Opinión

El voto protesta

Actualizado el 15 de enero de 2014 a las 12:00 am

Debemoscuidar ydefender lademocracia

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Nuestra democracia es el bien más preciado que tenemos, y, por eso, debemos cuidarla y defenderla con celo. Cada cuatro años los costarricenses gozamos de un privilegio que muchos países del mundo envidian y admiran, cual es la forma pacífica, honesta y limpia mediante la cual depositamos los votos en las urnas para elegir a nuestros gobernantes.

Aun cuando nos sintamos defraudados con la actitud demostrada por un puñado de políticos, empleados públicos y empresarios que no tienen escrúpulos para malversar y drenar las arcas del Estado, esto no debe ser motivo para abstenerse de participar en las elecciones o, peor aún, mediante el voto protesta entregarle las riendas del país a un partido político cuya ideología va en contra de nuestros principios e idiosincrasia.

Sin eufemismos. La coyuntura actual no admite eufemismos, las cosas deben llamarse por su nombre y la realidad pura y dura es que todos los candidatos con alguna posibilidad de ganar las elecciones, a excepción de uno, el del Frente Amplio (FA), tienen un común denominador: son amantes y creyentes en el sistema democrático.

Altos dirigentes del FA han declarado públicamente a voz en cuello, aunque ahora traten inútilmente de negarlo, que son los auténticos herederos del Partido Comunista Costarricense, y se autodenominan admiradores del socialismo bolivariano del siglo XXI. En la carta de condolencias enviada por el FA, tras la muerte del entonces presidente Hugo Chávez, expresan la simpatía que tienen con la revolución. El cuarto párrafo de la carta se lee textualmente así: “Estaremos siempre solidarios con el proceso revolucionario bolivariano y con su continuidad garantizada por nuestros hermanos y hermanas del Partido Socialista Unido de Venezuela”.

A los comunistas no se les puede creer ni cuando dicen la verdad. Utilizan la infraestructura y el lenguaje de la democracia para cautivar al electorado, endulzándole los oídos con constantes referencias a la importancia de promover las libertades y derechos individuales, la libertad de expresión y de prensa, la seguridad jurídica, y honrar los mandatos de la Constitución. Una vez en el poder, hacen todo lo contrario y, lamentablemente, en Latinoamérica sobran los ejemplos.

Populista y estatista. El plan de gobierno del FA es populista, estatista y regulador. Las políticas que pretende implementar son las mismas que han demostrado ser funestas en Argentina y Venezuela, que, dicho sea de paso, este año cerró números con un 56% de inflación. La nacionalización y la expropiación son el detonante para ahuyentar la inversión extranjera y desatar la fuga de capital. El FA pretenden devolver el mercado de la electricidad al ICE, derogando o “revisando” la ley de cogeneración, y retornar a la telefonía e Internet móvil el carácter de servicio público, lo cual equivale a dar marcha atrás en la apertura telefónica.

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También pretenden fortalecer Japdeva y frenar la inversión privada en instalaciones portuarias, lo cual representaría una violación a la institucionalidad jurídica para el proyecto de ATM Terminals, que ya ha pasado por el calvario de tramitar todos los permisos, y tendría que frenarse una inversión de $1.000 millones que tanto necesita el sector exportador y la sociedad limonense.

En cuanto a expropiaciones, hacen referencia a términos tan trasnochados como la concentración de tierras en grandes latifundios. En Costa Rica, solo el 20% del territorio es apto para la ganadería o la agricultura, y no hay tierras ociosas, por lo que se podría intuir que se pretenden expropiar fincas sembradas de caña, melón, piña, banano que ya están dándole un uso apropiado a la tierra y están generando riqueza.

Control de precios. Por otra parte, la política de control de precios va, para comenzar, enfilada a controlar los precios de los alquileres, las medicinas, alimentos esenciales, productos de la canasta básica y matrícula de las universidades privadas. Luego, como ya ha pasado en Venezuela, les ponen precios antojadizos a los televisores, los carros y hasta el papel higiénico. Estas medidas conllevan irremediablemente a la escasez de productos, al punto que en Venezuela el papel higiénico es un artículo de lujo y conseguirlo es una proeza.

Las propuestas populistas del FA tienen que ver con reformas que atentan contra las finanzas públicas y pretenden congraciarse con los sindicatos, como lo son la ruptura del tope de cesantía, ampliar a seis meses la licencia por maternidad, consolidar una licencia por paternidad y rebajar a 175 los días lectivos. Vale la pena traer a la memoria que Villalta es enemigo del solidarismo. Cuando en el 2011 se votó en tercer debate la incorporación del solidarismo a la carta magna, la votación resultó en 47 votos a favor y un único voto en contra, el de Villalta.

Disyuntiva. En estas elecciones nos hallamos ante la disyuntiva de seguir por el rumbo de la democracia, que tanto progreso y desarrollo nos ha procurado, o aventurarnos a un sistema izquierdista que también termina coartando las libertades individuales y haciendo ricos a los gobernantes, y pobres, al resto de los ciudadanos.

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