Opinión

La voz de Europa

Actualizado el 14 de julio de 2014 a las 12:00 am

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En el articulo de opinión “Las voces del descontento”, publicado el pasado 21 de junio, Velia Govaere argumenta que la Unión Europea (UE) está enferma. Me referiré a algunos de los supuestos síntomas.

Participación electoral. Las recientes elecciones del Parlamento Europeo deben analizarse más en profundidad. En el artículo de marras se omite mencionar que el 43,1% de participación de un padrón de 380 millones de electores representa una tarea titánica de organización, por demás compleja. Si lo comparamos con el sufragio en los Estados Unidos, con un 58,2% de participación respecto a 119 millones de electores, no encontramos en ningún análisis referencias a una crisis en el sistema o en la representatividad del voto en la democracia norteamericana.

Es más, en la India, la mayor democracia del planeta con un padrón electoral que ronda los 819 millones de votantes, la participación llegó al 66% en la última elección, siendo un récord tanto en la logística como en la participación. La población electoral de Costa Rica, –de poco más de tres millones– eligió a su último presidente con menos del 50% del padrón total. Al igual que en Estados Unidos, en Costa Rica se habla del fortísimo apoyo recibido para el nuevo mandatario, por demás un récord histórico de apoyo ciudadano.

Confianza en la Unión Europea. No se puede mezclar peras con mangos; si bien ambas son frutas, debe haber un vínculo explicativo entre ellas antes de hacer una relación de causa y efecto, pues de lo contrario estaríamos confundiendo al lector y tergiversando las realidades. Esto ocurre al querer relacionar el porcentaje de votación del parlamento con el Eurobarómetro, que mide la confianza de los ciudadanos europeos en sus instituciones.

Según el Eurobarómetro, en el 2004 la confianza en las instituciones de la UE rondaba un 50%, en los parlamentos nacionales un 38% y en los gobiernos nacionales un 34%. En setiembre de 2008, a un año de iniciada la etapa visible de la crisis, la confianza en la UE se mantenía en un 50%, en los parlamentos nacionales en 34%, y en los gobiernos nacionales en 32%.

Es en los periodos 2012-2013 cuando el porcentaje de confianza de la UE se comienza a aproximar más a los porcentajes de los parlamentos y gobiernos nacionales (31%, 25% y 23% respectivamente); sin embargo, se conserva una máxima en la última década: el ciudadano europeo sigue confiando más en la institucionalidad de la UE que en su propio parlamento y gobierno nacionales.

Alternativa que muchos quieren. El origen de crisis en Ucrania tiene su detonante en el 2012, con las primeras manifestaciones en la plaza de la independencia de Kiev, donde cientos de miles de ciudadanos se reunían a presionar al entonces presidente Yanukóvich para que retomase las negociaciones de adhesión a la UE.

No cabe hablar de la UE, como indica Govaere, en términos de “aquel sentido de pertenencia a una patria grande ”, ya que confunde al lector con un término que es propio del caudillismo latinoamericano del siglo XIX y XX –y algunos intentos del presente–. Esa mentalidad nunca existió desde los tiempos de Schumann y Monnet hasta nuestros días, y desmerece, por lo tanto, una historia marcada por tratados y numerosa jurisprudencia, en la que el ciudadano ha tenido voz y voto, ha decidido sobre su moneda, ha decidido darle primacía a la norma europea sobre la nacional, ha depositado cada vez más su confianza en la seguridad y la política exterior común, al tiempo que cada Estado sigue conservado su esencia soberana.

Insatisfacción. ¿Cómo no encontrar malestar e insatisfacción en medio de una crisis? Es igual a encontrar alegría y desenfado en la bonanza.

Por otra parte, reducir los males de las recientes crisis –primero estadounidense y luego europea– a la acción del Estado-nación es querer ver el mundo del siglo XXI con lentes del siglo XIX. Cabe recordar que su origen obedece más a las externalidades negativas de los mercados financiero-bursátiles que operan en niveles adyacentes y poco o nada supervisados por la institucionalidad.

No es hasta enero de este año (31 años después) que la Unión Europea logra la llamada Directiva sobre Mercados de Instrumentos Financieros (Mifid, por sus siglas en inglés) y que corresponde a una remodelación general de la regulación financiera europea y supone, en parte, una respuesta política a los temores de que la especulación financiera provoque nuevas crisis.

Endeudamiento. Se le quiere achacar a Alemania una posición de acreedora total de la UE. Eso es falso. La relación de los 28 es de socios. Hay que entenderlo así: es una zona dinámica, competitiva y profundamente interconectada por socios regionales y extrazona, como Costa Rica y Centroamérica.

Según el Instituto de la Economía Alemana de Colonia (IW), si las exportaciones alemanas aumentan un 10%, las exportaciones de insumos de los socios europeos de Alemania crecen un nueve por ciento. A todos les preocupan los déficit tanto como los superávit. ¿Qué hacer con los superávit? Es un tema más complejo que la fabula de tigre suelto y burro amarrado. Zhang Danhong, al explicar la relación de simbiosis entre Estados Unidos y China, nos da una pista de lo que en un principio nos parecería la simplista relación de acreedor y deudor. Nos dice Zhang que, mientras los chinos han producido y exportado durante las últimas dos décadas, los estadounidenses han comprado la mayoría de los productos chinos con el dinero que previamente reciben de China, vía compra de los bonos del tesoro. Sin embargo, en esta lógica los estadounidenses han consumido a crédito, mientras que los chinos estaban celebrando un auge exportador y ahora tienen un montón de bonos del gobierno de Estados Unidos, “cuyo valor se está derritiendo”. De la misma forma, parte del superávit de Alemania se invierte en bonos de los países endeudados, cuya satisfacción es incierta, apunta Zhang.

Pobreza y desempleo. La tasa de paro en la eurozona es del 10,4%, con datos a abril de 2014, según Eurostat. No se puede negar que el paro en los países afectados por la crisis es grave, pero sería aún más sin la posibilidad de una mano de obra que se pueda movilizar por otros 27 Estados. De nuevo, la situación es compleja y cada Estado miembro tiene sus bemoles.

Govaere señala que “hasta en Alemania, millones buscan bancos de alimentos para poder subsistir ”. Es lamentable que personas deban asistir a bancos de alimentos ante la necesitan o impotencia de no tener otra opción. Según la misma Federación de Bancos de Alimentos de Alemania, los más de 850 bancos de alimentos y sus 40.000 mil voluntarios distribuyen alimentos a poco más de un millón de personas en Alemania, o lo que es lo mismo, 1,2% de la población. Preocupante, sí. Tan grave como lo señala Govaere, no lo creo.

Sin duda, un árbol que cae hace más ruido que un bosque que crece. Las voces de lo primero es lo que escuchan muchos.

Frank Salazar Chacón, candidato a doctor en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense.

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