Opinión

Las tres vías de Oriente Medio

Actualizado el 21 de julio de 2014 a las 12:00 am

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Las tres vías de Oriente Medio

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LAGUNA BEACH – Durante un reciente viaje a Oriente Medio, me llamó la atención el desfase cada vez mayor entre los países, hasta el punto de que, más que nunca, me marché convencido de que en la actualidad carece de sentido hablar de esa región como de un todo coherente. En lugar de perseguir la convergencia interna, esa importante parte del mundo está ahora siguiendo al menos tres vías, caracterizadas por grandes divergencias que persistirán –y probablemente aumentarán– en años futuros.

En una vía se encuentran países como el Irak, Libia y Siria, que están esforzándose por evitar la espantosa trampa de convertirse en Estados fallidos. Todos ellos comparten la desafortunada probabilidad de que su situación empeore antes de mejorar.

Ese grupo de países se ve cada vez más hundido por una terrible combinación de violencia, fragmentación política, desintegración social e implosión económica. Su capacidad para ponerse en orden es escasa y, en algunos casos, casi inexistente. Lo trágico –y más probable– es que persistirá un sufrimiento tremendo y las oleadas de emigración humana que induce ejercerán una gran presión en los países adyacentes, en particular Jordania y el Líbano.

En el extremo opuesto están países que van de éxito en éxito. Países como los Emiratos Árabes Unidos, ayudados por unos ingresos mayores por petróleo, avanzan a pasos agigantados con programas multifacéticos para diversificar sus motores de crecimiento, fortalecer aún más su capital humano y físico, y reservar recursos financieros todavía más importantes para las generaciones futuras.

Ese grupo de países está registrando un logro tras otro, muchos de los cuales habrían considerado hace muy poco esquivos, si no irrealistas, los observadores exteriores. En ese proceso están creando un impulso aún mayor para el desarrollo, con lo que el próximo conjunto de logros resulta más probable e incluso más importante.

Los beneficios resultantes de los avances de esos países se extienden mucho más allá de sus fronteras. Como importantes importadores de mano de obra regional que son, el resultado de su éxito son unas mayores remesas con destino a las economías carentes de petróleo y, como importantes inversores regionales que también son, sus logros están impulsando grandes corrientes de capitales, además de una considerable ayuda bilateral.

El rumbo fijado por esos dos grupos de países está ya afianzado y no es probable que cambie demasiado a corto plazo. Así las cosas, el desfase ya grande entre ellos seguirá aumentando.

Más incierto es lo que sucederá a los países de Oriente Medio que se encuentran entre esos dos extremos. Al intentar hacer realidad su potencial, países como Argelia, Marruecos y Túnez deben superar muchas dificultades, la mayoría de ellas ya antiguas y algunas nuevas.

Tal vez ningún ejemplo ilustre mejor dichas dificultades que el de Egipto, país cuya experiencia subraya lo que está en juego en esa región. Actualmente, Egipto está abrumado por una desfavorable combinación de crecimiento económico lento, desempleo elevado, desequilibrios fiscales, endebleces institucionales y servicios sociales deficientes, todo ello agravado por un rápido crecimiento demográfico y la pobreza.

Además, las circunstancias exteriores de Egipto son poco favorables y el país ha pasado por un accidentado período político desde que el levantamiento popular del 2011 derrocó al gobierno del presidente Hosni Mubarak, que durante tres decenios había gobernado con puño de hierro. No es de extrañar que la economía esté funcionando muy por debajo de sus posibilidades. El turismo ha sufrido las dramáticas consecuencias resultantes: hoteles con escasas tasas de ocupación y famosos yacimientos históricos medio vacíos. En la agricultura y la industria, la burocracia y la corrupción han acabado con las ventajas comparativas del país, a lo que también han contribuido las alteraciones de los suministros energéticos.

Entre tanto, millones de ciudadanos talentosos de Egipto han participado en un sistema que, durante decenios, ha destacado más por entorpecer que por facilitar los empeños productivos. El sistema tampoco ha satisfecho las legítimas demandas de la población en materia de justicia, democracia, derechos humanos y servicios sociales, en particular los de educación y atención de salud.

Y, sin embargo, después de tantos frustrantes años de funcionamiento deficiente, en El Cairo se reconoce lo que es necesario hacer para cambiar enteramente la situación, a saber: una combinación de amplitud de miras, capacidad de dirección, compromiso y un ambiente más propicio. Pese a los desacuerdos políticos, se están logrando avances en la formulación de un programa de reforma económica que pueda poner en marcha las enormes capacidades del país. Se están adoptando medidas para modernizar un sistema de subvenciones costosas e ineficientes, mejorar las infraestructuras y abordar sus problemas en materia de suministros energéticos. A su aplicación está contribuyendo el importante apoyo que recibe Egipto de otros países –en particular, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos–, además de la participación de nuevo –si bien vacilante aún– del capital privado nacional y extranjero.

Mucho depende de que países como Egipto emprendan reformas económicas, financieras, institucionales, políticas y sociales duraderas, y de que lo hagan en el marco de los avances hacia una democratización, una justicia social y un respeto de los derechos humanos mayores. Sus poblaciones, que figuran entre las mayores de la región y pueden desempeñar un papel importante para asegurar la estabilidad regional, son puertas de entrada a Europa, África y Asia. La vía por la que se interne este último grupo de países influirá en las perspectivas de la región en conjunto.

Mohamed A. El-Erian, asesor económico jefe en Allianz y miembro de su Comité Ejecutivo Internacional, dirige el Consejo de Desarrollo Mundial del presidente Barack Obama, y su libro más reciente es When Markets Collide (Cuando colisionan los mercados). © Project Syndicate.

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