San José, Costa Rica. Domingo 11 de diciembre, 2005.
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Archivo /LA NACIÓN

Otros personajes: Franklin Chang

Abandonó la NASA, integró la junta de notables del TLC y rechazó la politiquería.

Ivannia Varela Q.
ivarela@nacion.com

Tras una carrera brillante con siete vuelos espaciales, el astronauta costarricense Franklin Chang sorprendió al país en junio de este año cuando anunció que dejaba la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) para dedicarse a una compañía privada de tecnología espacial de su propiedad, AD Astra Technologies Inc.

Desde allí continuará impulsando la realización de su anhelado motor de plasma, cuyo objetivo es acortar el tiempo de los viajes espaciales.

Este año, Chang se mostró más interesado que nunca en lo que sucede en su país

Es un proyecto al que Chang ha estado dedicado desde 1979, pero se necesitaba mayor capital económico y tiempo para ejecutarlo, pues su idea es tener listo el motor a más tardar en el 2008.

Mas su cambio de vida no se limitará a alcanzar ese sueño. Según el astronauta, ahora quiere desarrollar en Costa Rica una serie de proyectos científicos que beneficien a su tierra natal. Por ejemplo, establecer un centro tecnológico regional para el hemisferio con la Escuela de Agricultura de la Región del Trópico Húmedo (EARTH) en el campus de La Flor, en Guanacaste. Su idea es que el país transforme su economía agrícola en una tecnológica. Para ello, a mediados del 2005 hizo un vehemente llamado para que el Gobierno aumente la inversión en ciencia al 3 por ciento del producto interno bruto en los próximos 15 años.

Pero su preocupación por Costa Rica no solo se circunscribe a la ciencia y la tecnología. Este año Chang también habló de su angustia por la delincuencia, los problemas económicos y la sombra del abstencionismo en las próximas elecciones.

Tanta sensibilidad social le valió que el expresidente de la República y actual candidato presidencial, Óscar Arias, lo invitara a participar en política, una oferta que fue rechazada por el astronauta ya que, según dijo, su único deseo es servir al país.

Por ese interés genuinode dar algo a su patria, fue el primero en aceptar la propuesta del presidente Abel Pacheco para integrar una junta de notables que se encargaran de analizar los alcances del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Finalmente, él se convirtió en el coordinador de esa agrupación de intelectuales, donde trabajó al lado del sacerdote Guido Villalta, el químico y académico Gabriel Macaya, el politólogo y diplomático Alvaro Antillón y el doctor en virología Rodrigo Gámez.

El pasado 16 de setiembre, tras 60 días de deliberaciones, estos cinco hombres entregaron a Pacheco su análisis final.

Aunque elaboraron un informe minucioso, muchos costarricenses se desilusionaron pues no era vinculante ni contundente sobre la conveniencia de aprobar o no el controversial TLC.





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