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La verdadera historia

Actualizado el 27 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Un procesode cinco años perdidos para Racsa, el ICEy Costa Rica

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El 24 de setiembre anterior, se firmó un convenio entre RACSA y la empresa sueca Vía Europa para el diseño, construcción y puesta en operación de una red de fibra óptica de banda superancha. Esta es una decisión buena para Costa Rica, aunque para RACSA lo será en función de los términos en que haya negociado previo a la firma del convenio. Pero esta decisión tiene una historia que debe ser conocida para que no sea repetida.

En rigor, el primero que habló en Costa Rica de la necesidad y posibilidad técnica y financiera de diseñar, construir y poner en operación una red de fibra óptica de banda superancha fue el Ing. Alberto Bermúdez, quien, en el año 2008, presentó ante la Junta Directiva de RACSA, en su condición de subgerente de esa empresa, lo que él mismo denominó “El Plan 500”, que consistía en el desarrollo de esa red para 360.000 terminales y la construcción de un data center de primer nivel mundial.

Para la ejecución de ese plan, para el que se requería una inversión de $500 millones, propuso la constitución de un fideicomiso de obra pública que construyera ambas obras –la red y el data center – que luego sería arrendado o vendido por el fideicomiso a RACSA, empresa que explotaría ambos proyectos. Es justo reconocer que en el diseño financiero de tal proyecto tuvieron una participación de primer orden don William Hayden y don Rónald Vargas, entonces y respectivamente gerente general y gerente de Fideicomisos del Banco Nacional.

La presentación del Plan ante la Junta Directiva de Racsa estuvo presidida por una reunión –iniciativa de don William Hayden– con el presidente de ese entonces, Dr. Oscar Arias Sánchez y el ministro de la Presidencia, Lic. Rodrigo Arias Sánchez. Ambos funcionarios, en presencia del entonces presidente ejecutivo del ICE, Ing. Pedro Pablo Quirós, expresaron su más amplio y entusiasta apoyo a la iniciativa.

En el año 2008, el Plan 500 fue aprobado por la unanimidad de los directivos de RACSA, señores Pedro Pablo Quirós, Mayid Halabí, Felipe Herrero, Antonio Calderón, la señora Guillermina González y este servidor. El Plan –que incluía la posibilidad de que las prerrogativas de RACSA ante el fideicomiso las tuviera por igual el ICE– fue de inmediato remitido a la Contraloría General de la República para la aprobación de varios de sus componentes, particularmente el referido a la creación de Fideicomiso de Obra Pública entre RACSA y el Banco Nacional. El refrendo a ese contrato de fideicomiso tardó hasta el año 2009.

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Obstáculos. Desgraciadamente, en el ínterin, los reguladores financieros emitieron una nueva normativa que hizo prácticamente imposible utilizar la eficiente figura del fideicomiso para desarrollar obra pública. Simultáneamente, desde el ICE, se gestó un auténtico sabotaje del Plan 500 de RACSA, alegando que RACSA no tenía la capacidad de desarrollar un proyecto de esta envergadura y asegurando, para ponerlo en palabras de su presidente ejecutivo, Ing. Pedro Pablo Quirós –el cual había concurrido con su voto afirmativo a aprobar el Plan 500 en su calidad de presidente de la Junta Directiva de RACSA– que el ICE era el que tenía el músculo necesario para desarrollar la infraestructura en tanto RACSA debía dedicarse a desarrollar y vender contenidos y valor agregado.

Con la llegada del Ing. Eduardo Doryan a la presidencia ejecutiva del ICE y, en consecuencia, a la presidencia de la Junta Directiva de RACSA, la situación del Plan 500 en lugar de mejorar empeoró. Célebre es la frase de Doryan sobre su propósito de “convertir a RACSA en una tienda de productos del ICE”. En el entretanto, el Plan 500 y RACSA fenecían.

La llegada de don Teófilo de la Torre a la presidencia del ICE y de la Junta Directiva de RACSA creó favorables expectativas sobre el futuro de RACSA y el famoso y largamente saboteado Plan 500. Cerrada la posibilidad de financiar y construir la red y el data center mediante la figura del fideicomiso de obra pública, el gerente de RACSA, Alberto Bermúdez inició conversaciones con el señor Jonás Biergersson –a iniciativa de este último– para encontrar fórmulas contrac-tuales que permitieran que mediante una alianza o sociedad RACSA y VíaEuropa pudieran desarrollar juntos, al menos, la red de fibra óptica. No obstante la buena disposición de don Teófilo, el hecho cierto es que su falta de liderazgo en el seno de la Junta Directiva de RACSA condujo a la destitución disfrazada de renuncia de don Alberto, víctima de quienes, desde la Junta Directiva de RACSA y desde el ICE, seguían oponiéndose a que esta empresa – ahora en alianza con VíaEuropa– pudiera desarrollar la red. El alegato de los detractores era el mismo de siempre: RACSA no debía “meterse” a desarrollar infraestructura menos cuando ya el ICE estaba desarrollando una red de cobre y fibra denominada “Ranger”. Vale decir que de este último proyecto no se conoce su avance.

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De esta historia, plagada de burocratismo, ignorancia, procrastinación y serruchadas de piso, soy testigo de excepción. Por eso es que este proceso, al menos para llegar a la firma de un acuerdo, tardó cinco años. Cinco años tirados a la basura, perdidos para RACSA, para el ICE y para Costa Rica, que concluyen ahora con el valiente llamado y advertencia de la señora presidenta, doña Laura Chinchilla, en el sentido de que espera que “los plazos que (...) hoy nos han anunciado (...) verdaderamente los cumplamos. No puede haber excusas, no puede haber resistencias burocráticas ni posiciones timoratas”. La señora presidenta sabe por qué fue necesario decir lo que dijo.

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