Opinión

¡Que vivan los estudiantes!

Actualizado el 16 de julio de 2014 a las 12:00 am

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¡Que vivan los estudiantes!

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La cantautora argentina Mercedes Sosa inmortalizó una hermosa canción, Me gustan los estudiantes , en la que dice: “¡Que vivan los estudiantes!”. Hoy que vengo de participar de un voluntariado en la comunidad de Jerusalén de Sarapiquí, junto a algunos de mis alumnos de la Escuela de Administración de la Universidad Nacional (UNA), resuena en mis oídos esa hermosa canción que he escuchado desde mis tiempos mozos.

Altruismo y solidaridad. El académico y economista Bernardo Kliksberg, auspiciador del voluntariado en todo el mundo, ha denominado a este movimiento “Fuerza Bendita”. El voluntariado no es exclusivamente estudiantil, pero a fe mía que los estudiantes en todo el mundo constituyen un componente fundamental de ese extraordinario movimiento humano de altruismo y solidaridad social.

Siendo un joven estudiante de la Universidad de Costa Rica (UCR) en la década de los años setenta, participé como voluntario en la modalidad creada por la Federación de Estudiantes de la Universidad de Costa Rica (Feucr), que entonces denominábamos “campos de trabajo”. Fueron experiencias inolvidables, vitales en mi formación profesional, creo yo. Imposible olvidar a los niños y niñas, a las mujeres y hombres campesinos de Chambacú, de Coopesilencio, de La Vaca y La Vaquita, de Sabalito.

Cuando se revisan los números del aporte que representa el voluntariado a escala mundial, resultan impresionantes: dice Kliksberg que este movimiento aporta el 5% del producto bruto en los países más desarrollados. Por su magnitud, los voluntarios son la sétima economía del mundo. Según Naciones Unidas, 640 millones de personas son voluntarias en todo el planeta, y un porcentaje muy alto de esa fuerza humana está constituida por estudiantes.

Voluntariado estudiantil. Las universidades estatales en Costa Rica auspician el voluntariado estudiantil y en el caso de la UNA, donde laboro, este programa está adscrito a la Vicerrectoría de Vida Estudiantil. Sé que, entre otras experiencias, el estudiantado se ha desplazado a diversas playas costarricenses, en una labor de limpieza que educa y los educa a un tiempo.

En Jerusalén de Sarapiquí, fueron los propios estudiantes los que planificaron la labor a lo largo de todo un semestre. Bajo mi responsabilidad, visitaron la comunidad en varias ocasiones y, finalmente, se desplazaron hasta allí y permanecieron en el lugar por un lapso de cinco días. Allí durmieron en casas campesinas, trabajaron y compartieron con aquellas mujeres y hombres que laboran la tierra por igual, en condiciones verdaderamente adversas.

Los estudiantes conocieron una parte de la Costa Rica que no se atisba a primera vista, la tocaron con sus propias manos, la vieron y vivieron con verdadera fruición e interés. Ya nada podrá ser igual en su visión del mundo para la juventud estudiantil que participó del voluntariado en Jerusalén de Sarapiquí, pero tampoco para las mujeres y hombres trabajadores del campo que los recibieron con el corazón abierto y los despidieron con lágrimas en los ojos.

Fuerza colosal. Estoy seguro de que semejantes sentimientos habrá experimentado la muchachada que tantas veces nos ha abordado en las calles, aproximándose hasta nuestros vehículos en procura de “un rojo por un techo para mi país”. En toda América Latina está plantada la lucha contra la miseria extrema y la desigualdad social. El estudiantado, en particular el universitario, con su conocimiento “cuasi” profesional, puede convertirse en una fuerza colosal mediante el trabajo voluntario para abatir los índices de pobreza extrema e inequidad.

El desafío está planteado.

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