24 agosto, 2016

Frecuentemente se escuchan diversos comentarios sobre la situación del país, fundamentados en hechos reales que revelan estancamiento y retroceso en ciertas áreas económicas y sociales.

En efecto, el crecimiento de la producción está por debajo de su potencial a largo plazo, la inversión en infraestructura marcha muy lenta, el desempleo abierto se mantiene en porcentajes cercanos al 10% –si bien bastante más en la población joven en edad de trabajar–, la pobreza no baja del 20% por años y la distribución del ingreso sufre deterioro cada día.

En fin, varias cosas no parecen funcionar bien y el desarrollo del país va lento, teniendo condiciones para más. Algunos añoramos la buena gobernanza del pasado y hasta los planes quinquenales y de más largo plazo del Ministerio de Planificación, épocas en la que se notaban los esfuerzos de los gobiernos por hacer obra pública y ejecutar proyectos estratégicos en diversos campos.

Con justa razón se buscan culpables de la situación. Ahí es donde tenemos que ubicarnos y evitar caer en la desesperación de exigir a unas cuantas instituciones que hagan lo que corresponde a otras. Tal es el caso del Banco Central, al que recientemente se le ha cuestionado por no hacer lo que por ley orgánica no le corresponde directamente: promover el crecimiento, disminuir el desempleo y mejorar la distribución del ingreso. A esto es a lo que me voy a referir.

Funciones. La estabilidad de precios constituye hoy el principal objetivo de política monetaria de la mayoría de los bancos centrales, para lo cual su herramienta principal es el manejo de la tasa de interés de las operaciones que llevan a cabo.

Esta función es trascendental y se basa en la evidencia de que la alta inflación afecta el poder de compra de la población, dificulta el cálculo económico y es funesta para el crecimiento y la distribución del ingreso.

La política de tipo de cambio también es importante pero, por lo general, es subsidiaria a la meta de inflación para evitar conflictos.

En general, aparte del control de precios, los bancos centrales tienen otras funciones normativas, tales como: velar por el buen funcionamiento de los sistemas de pagos internos y externos, realizar operaciones de mercado abierto, emitir billetes y monedas, custodiar las reservas de divisas y vigilar la liquidez y solvencia del sistema bancario nacional para asegurar el fortalecimiento del ahorro nacional.

Además, tienen una tarea muy complicada, que incluso puede crear contradicciones en la política monetaria, cual es la de mantener la estabilidad y la eficiencia del sistema de intermediación financiera y de los precios de los activos financieros, con el fin de evitar los riesgos sistémicos y las burbujas, tarea que deben realizar junto con otras entidades supervisoras y reguladoras.

También, los bancos centrales elaboran diversas estadísticas relacionadas con sus funciones, como las cuentas monetarias, la balanza de pagos y las cuentas nacionales, caso de Costa Rica.

Estas estadísticas indican a los bancos centrales por dónde va la procesión, de modo que puedan detectar a tiempo las presiones de demanda interna por encima del potencial productivo (exceso de oferta de dinero) y los desequilibrios en las cuentas externas, para eliminar situaciones en las que el control de la inflación interfiera con otros objetivos de política económica y social.

Conclusión. Queda claro que un banco central, con las pocas herramientas de que dispone, no puede controlar en forma directa todas las variables de una economía, sino solo una de ellas, precisamente aquella que tiene que ver con la estabilidad de los precios, su principal función.

No es posible alcanzar múltiples objetivos con esencialmente un solo instrumento (la tasa de interés de política monetaria).

En todo caso, a largo plazo la política monetaria solo tiene influencia sobre variables nominales, no sobre variables reales. A otras instancias, organismos e instituciones del Estado, les corresponde adoptar políticas y acciones que favorezcan directamente el empleo, la distribución del ingreso, la productividad, el crecimiento y, en última instancia, el desarrollo económico. Zapatero a tus zapatos.

El autor es economista.