Opinión

La victoria de China en Ucrania

Actualizado el 12 de agosto de 2014 a las 12:00 am

Opinión

La victoria de China en Ucrania

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

MOSCÚ – Durante una generación, las relaciones entre Estados Unidos (EE. UU.) y Rusia se circunscribieron esencialmente a la esfera histórica. Desde el fin de la Guerra Fría, Rusia, ante los ojos de EE. UU. y de gran parte del resto del mundo, se volvió una nación cada vez más periférica, es decir, su importancia y su poder internacional se encontraban, aparentemente, relegados al pasado. Hoy en día, dichos tiempos han terminado.

Sin duda, el actual conflicto entre EE. UU. y Rusia sobre Ucrania es desigual, dada la disparidad de poder entre las dos partes. Rusia no es, y ni siquiera puede pretender serlo, un competidor por el dominio del mundo. A diferencia de la Unión Soviética, Rusia no se encuentra impulsada por algún tipo de ideología universal, no lidera un bloque de Estados gobernados por la misma ideología, y tiene pocos aliados formales (y todos ellos son pequeños). No obstante, el conflicto entre Estados Unidos y Rusia sí es de importancia para el resto del mundo.

Obviamente, este conflicto es de la más alta importante para Ucrania, cuyo territorio, en parte, se ha convertido en un campo de batalla. El futuro del país más grande de Europa –su forma, su orden político y sus relaciones exteriores– depende mucho de cómo se desarrolla la pugna entre Estados Unidos y Rusia.

Es muy posible que Ucrania se torne en genuinamente democrática, se articule internamente y se vincule de manera firme con instituciones europeas y atlánticas, es decir, que sea generosamente ayudada por estas instituciones y prospere como resultado de ello, y se convierta en un ejemplo a seguir para los rusos que viven al otro lado de la frontera. También puede ser que, al final de cuentas, emerjan muchas ucranias y partan en distintas direcciones.

El destino de Ucrania, a su vez, es importante para los demás países de Europa del Este, sobre todo para Moldavia y Georgia. Ambos países, al igual que Ucrania, han firmado acuerdos de asociación con la Unión Europea, y ambos deberán caminar balanceándose sobre una cuerda muy delgada para evitar convertirse en Estados disputados por Rusia y Occidente. Del mismo modo, los socios nominales de Rusia en su proyecto para la creación de una Unión Euroasiática –Armenia, Bielorrusia, Kazajstán y Kirguizistán– tendrán que equilibrar cuidadosamente entre Rusia, su nominal aliado “estratégico”, y EE. UU., país que tiene las llaves del sistema político y económico internacional.

Lo que sucede a Ucrania también concierne a Europa Occidental y Central. La seguridad militar de Europa ya no puede darse por sentada, a pesar de que una confrontación militar permanente sin armas entre Europa y Rusia, a lo largo de la frontera oriental de la OTAN, se vería muy pálida en comparación con la que tuvo lugar durante la Guerra Fría entre Europa y los países del Pacto de Varsovia.

Y, a medida que las preocupaciones de seguridad en el continente vayan en aumento, el comercio entre la Unión Europea y Rusia declinará. Como resultado de la presión de EE. UU., la UE, con el transcurso del tiempo, comprará menos gas y petróleo de Rusia, y los rusos comprarán menos bienes manufacturados de sus vecinos europeos. La desconfianza entre Rusia y Europa permeará hasta tornarse en dominante. Como resultado, se enterrará en el olvido la idea de un espacio común que se extienda desde Lisboa hasta Vladivostok. En lugar de ello, la UE y EE. UU. se alinearán aún más estrechamente, tanto dentro de una OTAN revitalizada como por medio de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión.

Japón tiene también intereses en juego: su decisión de unirse a las sanciones lideradas por Estados Unidos contra Rusia significa renunciar a sus planes de construir una relación sólida con el Kremlin para equilibrar a China en Asia. La alianza Estados Unidos-Japón se reafirmará, al igual que la posición de Japón en esa alianza. De una forma un tanto similar, Corea del Sur tendrá que inclinarse y ceder ante las exigencias estadounidenses en cuanto a limitar su comercio con Rusia, lo que potencialmente podría provocar una postura menos cooperativa del Kremlin en la dividida península Coreana.

Como resultado, el conflicto Estados Unidos-Rusia probablemente conducirá a un fortalecimiento de la posición de Estados Unidos frente a sus aliados europeos y asiáticos, y un ambiente mucho menos amistoso para Rusia en cualquier parte de Eurasia. Incluso, los aliados nominales de Rusia deberán andar con cuidado con respecto a EE. UU., y las incursiones hacia dentro de América Latina y los enclaves de influencia en Oriente Medio de estos aliados revestirán poca importancia.

Solamente existe una excepción frente a este patrón de mayor influencia de EE.UU.: China. La fuerte reducción de las relaciones económicas de Rusia con los países avanzados deja a China como la única gran economía fuera del régimen de sanciones liderado por Estados Unidos. Esto incrementa la importancia que tiene China para Rusia, y promete facilitar a los chinos un acceso más amplio a la energía, recursos naturales y tecnología militar de los rusos.

China va a estudiar la estrategia de EE. UU. hacia Rusia y sacará sus propias conclusiones. Sin embargo, China no tiene interés en que Rusia sucumba ante la presión de EE.UU., llegue a desintegrarse como nación o se convierta en una potencia mundial. Los intereses de China se dirigen a mantener a Rusia como su zona de influencia estratégica estable y una base proveedora de recursos naturales.

El apoyo de China a Rusia para que le haga frente a EE. UU. sería una novedad en la esfera de los asuntos internacionales. Muchos no lo ven como un escenario realista. Rusia, después de todo, hallaría una alianza con China demasiado pesada de sobrellevar, y, sea cual sea su ideología o quiénes sean sus líderes, los rusos siguen siendo europeos.

Eso puede ser cierto. Sin embargo, también es cierto que uno de los héroes rusos más venerados de la historia medieval, Prince St. Alexander Nevsky, luchó exitosamente contra los invasores occidentales sin dejar de mantenerse fiel a los kanes mongoles.

No queda ninguna interrogante sobre que Rusia pagará un precio por sus acciones en Ucrania. La pregunta para EE .UU. y sus aliados es si exigir un precio por dichas acciones vendrá a costa de un precio propio.

Dmitri Trenin es director del Centro Carnegie de Moscú. © Project Syndicate.

  • Comparta este artículo
Opinión

La victoria de China en Ucrania

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota