14 agosto, 2014

No podemos imaginar hoy en día cómo podríamos llevar a cabo muchas de las tareas que realizamos sin las ventajas que nos ofrece Internet: el correo electrónico, las redes sociales y otras herramientas de democratización social. Cada vez que pensamos en Internet lo vemos como un horizonte sin límites del cual casi a diario podemos obtener múltiples alternativas para trabajo, diversión, interacción con amigos y otras actividades que ponen al alcance de nuestras manos el mundo entero.

Las redes sociales digitales son aplicaciones en línea que nos permiten relacionarnos de maneras muy peculiares con otros sujetos en cualquier parte del mundo. Este fenómeno no tiene más de 30 años, pero en este corto tiempo ha logrado un acelerado avance. Cada día vemos cómo transforma nuestra forma de socializar.

Debido a su acelerado avance y a una escasa legislación, se ha vuelto una costumbre generalizada compartir comentarios, fotografías, videos y otro tipo de información en redes sociales. Quienes reciben dicha información rara vez se cuestionan la veracidad de las publicaciones. En muchos casos, ni siquiera sabemos la fuente de donde se generó la información, y simplemente le damos compartir sin pensar en los perjuicios que nos puede causar esa acción o en los que se les puede causar a las personas implicadas en el hecho que se comparte.

Delitos informáticos. Las redes sociales, entonces, son un vehículo acelerado e idóneo para llevar a cabo delitos. Estos delitos no son nuevos, sino que simplemente se realizan por un medio distinto. Así, encontramos que se pueden cometer delitos contra la libertad (amenazas), contra la intimidad y el derecho a la propia imagen, contra el honor, contra el patrimonio y contra la propiedad intelectual e industrial.

Por más que tratemos de buscar que se elimine contenido de los buscadores o bases de datos, en Internet no existe el olvido. La información que se trata de eliminar siempre se mantendrá en alguna esquina de la Red; muchas veces creemos que la borramos, pero lo que hacemos realmente es solo cubrirla un poco o, simplemente, borrarla de un lado, pero sigue existiendo en línea en otra parte.

Huella imborrable. Si tomamos en cuenta que el contenido no solo puede estar alojado en Internet, sino también en una base de datos que no tenga conexión a la Red, nuestra huella digital es imborrable en su totalidad, pues no podemos ejercer control sobre la velocidad y la cantidad de veces que se comparte la información.

Incluso, ya se ha demostrado que ciertas redes sociales hacen creer a los usuarios que eliminan lo publicado, cuando en realidad siguen almacenando la información en sus servidores. Lo que sucede es que simplemente se hace invisible e inaccesible a los usuarios. Esto mismo ocurre cuando creemos que borramos algún comentario o fotografía en las redes sociales, pero realmente no lo hacemos, solo bloqueamos el acceso o sacamos el contenido de circulación. La foto o el comentario siguen almacenados en alguna base de datos.

La vida online es igual a la vida offline , pero con el agravante de que Internet realmente es una memoria permanente sin control. En Costa Rica, el número de usuarios costarricenses en la red social Facebook ya sobrepasó el millón, y a nivel mundial existen más de 1,4 billones de usuarios de esta red, a través de la cual se comparten diariamente más de 10 billones de mensajes y cerca de 350 millones de fotografías. Hágase, entonces, la siguiente pregunta: si postea una foto o un comentario hoy y los elimina mañana creyendo que los borró de Internet, ¿no cree que alguno de los restantes 1,4 billones de perfiles del mundo guardó esa información sin su permiso con el fin de comprometerlo a usted en cualquier acto lícito o ilícito el día de mañana?

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