San José, Costa Rica. Domingo 11 de diciembre, 2005.
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Jorge Castillo /LA NACIÓN
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Oficio: Santa Claus

Colachos ticos. Cada Navidad, decenas de "San Nicolases" se convierten en el alma de negocios, centros comerciales y festejos. ¿Qué se siente ser Santa Claus? Tres de ellos nos cuentan detalles de su singular oficio, lleno de anécdotas divertidas, tristes y hasta insólitas.

Yuri Lorena Jiménez
yjimenez@nacion.com

¡Menuda faena deben enfrentar a diario estos personajes! Su representación del bonachón Santa Claus debe ser lo más fiel posible por una de las razones más importantes del mundo: la ilusión de los niños.

Por ello, a pesar de las muchas horas que deben permanecer encerrados en sus acolchados y calientes trajes -diseñados, claro, para el que vive en el Polo Norte-, del cansancio y de las preguntas infantiles que a veces les provocan un nudo en la garganta, estos Colachos deben exhibir sonrisas y acopiar sabiduría para atender las peticiones de aquellos pequeños que tanto los admiran.

Jarquín tiene su propio trineo remolcable y reparte regalos por encargo

Jarquín cuenta que ciertos papás mal aconsejan a sus hijos: 'Jálele la barba a Santa'...

Además:

  • De instructor a Colacho
  • 30 años de ilusiones
  • Eduardo Jarquín Rodríguez, Mario López Barboza y José Bulgarelli Rojas contaron a Proa cuáles han sido sus motivaciones para encarnar a un personaje tan especial como Santa Claus, y desgranaron las anécdotas más variadas, desde graciosas hasta inverosímiles.

    Detrás de su disfraz, casi nadie reconoce en Jarquín al personaje de televisión que se hizo popular durante los Mundiales Francia 98 y Corea-Japón 2002. Se trata de aquel gordito simpaticón que grabó las campañas de Dos Pinos y La Nación, en los que intentaba aprender a hablar francés o comer con palillos.

    Lo cierto es que, varios años antes de personificar a ese singular fanático de la Selección de Futbol, ya Jarquín se "convertía" en Santa desde mediados de noviembre hasta el propio día de Navidad.

    Su anecdotario, asegura, es inacabable. Para empezar, cuenta que la idea surgió en un principio porque necesitaba trabajo, pero, casi 10 años después, se toma este asunto con toda la mística y seriedad del caso.

    Foto Flotante: 1136416
    La ilusión
    de Diego Morales por compartir con Santa se desbordó el miércoles en Paseo de las Flores.
    Jorge Castillo/LA NACIÓN

    "Lo de menos son los chiquitos que piden juguetes muy caros que tal vez sus papás no pueden comprar. Yo, por ejemplo, me las ingenio para no mentirles nunca, pero tampoco les digo que no, siempre les pregunto cómo se portaron en el año y les digo que entre sus papás y el Niñito Dios van a hacer todo lo posible por traerles un buen regalo", afirma Jarquín, quien, a todas luces, es un enamorado de los niños.

    Dice que las ocasiones en que realmente lo ponen entre la espada y la pared son aquellas en que le hacen peticiones como una que recuerda todavía con los ojos aguados.

    "Fue en una fiesta del Banco Crédito Agrícola, llegó un chiquito, se me acercó y me dijo: 'Santa, ¿usted me puede devolver a mi papá?'. Yo le respondí que cerrara los ojos y pusiera las manos sobre las mías, luego le dije que el pápá siempre estaría con él", cuenta aún conmovido por el recuerdo.

    Actualmente trabaja todos los días en el centro comercial Paseo de las Flores, en Heredia, donde tiene su propio trineo y su puesto de fotografías para que los niños -y familias completas- posen con él.

    Ahí, este simpático y robusto Colacho se ha convertido en una celebridad. No hay niño que no tenga que ver con él. Lo curioso es que sobran los adultos que también se acercan a comentarle sus deseos. Por ejemplo, fuimos testigos de cómo un señor que se desempeña como guarda de seguridad llegó a decirle que, para Año Nuevo, todo lo que quería era cambiar de trabajo. ¡Y Jarquín se toma su tiempo para darle sus muestras de apoyo y uno que otro consejo con el fin de que logre su deseo!

