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Lo que el viento no se llevó

Actualizado el 26 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

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Se han cumplido recientemente 66 años desde aquel histórico momento en que se disolvió el Ejército nacional, dejando para la custodia del país únicamente un modesto grupo de policías sin coroneles ni generales. Posiblemente seamos el único país del mundo que no tiene ejército.

Antes del 48, el Ejército había servido para mantener en el poder a un grupo político elegido mediante fraudes electorales en 1944, y que pretendía mantenerse allí con más fraudes en las elecciones de 1948.

Un grupo de muchachos, al mando de José Figueres, se atrevió a iniciar un movimiento revolucionario tomando la ciudad de San Isidro de Pérez Zeledón. El Gobierno mandó una tropa armada para sofocar el movimiento, pero, en ese primer encuentro con los rebeldes, salió derrotado.

Líderes revolucionarios del Caribe, que guardaban armas para derrocar las dictaduras de sus países, las prestaron a los revolucionarios costarricenses y, así, comenzó la lucha en serio, tomando los rebeldes las ciudades de Cartago y Limón al mismo tiempo. Días después, las tropas rebeldes ya habían tomado el Alto de Ochomogo y se preparaban para hacer lo mismo con la ciudad de San José.

El presidente Teodoro Picado, angustiado por la situación, mandó a llamar a Manuel Mora, jefe del Partido Comunista, que peleaba a favor del Gobierno, para que buscara algún arreglo con los revolucionarios, pues no quería ver más sangre derramada.

Manuel Mora, con la ayuda del embajador de México, interesado en ayudar al país a resolver el problema, logró hacer contacto con el padre Benjamín Núñez, quien era el capellán de los revolucionarios, y entre ambos planearon un encuentro entre José Figueres y Manuel Mora en las faldas del cerro de Ochomogo.

De ese encuentro salió el acuerdo de entregar el Gobierno a una junta revolucionaria, siempre que se respetaran las conquistas sociales del Código de Trabajo y el Seguro Social.

Esta junta revolucionaria quedó integrada por Bruce Masís, presbítero Benjamín Núñez, doctor Raúl Blanco Cervantes, Uladislao Gámez, Gonzalo Facio, Edgar Cardona, Francisco Orlich, Fernando Valverde, Alberto Martén y Benjamín Odio. La junta quedó bajo la presidencia de José Figueres Ferrer y se hizo cargo del Gobierno a partir del 8 de mayo de 1948.

Algo quedaba por resolver: el pueblo de Costa Rica había elegido presidente a Otilio Ulate para el período 1948-1952. En conversaciones posteriores, Figueres y Ulate quedaron de acuerdo en que la Junta de Gobierno gobernaría por un año y medio y, luego, entregaría el poder a Ulate para que gobernara durante los siguientes cuatro años.

La Junta Fundadora de la Segunda República gobernó desde el 8 de mayo de 1948 hasta el 8 de noviembre de 1949, y durante su periodo se nacionalizaron los bancos y se creó el Instituto Costarricense de Electricidad para que se encargara del desarrollo eléctrico de todo el país.

También se realizaron elecciones para elegir una Asamblea Constituyente que redactara una nueva carta constitucional. En esta nueva Constitución se le otorga a la mujer el derecho a votar y postularse a cargos de elección popular. Eso no existía antes del 48.

Gracias a la nueva Constitución, las instituciones autónomas se fortalecieron y en el país no se volvió a elegir a ningún presidente mediante fraudes electorales.

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