Por: Fernando Durán Ayanegui 12 julio, 2014

La noticia de que las autoridades nicaragüenses han decidido ir adelante con el proyecto de construcción de un canal interocéanico a través de su país, parece haber sido recibida, en Costa Rica y en Panamá, si no con indiferencia, con una actitud que oscila entre la incredulidad y el menosprecio. Se argumenta que, por una diversidad de motivos, Nicaragua no está en condiciones de ejecutar un empeño de tal envergadura, tanto técnica como financiera, y se hace especial énfasis en el hecho de que el socio en el proyecto no es el Gobierno de China, sino Wang Jing, un millonario chino misterioso e irrelevante, a quien no se le reconoce capacidad para convocar a los inversionistas que podrían financiar la obra. Ahora bien, asegurar que, como el Gobierno de la gran potencia asiática no participa en el juego, la construcción del canal de Nicaragua es imposible, equivale a afirmar que, si llega a participar, el proyecto pasará a ser realizable.

Por supuesto, no está a nuestro alcance adivinar en qué consiste el telón de fondo de este tinglado. ¿Se trata de una farsa sandinista, de una movida geopolítica del régimen chino o de ambas cosas? En cualquier caso, ¿qué pitos toca en esto un tal Wang Jing que podría ser menos real que Ronald McDonald? Se nos ocurre que, en la de menos, lo que tenemos en frente es la repetición, en versión china, de un libreto europeo –concretamente británico– del siglo XIX, en el que ahora el millonario Wang desempeña, al menos en parte, el papel de testaferro del Imperio protagonizado en su oportunidad por Cecil J. Rhodes, colonialista inglés cuyas andanzas políticas y financieras, realizadas a título privado, fueron de tal magnitud que habrían sido imposibles, si detrás de él no hubiera estado el Gobierno británico.

En la década de 1880, a la cabeza de una empresa privada –la British South Africa Company (BSAC)–, Rhodes obtuvo concesiones mineras de varios reyezuelos de una región que luego pasó a llamarse Rhodesia. Incidentalmente, uno de aquellos reyezuelos llevaba el curioso nombre de Lewanika. Rhodes murió en 1902. En 1923, la parte sur de Rhodesia se incorporaría como colonia al Imperio británico bajo el nombre de South Rhodesia y es en la actualidad la República de Zimbabwe. Como es de suponer, la colonización bajo la BSAC y bajo la Oficina Colonial Británica estuvo caracterizada por un estado de racismo, represión cultural y expoliación. Esto nos lleva a temer por la suerte de los pueblos aborígenes del este de Nicaragua, que podría ser mucho peor que la de los aborígenes costarricenses de Salitral, tal vez otra historia de testaferros.

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