    Los niños -comenta- se desahogan con él de las formas más variadas.

    El otro día llegó un pequeñito que se veía triste. Cuando Santa le preguntó qué le pasaba, el menor le confesó con toda inocencia: "Es que mi papá le dijo cosas muy feas a mi mamá hoy". Jarquín incluso utilizó su astucia y se las ingenió para llamar al papá aparte y comentarle lo ocurrido. El señor -dice- reaccionó muy bien y prometió que iba a cambiar de actitud.

    Los niños "difíciles" también intentan, a su manera, llamar la atención del hombre del Polo Norte.

    Una pequeñita lo sorprendió cuando, en lugar de susurrarle sus deseos, le dijo resueltamente: "Te voy a incendiar la casa". Santa no salía de su asombro, y luego se preocupó más cuando se enteró de que la niña había repetido la amenaza a algunos de sus colaboradores, quienes le ayudan con los asuntos logísticos a la hora de coordinar las fotografías.

    "Después supe que la chiquita tenía serios problemas porque la madrastra pasaba todo el día fuera de la casa, en salones de belleza o de compras, y la dejaba con la empleada. Todo lo que la chiquita quería era atención", afirma apesadumbrado.

    Pero lo que sí lo indigna es cuando algún adulto intenta propasarse con su personaje con afán de burla.

    "Pasa, a veces pasa. El otro día venía una señora de muy buen ver, de unos 50 y tantos años, hablando por celular. Caminaba detrás de mí y en eso sentí que me jalaron la peluca y el gorro... ¡me los arrancó totalmente! Lo que más cólera me dio fue que iba muerta de risa diciéndole al que tenía en el teléfono: '¡Le jaléel gorro a Colacho!".

    Pero estos son solo pequeños lunares en este oficio tan singular que eclipsa por completo el tiempo de Jarquín durante mes y medio. Porque, además de sus ocho (o más) horas diarias en Paseo de las Flores, a menudo tiene presentaciones privadas antes o después de su jornada.

    Dice que llega agotado a la casa. Allí lo esperan su esposa y sus cuatro hijos, quienes están tan acostumbrados a ver a su papá haciendo de Santa, que cuando lo acompañan para ayudarle en el papel de duendes o alguna otra tarea, no se refieren a él como papi, sino como Santa.

    De hecho, el 25 de diciembre es una fecha realmente mágica para toda esa familia. "Desde el 24 en la tarde, tengo contratos para ir a repartir juguetes a casas donde los papás me llaman para que los más chiquititos vean que sí existe Santa Claus.

    Así que el propio Santa es el que llega a mi casa, como a la 1 de la madrugada, con los regalos para mis hijos" .

    Esto ya constituye toda una tradición para los Jarquín. Eduardo se queda con el disfraz por un rato, después se cambia, y sus hijos (con edades entre 7 y 11 años) reciben el mejor regalo de sus Navidades: ¡recuperan a su papá!

    "Ahí sí es cierto: una vez que me cambio, guardo el traje... ¡y no lo vuelvo ni a ver en meses!

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    Cuando los
    niños le piden a don Mario juguetes, él siempre les recuerda que deben portarse bien con sus papás.
    Francisco Rodríguez /LA NACIÓN
    El 'Santa' oficial de las tiendas Toys

