Opinión

Página Quince

De privilegios y derechos

Actualizado el 28 de agosto de 2009 a las 12:00 am

 La persona por nombrar en la Defensoría no debe salir de la Asamblea Legislativa

Opinión

De privilegios y derechos

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Una persona puede tener la capacidad y las cualidades morales necesarias para desempeñar un cargo público, por lo que pareciera lógico que se la pueda nombrar, sin reserva alguna.

Pero esto no siempre es lo correcto a pesar de su legalidad.

Hay preceptos democráticos no escritos que se han de tomar en consideración, conjuntamente con la moral y la capacidad.

Si varias personas de condiciones personales semejantes aspiran a un cargo público, pero una de ellas tiene ventaja repudiable –parentesco, amistades políticas o titularidad de un puesto que la favorece– se presenta un desequilibrio democrático en el punto de partida, que se ha de valorar cuando se decida un nombramiento.

Pienso en esto ahora que llegó a su término el plazo para el cual fue nombrada la actual Defensora de los Habitantes y aparecen varios aspirantes para desempeñar esa función, entre los cuales está mi amiga en la política, muy apreciada, y compañera de partido, Ofelia Taitelbaum, actual legisladora.

En ocasiones anteriores he dicho, tanto para la Defensoría de los Habitantes como para la Contraloría, que la persona que se ha de nombrar no debe salir del seno de la Asamblea Legislativa.

Ventaja. Un diputado que gestiona para él un puesto público que debe elegir la Asamblea, goza de un privilegio, tiene una ventaja sobre los demás aspirantes. Hay amistad, compañerismo, simple compromiso en la relación política parlamentaria que favorece. Pero, además, el que elige es elegido. O sea, que se está en presencia de un autonombramiento, aun cuando se recurra al subterfugio de no estar presente en el momento de la votación.

Es cierto que si se designa un diputado para ese puesto, no hay prohibición legal, pero eso no es suficiente porque roza con un valor elemental que me atrevo a llamar delicadeza democrática.

Si vamos a iniciar una nueva etapa en la vida pública de este país, comencemos por los detalles y respetemos el principio universal que obliga a buscar algo más que el respaldo legal para tomar una decisión. Pensar en lo correcto, en lo que debe ser, en todo aquello que impida el nacimiento de la duda.

Es casi una sutileza, pero el buen gobernante ha de entender que todas sus actuaciones requieren, al menos, de una tenue, dedicada autenticidad formal. Que merezcan fe. En el mundo de las decisiones políticas, hasta una leve sospecha debe evitarse a toda costa, tal y como lo expresó, en célebre sentencia, la Corte Suprema de los Estados Unidos.

Cuando el privilegio desplaza el derecho y la igualdad de oportunidades, es apreciable un resquebrajamiento preocupante en la estructura institucional de la democracia.

Un antiguo filósofo griego aconsejaba, como regla del buen comportamiento ciudadano, lo siguiente: “Aceptar menos de lo que la ley otorga y hacer más de lo que la ley obliga”. Interesante pensamiento para meditar en nuestros días.

  • Comparta este artículo
Opinión

De privilegios y derechos

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota