San José, Costa Rica. Domingo 27 de agosto, 2006.
Inicio
Variedad
Reportajes
Columnas
Moda
Buena vida
Salud
Niños
Anteriores

Galerías de fotos:

Tragedia del Virilla 1926

Niños

Foto Principal: 1341728
Recuérdele
a su hijo que, más allá de las calificacione, usted lo ama.
Archivo/LA NACIÓN
Educación

Una mala nota en un buen estudiante

Téngalo claro. Recuerde que, aunque su hijo siempre saque buenas calificaciones, no es perfecto y tiene derecho a fallar en algún examen. ¡Apóyelo !

Ivannia Varela Q. ivarela@nacion.com

Si su hijo es de esos estudiantes que acostumbran llegar a la casa con cienes o notas superiores a 90, y de pronto trae una calificación baja, no se angustie y más bien siga los consejos de la especialista en educación Ana Salas, directora del colegio Iribó, y de la psicopedagoga Gabriela Madriz.

1. No exagere. Trate de que su reacción sea natural para que el niño no se sienta culpable por algo que no tiene mayor relevancia, pues, por lo general, se trata de un asunto aislado. Claro, si las bajas calificaciones se vuelven una constante, entonces tome otras medidas como hablar con los docentes o investigar qué le puede estar ocurriendo a su hijo. A veces se da el caso de que una mala nota resulta solo una forma de llamar la atención de los adultos.

2. Déjelo hablar. El niño tiene derecho a expresar su malestar o frustración por la mala calificación o, de igual manera, explicar por qué cree que la obtuvo. Trate de conversar con él en un ambiente cordial y aproveche para resaltarle sus virtudes. Refuércele su autoestima.

3. Analice la situación. Puede ser que la materia en la que obtuvo la mala nota no sea del completo agrado del niño, o quizá, en esa asignatura en particular, el menor necesita utilizar otro método de estudio.

4. Pregúntese ¿cómo era el examen?, ¿era igual de estructurado que los otros?, ¿era más largo o más corto y, por lo tanto, cada punto tenía mayor valor? No pierda de vista que todo esto cuenta.

5. Es necesario que recuerde si el día del examen su hijo iba en condiciones óptimas al centro educativo. ¿Había dormido bien? ¿Tenía algún problema? ¿Se sentía enfermo? ¿Presenció alguna discusión entre sus padres?...

6. Por último, no olvide que educar no significa convertir a nuestros hijos en Einsteins, ni obligarlos a hacer realidad nuestras aspiraciones. ¡Ellos también tienen derecho a equivocarse!





| Arriba |