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José Figuer lleva más de 50 años haciendo "trabajo de campo". CARLOS GONZALEZ /LA NACIÓN |
Personaje
Como tallado en piedra Pico y pala. En su vasta colección de piedras, el geólogo José Figuer ve retazos de su vida. Es como un inmenso álbum de fotos que habla sin reservas de la pasión por su trabajo, el mismo que lo ha tenido en medio de exploraciones durante casi 50 años.
Andrea Vásquez R. avasquez@nacion.com El plomo y la plata de Aserrí, las amatistas de Santa Ana, el cobre de Guayabo de Mora y los cristales de Puriscal... José Figuer los conoce a todos. Su relación con las piedras ha sido profesional, romántica y casi providencial. "Uno cree más en Dios cuando descubre un cuarzo; uno sabe que solo Él pudo haberlo hecho".
En el hotel Bougainvillea, en Santo Domingo de Heredia, hay un retrato de los 20 años de exploración y del trabajo de Figuer: a lo largo de los últimos seis años y en forma paulatina, 3.000 piezas han sido vendidas al hotel.
Para José Figuer Troyo, las constantes búsquedas de piedras pronto dejaron de ser un pasatiempo infantil y se convirtieron en un estilo de vida.
Geólogo de profesión, especialista en pulido y acabado de piedras preciosas y con casi 50 años de hacer trabajo de campo, Figuer ha desarrollado una relación con los campesinos e indígenas de los más de 800 lugares de Costa Rica donde ha realizado su trabajo: "Los campesinos de este país son maravillosos, yo he tratado de enseñarles que lo que sus fincas poseen (las piedras) tiene valor".
Es evidente su vocación docente. Cuando habla, explica con sencillez su oficio y se adueña de un mapa donde, con suma facilidad, ubica los sitios y explica qué piedras es posible encontrar en cada uno.
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1. Pirita aurífera. Esta pieza contiene níquel, zinc, plata, oro y cobre. Figuer la encontró en una mina en San Isidro de El General.
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"Yo no quiero llevarme a la tumba lo que sé", sostiene.
En la colección del Bougainvillea hay toda clase de piedras y fósiles: amatistas, jades, cuarzos, ágatas y troncos petrificados de más de 50 millones de años de edad. Y todas las piezas han sido halladas en el país.
Incluso, se exhibe un aerolito, es decir, un material cósmico que atravesó la atmósfera y fue a parar en el cerro Thiel en San Carlos y, más tarde, a las manos de Figuer, quien lo que mira con el asombro de quien lo acaba de descubrir, todos los días.
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2. Favoritos. "¿Cuáles son las piezas que más le gusta descubrir?" "Los cristales", responde él. Figuer les otorga un poder medicinal. Carlos González /LA NACIÓN |
La colección completa que posee el hotel vale decenas de millones de colones, pero es difícil ponerle precio al trabajo de una vida. El aerolito, sin duda, es la pieza más cara, y la más exótica. Mide unos 20 centímetros de diámetro y su precio es superior a los ¢300.000.
Las piezas favoritas de Figuer son los cristales y nos enseña uno que lleva en su bolsillo: transparente y espigado. Figuer explica -mientras se intenta alejar de supersticiones- que el cuarzo no es un amuleto, sino que tiene comprobadas cualidades medicinales. Justamente en su búsqueda apasionada de cuarzos, hace dos años y medio, en cerro Minas de Santa Ana, le cayó encima un paredón de siete metros de altura y le provocó una lesión en la columna. Debido a esto, ha tenido dificultades para continuar con sus exploraciones de siempre.
Pero hace falta más que un altercado así para detener el impulso de Figuer: "Sin las piedras yo ya me hubiera muerto (...) Me imagino que, aunque anduviera arrastrándome, igual iría a buscar piedras. Es una pasión que llevo en la sangre. Lo considero un don", confiesa.
Su pasión hace que casi filosofe con estas piezas: "Una piedra nunca es igual a otra, todas son absolutamente distintas". Únicas como cada momento vivido.
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