San José, Costa Rica. Domingo 03 de diciembre, 2006.
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La fantasía
de rejuvenecerse motiva a muchos a buscar tener relaciones con adolescentes.
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Sociedad

En la cabeza de un explotador

Estudio. ¿Por qué un hombre es capaz de pagar por tener relaciones sexuales con una persona menor de edad? Una reciente investigación de la Organización Internacional del Trabajo en América Central y República Dominicana, da una luz al respecto.

Ivannia Varela Q. ivarela@nacion.com

Lo más seguro es que a usted le parezca una aberración. Sin embargo, créalo o no, más personas de las que usted se imagina, sobre todo hombres, justifican la explotación sexual comercial de menores.

¿Qué le pasa por la mente a esos sujetos? Diversos investigadores de Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Panamá y República Dominicana –auspiciados por el Programa internacional para la erradicación del trabajo infantil, de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT)–, se dieron a la tarea de averiguarlo en un reciente estudio con 445 varones de estos siete países (no necesariamente eran clientes de la explotación comercial infantil).

Los resultados respaldan la tesis de que quienes tienen relaciones sexuales remuneradas con personas menores de edad, consumen pornografía infantil o se dedican a la explotación sexual de niños y adolescentes, manejan una sexualidad basada en los conceptos patriarcales, con énfasis en lo genital y coital.

Es decir, para ellos, los menores de edad –y especialmente las mujeres– son objetos que pueden ser tomados, poseídos y utilizados para su disfrute personal. En sus cabezas prevalece la idea de que los niños y adolescentes son fáciles de manipular y controlar, ya sea por su inexperiencia en este campo o debido a su supuesta “avidez sexual”, que, según ellos, los incita a cometer el abuso.

“Las jóvenes atraen porque son ‘nuevas’; es decir, tienen poco uso, no son experimentadas, nunca lo han hecho, y uno se vuelve loco por darse ese quesito”, dijo por ejemplo uno de los entrevistados en República Dominicana. Mientras, en El Salvador, otro adulto replicó: “A mí me llegó a buscar una niña de 13 años, se sentaba solo para que le viera todo y yo muchas veces tuve que frenarme porque yo sabía que si hacía algo con esa niña…, conozco la ley y porque conozco la ley, no procedí”.

En busca de hombría. Para muchos de estos hombres, no hay nada más placentero y que los haga sentirse “machos”, que tener relaciones sexuales con una virgen o, mejor dicho, una mujer “no usada”, como la llaman.

Por eso, también es común escucharles decir frases como la que expresó un hombre en Guatemala: “Es como una comida de lujo. Una patojita virgen..., eso es el paraíso. Y ni modo, es más caro”.

Según la mentalidad de estos sujetos, tener relaciones sexuales con niños o adolescentes los hace sentirse a ellos más jóvenes, fuertes y seductores. Además, les resulta más sencillo “ir al grano”, es decir, llegar a la penetración que, para ellos y su cultura machista, es la máxima expresión de placer sexual.

“Si usted se mete con una carajilla, cualquier cosa que le haga va a estar bien porque ella no sabe nada… pero una fogueada te exige… y uno lo que quiere es solucionar un problema fisiológico”, afirmó uno de los entrevistados en Costa Rica.

Los investigadores de este estudio regional, denominado Explotación sexual comercial y masculinidad, también descubrieron que estas personas siempre buscarán una justificación a su proceder y, por lo general, la culpa siempre la tendrán otros, ya sea el propio menor de edad que “busca cómo ganar dinero fácil” o el padre o madre de ese niño o adolescente que “no supo cuidarlo como es debido”.

El término “explotación sexual comercial” no lo asocian con un delito, ni con ellos mismos. Es algo así como una depravación que no tiene que ver con ellos porque, al final de cuentas, se consideran buenos consumidores y excelentes clientes.

Desde su percepción, el hecho de haber pagado por los servicios aparentemente los exime de toda responsabilidad.

“Cuando una mujer te cobra, no es tu culpa. Uno lo que busca es que le den placer, si ellas no tienen la edad, eso no es culpa de uno”, aseguró un guatemalteco.

Es más, muchos de estos individuos piensan que al tener sexo con un menor de edad, se convierten en una especie de “redentores”, pues le están haciendo un favor a esa persona que se encuentra en desventaja socioeconómica y necesita ganarse el pan vendiendo su cuerpo.

Los que no se atreven. El estudio –que, además de las entrevistas incluyó evaluaciones grupales– corroboró que algunos hombres se abstienen de tener relaciones sexuales con menores de edad, no por una convicción moral, sino por temor a represalias o a situaciones particulares, como el hecho de tener hijas niñas o adolescentes.

“Yo no me acostaría con una niña de 15 años, ya que uno es padre de familia y no sabe el destino de su hija”, explicó un sujeto de Honduras.

La mayoría de quienes no aceptan la explotación sexual de menores, consideran que los que sí recurren a estas prácticas son “enfermos mentales”, sobre todo quienes tienen sexo con niños.

Sin embargo, a la hora de preguntarles por la explotación sexual de adolescentes –jóvenes mayores de 13 años– las contradicciones saltan a la vista, ya que muchos tienden a justificarlo por el simple hecho de que, a esa edad, el cuerpo femenino ya toma otras formas: los senos crecen y las caderas se ensanchan.

“Si estamos habando de una niña de 8 años, eso es un violación, hermano; eso es una aberración. En cambio, a una niña de 14 años no le estás quitando nada que ella no te quiera dar”, afirmó un tico.

Para complementar este estudio, la OIT, también encargó una encuesta a la firma CID- Gallup Latinoamérica con 8.767 adultos (hombres y mujeres). El objetivo de esta nueva investigación era medir la tolerancia social en la población frente al comercio sexual con menores de edad.

Una vez más, los datos dieron mucho en qué pensar, pues en todos los países estudiados, a excepción de Costa Rica (71 por ciento), el porcentaje de personas que denunciaría al cliente no supera el 46 por ciento.

Más de la mitad de la población también considera que los principales responsables de detener la explotación sexual comercial de niños y adolescentes son las familias (especialmente la madre), o bien, la misma víctima menor de edad.

“O sea –afirman los investigadores en las conclusiones del estudio– se deposita la responsabilidad de prevenir y erradicar la explotación en las personas más débiles, obviando el deber que tiene el Estado y la sociedad de proteger a los menores”.





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