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El hambre reta a la democracia

Actualizado el 13 de mayo de 2008 a las 12:00 am

 El hambre tiene que ver con el funcionamiento de las instituciones públicas y sociales

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El hambre reta a la democracia

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Las cifras actuales y las proyectadas son espectaculares. Baste mencionar unos datos: el valor de los comestibles básicos en el mercado internacional ha subido en los últimos 18 meses, cerca de un 80 %. Por solo el uso de productos agrícolas para la elaboración de biocombustibles, el precio de los cereales ha aumentado en el último año de forma increíble: trigo, 130%; arroz, 74%; maíz, 53%, y soya, 87%.

No es de extrañar que el secretario general de la ONU, Ban Ki - Moon, haya dicho que la inmediata prioridad de la comunidad internacional es “alimentar a los hambrientos”, y por ello haya urgido a los países a financiar el Programa Mundial de Alimentos. Solo en un país, en Camboya, el creciente precio del arroz ya ha obligado a dejar de proveer del desayuno a 450.000 niños pobres en las escuelas. Y alertó: “Sin un financiamiento total de estos requerimientos de emergencia, corremos otra vez el riesgo de una hambruna generalizada, malnutrición y disturbios sociales en una escala sin precedentes”.

Medidas inmediatas. En practicar una de las clásicas “obras de misericordia” –dar de comer al hambriento– parecen coincidir todos como medida inmediata, aunque difieran en otras decisiones por tomar. ¿Podrá evitarse esa hambruna generalizada que algunos creían ya relegada al ámbito de la ciencia ficción? Algo se está escribiendo al respecto en nuestro país –demasiado poco– y ante un foro potencial sobre este tema vale la pena recordar la riqueza del enfoque de Amartya Sen, el Nobel indio de Economía, así como el de los análisis empíricos que lo avalan. Solo pueden mencionarse unas de sus ideas en un espacio limitado como este.

Quizás su afirmación más importante resulte incómoda: el hambre no está relacionada solo con la producción de alimentos y la expansión de la agricultura, sino también con el funcionamiento de toda la economía. Para entender el problema, no basta tener en cuenta solo la producción y oferta de alimentos.

Y añade algo más llamativo aún: el problema del hambre y las hambrunas tiene que ver “con el funcionamiento de las instituciones políticas y sociales que pueden influir directa o indirectamente en la capacidad de los individuos para adquirir alimentos y para gozar de salud y alimentarse”.

Papel del Estado. De hecho, el mercado por importante papel que desempeñe, no puede resolver este tipo de problemas, dada la interdependencia de variables económicas, políticas y sociales que determinan la incidencia del hambre en nuestro mundo. De esta visión Sen deduce la importancia del papel del Estado y de instituciones económicas y sociales en la construcción de soluciones. Hay dos que destaca en particular: los partidos políticos y los medios de comunicación realmente libres e independientes, por lo que pueden contribuir a un debate público bien fundamentado.

Sen habla de eliminar el distanciamiento de gobernantes y políticos y los gobernados, como factor importante en la prevención de las hambrunas. Las percepciones y las interpretaciones que acompañan al ejercicio del poder y de la autoridad pueden condicionar el tratamiento del problema y la posibilidad de atacarlo, como lo ilustra con dos ejemplos históricos. Churchill, ante la hambruna de Bengala de 1943 –última padecida por la India–, dijo que se debía a la tendencia de los nativos “a criar como conejos”. Y, Treveylan, director del Tesoro británico durante la gran hambruna de Irlanda en el siglo XIX, lo atribuyó en parte al “escaso arte culinario de las irlandesas” que “apenas sabían algo más que cocer una patata”. Típicos casos de culpabilización de las víctimas, desde una cómoda posición social.

La verdadera democracia propaga las consecuencias de la hambrunas a los grupos gobernantes y a líderes políticos y les impide distanciarse del problema, sea cual sea su nivel económico y social. Y la auténtica libertad de prensa y de información ayuda a sacar a luz hechos que pueden resultar embarazosos para las políticas económicas del Gobierno. De ahí la firme convicción de Amartya Sen de que “una prensa libre y una oposición política activas constituyen el mejor sistema de alerta inmediata que puede tener un país amenazado con hambrunas”. Pareciera que ese mecanismo de alarma apenas está empezando a sonar con timidez en Centroamérica.

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