"Los Peter Pan no son personas malas ni monstruos. Como casi todos los niños, tienen muchos encantos que atraen a los demás".
Miguel Ángel Roca,
psicólogo

Sociedad

Una niñez eterna

Randall Corella V.
rcorella@nacion.com

Como Peter Pan. Para muchos, la infancia es la mejor etapa de sus vidas; tanto que no desean abandonarla nunca.

En la tierra de Nunca Jamás no existen los adultos, la vejez ni la muerte. Allí nadie sabe lo que es crecer, ni les interesa: el tiempo se detuvo para dejar a sus habitantes sumidos en una infancia eterna.

Y aunque esa vida tiene un obvio sabor a cuento, se ha convertido en el máximo anhelo de muchas personas en la vida real, cuyo empeño por no dejar de ser niños los lleva a asumir una conducta enfermiza.

Desde hace algunos años, la psicología decidió llamar a este mal el síndrome de Peter Pan. Lo padecen aquellos que, en la edad adulta continúan pensando, sintiendo y actuando como niños.

Diversos autores han incluido también en la lista de pacientes con este síndrome a quienes, ya adultos, no abandonan la casa paterna y siguen viviendo a costa de sus progenitores.

El nombre del síndrome se basa en las características de personalidad que el escritor escocés James Barrie dio al protagonista de su obra, Peter Pan y Wendy. La historia del niño que no quiso crecer, escrita en 1904.

El "bautizo" se dio en 1983, cuando el psicólogo estadounidense Dan Kiley definió este síndrome como "el conjunto de características presentes en quienes no quieren dejar de ser hijos para empezar a ser padres".

Si bien es un mal que puede producirse en hombres y mujeres, históricamente el número de casos ha sido mucho mayor entre los primeros.

Según Kiley, algunas características de quienes presentan este síndrome son un comportamiento de adolescente, egoísmo extremo, inseguridad, miedo a la soledad y falta de compromiso.

Miguel Ángel Roca, vicedecano de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, Cuba, cita en uno de sus artículos que los Peter Pan buscan personas que los protejan y asuman sus responsabilidades.

"Pero no piense, amigo mío, que estamos hablando de malas personas o de 'cuasimonstruos', pues los Peter Pan tienen, como casi todos los niños, muchos encantos que atraen a las otras personas", escribe.

Otro rasgo común en los Peter Pan es que, aunque cada vez apagan más velas en su queque de cumpleaños, les cuesta abandonar la casa paterna y asumir las responsabilidades de una vida independiente o en pareja.

Por ejemplo, un estudio realizado hace unos meses en Barcelona, España, reveló que el 47 por ciento de los jóvenes de 25 a 29 años todavía vive con sus padres. Además, un informe europeo sobre la juventud mostró que el 42 por ciento de la población de ese continente, con edades entre 15 y 29 años, se declara dependiente de la economía de sus padres.

"Según el doctor Kiley, el síndrome afecta a los varones que crecen en hogares donde hay mucha ansiedad, generada por la infelicidad de unos padres distantes emocionalmente. Aunque no es la regla, la mayoría de estas familias tienen dinero y lo otorgan a los niños en vez de tiempo. Así, los chicos dan asumen que es obligación de los padres darles todo", aseguró la psiquiatra costarricense Gioconda Batres.

Por su parte, la psiquiatra argentina Juana Roland responsabiliza a los padres de quienes padecen el síndrome por propiciar su desarrollo con una educación permisiva, sobreprotectora, carente de autoridad y madurez.

"¿Por qué querría un joven irse de su casa, si ahí tiene la libertad para hacer lo que quiere? ¿Para qué asumir responsabilidades, si recibe todo lo que necesita? A esto se suma el miedo de muchos padres al síndrome del nido vacío, que los lleva a sugerir a sus hijos que se queden en el hogar", afirmó Roland en la publicación Revista Nueva.

Nuevo nicho. Aunque parezca curioso, el viejo dogma que invita a ver siempre el lado positivo de las cosas, puede aplicarse también a algunas caracte- rísticas de este síndrome. En las últimas décadas, la conducta de mantener vivo el "niño interior" se está haciendo tan global que los expertos en mercadeo ya hablan de una generación kidult - del inglés kid (niño) y adult (adulto)- , para referirse a aquellas personas mayores que consumen muchos juguetes y aparatos tecnológicos.

Según investigaciones realizadas en Estados Unidos, los kidults tienen más de 20 años, un elevado nivel de ingresos y son mayoritariamente ejecutivos, directivos o dueños de sus negocios, obsesionados por conseguir productos que los regresen a su infancia. Obviamente, las grandes empresas buscan cómo adueñarse de un nicho de mercado tan prometedor.

Pero ¿puede alguien ser niño eternamente? Para Batres, la psicoterapia resulta un método apropiado para enfrentar las malas relaciones o los problemas de conducta, aunque a veces no se pueden cambiar las patologías, por la resistencia al cambio.

"Es difícil también cambiar todo el sistema familiar. La familia alterna ha enviado mensajes de aceptación para la conducta irresponsable, infantil y demandante del joven Peter Pan", concluyó Batres.

Para otros especialistas, la mejor forma de que alguien se recupere de este síndrome es permitir que enfrente la realidad y asuma las consecuencias de sus conductas, por duro que resulte.

El cubano Miguel Ángel Roca, por ejemplo, afirma que hay múltiples variantes de Peter Pan: algunos no son casos muy serios y la persona puede convivir con eso toda la vida; otros son más severos y le complican la existencia a quienes los rodean.

"En este último caso, es recomendable que se miren para dentro y revisen todo aquello que les impide funcionar como adultos normales. Pero, ¡alerta! No hay que matar al niño que llevamos dentro. Este nos va hará más grata la vida cuando hagamos alguna travesura o reclamemos juguetonamente la atención de los que queremos", concluyó.


El síndrome de Wendy

Este desorden en las mujeres

Desde 1984, quienes padecen el síndrome de Peter Pan no están solos en la tierra de Nunca Jamás.

Ese año, el psicólogo Dan Kiley utilizó el término "síndrome de Wendy" para describir a las mujeres que, como lo hace la protagonista del cuento escrito por James Barrie, actúan como madres eternas con sus parejas, familiares o amigos.

Según Kiley, en muchos casos, este tipo de personas cargan sobre sus hombros las responsabilidades que los Peter Pan no asumen por su inmadurez.

En su mayoría, se trata de mujeres que asumen el papel de los padres que ellas mismas no han tenido y lo ponen en práctica con alguien que se deje cuidar.

Es una necesidad de sentirse respaldadas y disponibles, lo que las empuja a comportarse de esta manera protectora.

Además, de acuerdo con la literatura psicológica, por lo general, son personas que se sienten solas, inseguras y piensan que el individuo a quien cuidan se aprovecha de su buena fe.

Las Wendy comparten una característica con los Peter Pan: ellas también niegan presentar un problema o una forma de comportamiento inadecuada.


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