|
|
Columnas
Cartas a María: Compartamos la Navidad. María Pérez-Yglesias Comunicadora El lector comenta:
La Navidad se ha convertido para muchos en una época de borrachera y comilona, en el estrés de regalos que se compran por compromiso. En casa, con tantos hijos, optamos por reunirnos el 25 a desayunar, pero también se quejan. ¿Dónde se perdieron mis ilusiones de infancia?
Julieta Trejos
María responde:
Los vientos de diciembre, el olor a ciprés y el colorido nos traen nostalgias inevitables. La Navidad representa, ciertamente, un ritual cristiano que para muchos se desvirtúa en la vorágine del mercado: vender y comprar, recibir y gastar, tener y mostrar. El "ser" se vuelve un "tener", y el regalar, una apariencia. Diciembre es el mes del adiós a un año que se acaba y de la esperanza que se construye para otro que, esperamos, sea mejor. Es la época del nacimiento, del renacer, del invierno que presagia una primavera llena de luz y posibilidades. Es la época donde la semilla da fruto y el llanto de un niño, nos recuerda a la familia, a los amigos. Es un tiempo marcado por la tradición de una comida que se comparte, un regalo que significa nuestro deseo de hacer felices a quienes queremos, una oración. Tiempo de paz y reflexión, de esperanzas y de proyectos. La sensibilidad aflora y los recuerdos nos hacen llorar y sonreír. El regalo es más que un objeto. Es un don, una muestra de afecto, una sorpresa, el placer de dar, la capacidad de compartir lo que se posee. Pero no podemos olvidar la equidad, la redistribución justa, la generosidad, el derecho de cada persona a recibir de su comunidad, del país en el que nace o el que le acoge como a un nuevo hijo o hija. Es un momento de reconciliaciones, de reuniones familiares, de unión, de solidaridad. Abramos nuestros ojos, escuchemos con atención y no permitamos que en este país, que tratamos de construir como justo y democrático, se quede una sola persona sin esperanza y sin Navidad.
Envíe sus preguntas y comentarios a cartasamaria@nacion.com o al apdo. 882-1100.
|