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¿Se va a discutir la desigualdad?

Actualizado el 28 de enero de 2007 a las 12:00 am

En la solución de la desigualdad nos jugamos el bienestar y la democracia

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Es casi un penoso lugar común: en Costa Rica el porcentaje de familias pobres se estancó y la desigualdad entre quienes más tienen y los que padecen serias carencias, es creciente. El programaEstado de la nación ha dejado claro que la sociedad costarricense es significativamente más desigual que hace dos décadas, a pesar de los resultados económicos favorables, de la transformación profunda del aparato productivo, del acelerado dinamismo de los sectores financiero, de zonas francas, de turismo y del bum de la construcción. El vigor de los altos niveles de inversión extranjera y de las exportaciones, con los que se ligan pujantes grupos empresariales, constituyen un sorprendente contrapunto a la falta de recepción de beneficios y a la insuficiencia de desarrollo humano de grandes sectores de la población.

Si estos datos pueden todavía sonar un tanto asépticos y conceptuales, un semanario nacional se ha encargado de ilustrarlos mediante un estudio de Unimer con base en la encuesta de Ingresos y Gastos de Hogares 2004. La constatación estadística impacta: alrededor de solo 10.000 personas consumen el 7,2% de todo lo que se factura en bienes y servicios del país. Y alrededor del 7,4% de hogares de Costa Rica gastan el 32, 7% de todo lo que los costarricenses compramos en salud, alimentación, recreación, etc. Pero a los números el estudio le ha agregado unas pinceladas que producen estupor: entre este grupo de ticos se encuentran quienes visitan hasta tres veces por semana restaurantes de lujo, pueden consumir en una sola cena un par de botellas de vino de ¢135.000 cada una; cambian de auto de lujo cada dos años; compran su ropa de marcas exclusivas en el extranjero; mudan de reloj dos o tres veces por año –con modelos que oscilan entre los $ 300 y los $ 6.000–, y pueden gastar en una compra de joyas, en una sola tarde, hasta $15.000.

Pero si estos hechos causan sorpresa, hay algo que puede llamar más la atención: pese a su gravedad, el tema de la creciente desigualdad no se está discutiendo con resonancia a nivel nacional. Ni se está ubicando entre los asuntos prioritarios para definir las políticas públicas y las estrategias empresariales privadas, ni se está investigando la relación que puede tener con la estrategia de desarrollo aplicada durante estos veinte años, ni se está colocando la equidad como una prioridad de mayor o igual importancia que la competitividad y la eficiencia, a la hora de trazar los planes económicos. Un caso expresivo de estas omisiones puede encontrarse en el proceso de definición, negociación y actual presentación legislativa del TLC.

Es probable que hallemos parte de la explicación de esto en actitudes que hoy por hoy deberían ser llamativas: están quienes todavía piensan que la desigualdad económica es natural, y quienes la defienden como necesaria para estimular la producción. Hay quienes se preocupan por la pobreza, pero no le ven ninguna relación con la excesiva acumulación de riqueza. Otros que siguen pensando que lo importante son los indicadores promedio del país y el beneficio total, de conjunto, sin preocuparse por los aspectos distributivos, salvo para aplicar medidas paliativas.

Algunos, en fin, que creen ingenuamente que todo se arreglaría complementando las políticas económicas con políticas sociales. Sean cuales sean las razones, el futuro del bienestar y de la misma democracia costarricense se juega en la solución al tema de la inequidad. Para buscar esa salida, es probable que la coyuntura actual, tras todo el debate sobre el TLC, ofrezca una oportunidad única de discusión y diálogo nacional. Antes de que sea demasiado tarde.

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