Opinión

Página Quince

La guerra del narco

Actualizado el 12 de junio de 2008 a las 12:00 am

 Costa Rica necesita una reforma del Estado y una base ciudadana que le dé sustento

Opinión

La guerra del narco

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

El narcotráfico se ha convertido en América Latina en una fuerza económica de gran envergadura cuya influencia social y política es cada vez más destacada. Posee espacios territoriales de operación con respaldo social y cuenta de armamento moderno, que utiliza eficientemente cuando las fuerzas de seguridad del Estado penetran en ellos.

En México enfrenta a la policía y al ejército con armamento sofisticado y realiza degollinas de soldados para aterrorizar y desalentar la acción de las fuerzas represivas dentro de sus santuarios. En Brasil dirigen desde las cárceles el trasiego y distribución de la droga, así como las acciones de apoyo logístico en las favelas, al mismo tiempo que penetran los partidos políticos existentes e incluso inscriben partidos propios para defender sus intereses; y en Colombia, para no entrar en el pequeño detalle de Centroamérica, han penetrado todas las fuerzas políticas: desde las guerrillas de ex izquierda y las llamadas fuerzas de autodefensa de derecha, incluyendo las instancias gubernamentales y el Ejército.

Una verdadera transnacional. Se trata de un gran poder económico regional, de una verdadera transnacional con influencia mundial. No requiere del apoyo del Estado y ha demostrado capacidad de crecer en la confrontación con las fuerzas represivas; tiene una gran capacidad de organización e innovación. Puede utilizar la más alta tecnología en el cultivo, procesado, transporte y comercialización de la coca. Ha introducido la heroína en nuestro continente y desarrollado tecnológicamente su procesado, compitiendo exitosamente con Afganistán, su país de origen.

A pesar de ser, todavía, organizaciones corporativas que rivalizan entre sí por el control territorial, tienen ya una institucionalidad altamente eficiente y expandida por toda la región. Se trata del sicariato que les garantiza celeridad y seguridad en sus tratos. Gozan de una base social que se fortalece por la creciente exclusión y social y la distribución desigual de los ingresos.

En otras palabras, no se trata de una banda de delincuentes más que pueden ser reducidos por el aparato represivo, sino de una potente fuerza económica social y política que ha tomado posiciones estratégicas.

Se trata de un actor protagónico del sistema que se incuba en la exclusión social y se alimenta de la corrupción generalizada. De una fuerza que florece en el funcionamiento obsoleto de los Estados latinoamericanos; de una nueva burguesía que aspira a ser clase dirigente de nuestro subcontinente y que solo puede ser enfrentada por un nuevo proyecto político regional que reduzca progresivamente la exclusión social y eleve el umbral de ciudadanía de la población.

Reformar el Estado. Se trata de crear una institucionalidad descentralizada, de ciudadanos en vez del clientelismo que ha prevalecido en nuestros países. Una nueva institucionalidad que se sustente en la participación efectiva y no solo formal de la población en las regiones y comunidades. Para esto hay que reformar el Estado, pero esta no es una tarea solo de cambiar la Constitución o de más leyes y decretos, como lo ha demostrado la práctica en Guatemala o El Salvador después de los planes de Paz. Ninguna institucionalidad, por avanzada que sea, se mantendrá si paralelamente no se genera una sólida base ciudadana que le dé sustento.

Pero, ¿está preparada América Latina para esta tarea? Por lo menos no su clase política, que se encuentra fijada en gran medida en el pasado, o esperando milagros de los tratados de libre comercio o de las recetas del socialismo burocrático.

Existe un gran temor por parte de la clase política a reformar nuestras sociedades e instituciones por miedo a perder las estructuras de poder clientelista. Prevalece, de hecho, el lema “ande yo caliente muérase la gente” y se apuesta todo a los cambios que puede aportar la “camisa de fuerza externa” o TLC recomendada por Oppenheimer en sus Cuentos chinos . Más recientemente, se ha apostado a la represión, pero en ese terreno el narco ha evidenciado tener ventajas.

Se requiere de una visión política, que articule las transformaciones sociales e institucionales a mediano y largo plazo, que integren el haz de voluntades individuales en un gran proyecto de esperanza e integración activa de América Latina a la construcción de un nuevo orden internacional. ¿Lo haremos?

  • Comparta este artículo
Opinión

La guerra del narco

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota