Opinión

Los verdaderos cánceres de Costa Rica

Actualizado el 06 de septiembre de 2017 a las 10:00 pm

Existe una sociedad que se promueve e impone a la fuerza como una dictadura

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Los verdaderos cánceres de Costa Rica

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Con verdadera inquietud leí el sábado 26 de agosto un artículo titulado “El cáncer de Costa Rica: la religión”. Mi primera impresión fue que la persona que escribió dicho artículo no está al tanto de lo que realmente hoy día afea y pulveriza los valores que siempre han caracterizado nuestra idiosincrasia.

¿Cuál es el factor común que puede sacarnos de todos los problemas que hoy lamentamos y nos hacen estar cerca de precipicios harto peligrosos? Me parece que recuperar los valores morales y espirituales; que son, a fin de cuentas, transmitidos, principalmente, por el vínculo del ser humano con Dios, aprehendido en la familia o en el marco de sus seres más queridos o de mayor influencia, cuando ella es sana y edificante.

Hay una ley natural, plasmada en el corazón del ser humano. Parte de esa ley afirma que hemos de ser íntegros y claros. En esta línea, incluso, las grandes religiones monoteístas nos enseñan y nos ponen de cara a un norte para animarnos a vivir la libertad que se desprende de la verdad.

Prejuicios. Atacar una religión, ¿a qué lleva? Me parece que a caer en lo mismo que el que ataca denuncia: intolerancias y desacreditaciones, la mayoría de las veces, gratuitas o desde el prejuicio.

En Costa Rica, ese supuesto “cáncer” del que habla el artículo ha producido grandes ejemplos de reflexión liberadora y decisiva para nuestra historia. Solo para citar algunos ejemplos, por ahora de clérigos más que de laicos (¡que los ha habido!), tendríamos: el genial aporte de Mons. Thiel, la visión de Mons. Sanabria y su influencia en las garantías sociales, el padre Benjamín Núñez con la Rerum Novarum y el sindicalismo católico, fray Casiano en Puntarenas en beneficio de los niños abandonados y pobres, y un largo etcétera difícil de abreviar y que se prolonga hasta hoy en la atención y promoción de los pobres entre los pobres.

Si se necesita un ejemplo más contemporáneo y palpable podrá visitar las Obras del Espíritu Santo en Cristo Rey con el padre Sergio.

Hoy día, el influjo sigue siendo decisivo desde parroquias, ONG y asociaciones que marcan la diferencia al acoger a los más urgidos, los más vulnerables, o bien, la defensa de la vida en todos sus estadios de desarrollo, a pesar de todo y contra muchos.

No veo, pues, el cáncer que desea ver quien escribe la nota que comento. Sencillamente no lo veo. A menos que cáncer social sea ponerse del lado de la vida más vulnerable, esto es, la no nacida, defender lo peculiar de cada sexo y su riqueza complementaria, o bien, insistir en la grandeza de la vida familiar en cuanto lo que es por su naturaleza misma y no lo que algunos desean ver, a la fuerza, o bien, con las más diversas y poderosas complicidades transnacionales.

Dictadura. Nuestra sociedad relativista y secularizada promueve una mentalidad que se impone a la fuerza como una dictadura.

J. Ratzinger llegó a decir que “se está constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida solo el propio yo y sus antojos. El relativismo podría definirse vagamente como la teoría según la cual todas las opiniones son verdaderas, aunque sean contrapuestas. Una sociedad basada en un acuerdo general de amoralidad, donde no hay espacio para los que siguen teniendo un juicio moral de conciencia, es una dictadura”. Difícil decirlo mejor.

En fin, me parece que es fácil la opinión desde el prejuicio y la descalificación y más grave aun cuando ello se hace desde la experiencia de la no experiencia liberadora que solo una vida religiosa (clerical o laica) bien vivida puede ofrecer a quien asume con madurez y no solo desde el gusto o la comodidad.

El autor es ingeniero industrial.

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