    De instructor a Colacho

    Quienes el pasado domingo observaron a un San Nicolás conduciendo un auto por la antigua carretera entre Alajuela y Heredia, no alucinaban. En realidad se trataba de Mario López Barboza, el "Colacho" oficial de las jugueterías Toys.Ese día -tal y como le ha ocurrido ya en otras oportunidades en este diciembre- debía desplazarse a toda velocidad para visitar las tiendas Toys en esas dos provincias y conversar con los pequeños que llegaban a buscar sus regalos. Por eso, sin cambiarse de ropa ni quitarse siquiera la barba postiza, abordó su vehículo y, en compañía de su esposa y sus dos hijos menores, se trasladó de un lugar a otro. Así de ajetreada es la vida de López los fines de semana, cuando deja a un lado su trabajo oficial como instructor de policías en el Ministerio de Seguridad Pública, para convertirse en Santa Claus. Entonces reparte sus famosos jo, jo, jo y recibe con una sonrisa las listas de regalos.Sin su traje rojo, es más bien un hombre delgado y de mediana estatura, que en nada se parece al robusto y anciano "Santa" . Sin embargo, él fue el elegido este año por las tiendas Toys para representar a ese querido personaje, debido a sus dotes como actor y su entusiasta personalidad. "Siempre me ha gustado trabajar con chiquitos, porque son dulces e inocentes. De verdad creen que uno es Santa", dice Mario, quien en otras ocasiones también ha trabajado como payaso y desde hace varios meses es el encargado de animar un show infantil en el Centro Comercial del Sur. "Con el dinero que me pagan, puedo darle un gustito a mi familia. El domingo, luego de mi trabajo, le pude decir a mis hijos: ¿qué quieren comer, pizza o pollo? Para mí, es un placer complacerlos", aseveró .Según afirma este desamparadeño de 49 años, su esposa e hijos lo motivan a seguir . "El más pequeño me sigue la corriente cuando hay otros chiquitos y mi esposa pasa preocupada por mi presentación. Ella me lava el traje y me deja los guantes limpiecitos. ¡Viera cómo los ensucio!".

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    Por años,
    la excelente interpretación de Santa Claus que hacía don José Bulgarelli corrió de boca en boca y lo hizo muy popular.
    Eddy Rojas /LA NACIÓN
    Don José Bulgarelli fue uno de los primeros 'Santas'

    30 años de ilusiones

    Con su barba natural y sus maneras reposadas, José Bulgarelli Rojas, de 56 años, ha representado como pocos a este personaje navideño desde hace más de tres décadas.Varias generaciones han visto sus presentaciones por todo el país, y miles lo han visto en numerosos comerciales de televisión en lás últimas décadas. "Yo fui uno de los primeros -si no el primero- en vestirse de Santa, porque en los años 70, esa costumbre casi no existía", asevera don José con un orgullo bien ganado. Todo comenzó cuando se desempeñaba en el departamento de imprenta del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), y un fin de año, a alguien se le ocurrió vestir de Santa a algún papá para la fiesta de los niños. El elegido fue don José, quien jamás imaginó que aquello que comenzó como una ocurrencia, se convertiría en pocos años en una tradición familiar (todas las Navidades se vestía para amenizar fiestas donde sus parientes) y, más tarde, en un boyante negocio.Aparte de los comerciales, don José fue el Santa oficial de Fercori durante 12 años seguidos. Por eso, nunca más volvió a cortarse la barba. Esto, aunado a que la televisión lo convirtió en un personaje muy conocido, hizo que, incluso en meses de verano -mientras don José disfrutaba en pantaloneta y sandalias en la playa con su familia- se le acercara la chiquillada a saludarlo con el grito emocionado de "¡Santa!" "Yo creo que eso me ayudó a andar por la vida bien alineado, porque se trata de alguien a quien los niños quieren y respetan y yo me propuse nunca dar un mal ejemplo, porque con el traje o sin él igual me identifican con él", razona don José. Al igual que sus "colegas", este Santa colecciona algunas historias tristes. "No se imagina cómo se siente uno cuando llegaban chiquitos a pedir que lo único que quieren es que el papá ya no le pegue más a la mamá. Yo les decía que iba a rezar junto con el Niñito Dios para que el papá se compusiera, pero eso me destrozaba el corazón. Había chiquitos que llegaban hasta con quemaduras de cigarros. Más de una vez llamé a los papás después para comentarles que cómo era posible eso", rememora.Otros "compromisos" algo incómodos -relata- llegaban cuando alguna chiquita pequeña le pedía que su mamá no le quitara el chupón". Aunque en los últimos dos años, motivos de fuerza mayor han provocado que don José haga una pausa en su trabajo navideño, todavía realice su papel... ¡por teléfono! "Hay familiares y conocidos que me llaman para que les hable a los chiquitos. Yo les hago el hablado, la risa del jo jo jo y les pido lo de siempre: que se porten bien". Casado con María Esperanza Rojas y padre de Geovanny y Cristian, don José asegura que sus hijos, ya adultos, de alguna forma también lo siguen viendo, especialmente en esta época, como su propio Santa Claus: "Para empezar, ellos no me conocen sin barba. ¡Imagínese!".





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