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Las ventajas claras del arroz dorado

Actualizado el 26 de febrero de 2014 a las 12:00 am

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Las ventajas claras del arroz dorado

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MELBOURNE – Greenpeace, la organización no gubernamental global, normalmente encabeza protestas, pero el mes pasado se convirtió en objetivo.

Patrick Moore, vocero de los manifestantes –y quien fuera anteriormente miembro de Greenpeace– acusó a la organización de complicidad por la muerte de dos millones de niños al año. Se refería a las muertes causadas por deficiencia de vitamina A, que es común entre niños cuyo alimento básico es el arroz.

Moore argumenta que se pudieron evitar las muertes si se hubiera usado “arroz dorado”, un tipo de grano que ha sido modificado genéticamente para que contenga más beta-caroteno que el arroz ordinario. Greenpeace, junto con otras organizaciones opuestas al uso de organismos modificados genéticamente (OMG), han realizado campañas en contra de la introducción de beta-caroteno, que el cuerpo humano convierte en vitamina A.

Las cifras de mortalidad que ofrece Moore parecen ser demasiado grandes, pero no hay duda de la seriedad del asunto de la carencia de vitamina A entre niños, en especial en partes de África y Asia sudoriental. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), dicha carencia provoca ceguera en alrededor de entre 250.000 y 500.000 niños en edad preescolar cada año. De entre ellos, casi la mitad muere en los siguientes doce meses.

La deficiencia de vitamina A también crea vulnerabilidad a enfermedades como el sarampión, que sigue siendo una causa importante de muerte en infantes, aunque está disminuyendo gracias a la vacuna. En algunos países, la falta de vitamina A es igualmente un factor significativo de las altas tasas de mortalidad materna durante el embarazo y el parto.

Hace 15 años, científicos suizos crearon el arroz dorado, que abordaba la carencia de la vitamina A, y las primeras pruebas se realizaron hace una década. Sin embargo, todavía no está disponible para los agricultores. Inicialmente, era necesario desarrollar variedades mejoradas que se producirían donde se requiriera más. Se tuvieron que realizar más pruebas para cumplir con el marco normativo riguroso sobre la liberación de OMG. Dicho obstáculo aumentó cuando activistas destruyeron campos en Filipinas donde se realizaban pruebas.

Los críticos señalan que el arroz dorado es parte de un plan de la industria biotecnológica para dominar la agricultura mundial. No obstante, aunque el gigante de los negocios agrícolas, Syngenta, sí participó en el desarrollo del arroz modificado genéticamente, la compañía ha dicho que no piensa comercializarlo. Los agricultores de bajos ingresos serán propietarios de sus semillas y podrán conservar las semillas de sus cosechas.

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En efecto, Syngenta ha otorgado el derecho a sublicenciar el arroz a una organización sin fines de lucro llamada “Consejo humanitario del arroz dorado” (Golden Rice Humanitarian Board). El Consejo incluye a los dos inventores y ostenta el derecho de ofrecer el arroz a instituciones de investigación públicas y agricultores de bajos ingresos en países en desarrollo para uso humanitario, siempre y cuando no le asignen un precio más alto que el de las semillas de arroz ordinario.

Cuando se desarrollaron por primera vez cultivos modificados genéticamente en los años ochenta, había motivos para actuar con cautela. ¿Serían seguros para el consumo dichos cultivos? ¿Podría haber una polinización cruzada con plantas silvestres, y pasarles así las características especiales que se les había dado, como la resistencia contra las plagas, y por ende, crear nuevas “supersemillas”? En los años noventa, como candidato a senador por Australian Greens, fui de aquellos que pedían normas rigurosas para evitar que las compañías biotecnológicas pusieran nuestra salud, o la del medioambiente, en riesgo con el fin de aumentar sus ganancias.

Ahora hay cultivos modificados genéticamente en aproximadamente una décima parte de los cultivos mundiales, y ninguna de las desastrosas consecuencias que temíamos en Greens se produjo. No hay evidencia científica confiable de que este tipo de alimentos provoquen enfermedades, a pesar del hecho de que son objeto de más escrutinio riguroso que otros alimentos más “naturales”. (Los alimentos naturales también pueden tener riesgos para la salud, como mostraron recientemente investigaciones que señalan que un tipo popular de canela puede causar daños al hígado).

Aunque la polinización cruzada entre cultivos MG y plantas silvestres puede ocurrir, hasta ahora no han aparecido nuevas supersemillas. Deberíamos estar satisfechos por esto, y tal vez las normas que se introdujeron como respuesta a las inquietudes expresadas por organizaciones medioambientales tuvieron una influencia en dicho resultado.

Se deben mantener las normativas para proteger el medioambiente y la salud de los consumidores. Es pertinente actuar con cautela. Sin embargo, lo que se debe revisar es la oposición frontal a la sola idea de los OMG.

Con cada innovación se deben sopesar los riesgos frente a los posibles beneficios. Cuando los beneficios sean menores, incluso el mínimo riesgo no se justifica; cuando los beneficios sean mayores, puede valer la pena tomar un riesgo más significativo.

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Por ejemplo, en las normativas se debe hacer la diferencia entre la liberación de un cultivo MG que es resistente al herbicida glifosato (lo que facilita a los agricultores el control de la mala hierba) y la de cultivos MG que pueden resistir condiciones de sequía y son adecuados para regiones tendientes a sequías en países de bajos ingresos. Asimismo, valdría la pena sembrar cultivos MG que tienen el potencial de evitar la ceguera a medio millón de niños, aunque conlleve algunos riesgos. Lo que resulta irónico es que se siembran cultivos resistentes al glifosato con fines comerciales en millones de hectáreas de tierra, mientras que el arroz dorado (que no se ha comprobado que signifique algún riesgo a la salud humana o del ambiente) todavía no se puede liberar.

En algunos círculos medioambientales, la oposición frontal a los OMG es como prestar un juramento de lealtad, y a los disidentes se les considera traidores en complicidad con la industria malvada de la biotecnología. Es tiempo de dejar esta postura ideológica cerrada. Algunos OMG pueden tener un papel útil en la salud pública, y otros, en tratar de cultivar alimentos en una era de cambio climático. Deberíamos analizar los méritos de cada cultivo modificado genéticamente sobre la base de caso por caso.

Peter Singer es profesor de Bioética en la Universidad de Princeton y profesor emérito de la Universidad de Melbourne. Ha publicado, entre otros libros, Animal Liberation, The Greens (en coautoría con Bob Brown, fundador de Australian Greens) y The Life You Can Save. © Project Syndicate.

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