido blanco y zapatos de hule. Entonces, el sacerdote de la iglesia me prestó el velo y la corona de una imagen de la Virgen. El día de mi comunión, había una zanja frente a la iglesia y caí acostada, entre el barro. A la salida de misa, mi abuela me hizo hincarme en un barrial a darle el ‘bendito alabado’ a mi madrina”.
Aida Bella Marín F., Puriscal
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