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Sin verdades ni nortes

Actualizado el 03 de junio de 2013 a las 12:00 am

El ministro Castro rehúye a su responsabilidad por la invasión y afectación ambiental de Nicaragua

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Desesperado por enmendar su triste legado en la función pública, el señor René Castro Salazar infamemente busca endilgar culpas en el expresidente Óscar Arias Sánchez en un burdo intento por deshacer la verdad histórica.

En un reciente artículo de desinformación (“Óscar Arias equivoca el Norte”, 30 de mayo del 2013), el señor Castro Salazar rehúye a su responsabilidad por la invasión y afectación ambiental perpetradas por Nicaragua, afirmando que la sentencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) del 13 de julio 2009 “cambió el contexto entre el gobierno Arias y el gobierno Chinchilla respecto a las relaciones con el vecino país de Nicaragua, y más específicamente en lo que se refiere al Río San Juan”.

Tan insostenible es esta burda afirmación que el propio señor Castro Salazar se ve obligado a reconocer en su “artículo” que la sentencia terminó “reafirmando lo que estableció el Cleveland Award de 1888”. En efecto, tal como argumentó con éxito Costa Rica en su momento, la CIJ reafirmó lo establecido desde 1888, sin introducir ningún cambio a los artículos 3(6,7,11) del Laudo Cleveland, rechazando sin más las pretensiones revisionistas de Nicaragua.

Como bien sabe el señor Castro Salazar, la afectación a los intereses nacionales – y dicho sea de paso al territorio nacional–, sobrevino después del cambio de gobierno el 8 de mayo 2010, no antes. Durante la segunda administración Arias Sánchez estuvimos siempre alertas a los designios y despropósitos de Managua, y defendimos nuestros intereses nacionales sin sufrir menoscabo alguno. Nosotros sí entregamos una Costa Rica de 51.100 kilómetros cuadrados, al igual que todos los gobiernos desde 1924.

El cambio de contexto lo abonó nada más y nada menos que el propio señor Castro Salazar, quien cayó en la trampa tendida por Managua mediante vanas promesas de buena vecindad y hermandad. Fue el señor Castro Salazar quien desacreditó, en un viaje improvisado a Managua, la nota de protesta acertadamente enviada el 12 de julio del 2010 por su propio vicecanciller, Carlos Roverssi Rojas, de conformidad con lo que había sido hasta esa fecha una política de Estado.

Más tarde, fue él mismo quien públicamente minimizó los potenciales efectos ambientales del dragado del río San Juan así como la afectación del caudal del río Colorado. Incluso llegó a afirmar, ante una comisión de la Asamblea Legislativa el 8 de setiembre del 2010, que una disminución del 12 por ciento de dicho caudal no representaría una amenaza ambiental.

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Basta con repasar los argumentos presentados por Costa Rica ante la CIJ en el caso  Costa Rica versus Nicaragua para constatar lo inverosímil que es la versión del cambio de contexto supuestamente producido por la sentencia del 13 de julio del 2009 como aduce el señor Castro Salazar.

En un esfuerzo por enmendar los entuertos perpetrados por el señor Castro Salazar, la administración Chinchilla Miranda ha tenido que basarse en notas suscritas por otros –el entonces canciller, Roberto Tovar Faja, el 26 de enero y 5 de mayo 2006, el suscrito el 27 de agosto 2009, y la anteriormente citada nota del vicecanciller Roverssi– a falta de una nota cuerda de parte del señor Castro Salazar.

Nicaragua tiene muy claro cuáles declaraciones y acciones sirven sus nefastos propósitos. Los desatinos y despropósitos del señor Castro Salazar constituyen parte importante de las “evidencias” presentadas por Nicaragua ante la CIJ. Tan fértiles resultaron para Nicaragua que ninguno de sus abogados pudo pasarlas por alto en sus respectivas presentaciones ante los jueces de la CIJ, abonando no menos de 11 páginas de las transcripciones de la audiencia. Esto es sin tomar en cuenta las otras páginas en las cuales Costa Rica intenta explicar la insensata conducta del señor Castro Salazar.

Tomando en cuenta que el señor Castro Salazar estuvo presente durante las audiencias en La Haya, ya es hora de que haya aprendido que, sobre este tema y muchos otros, su único norte debería ser un estricto silencio.

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