Opinión

El valor de la tolerancia

Actualizado el 08 de octubre de 2008 a las 12:00 am

 Somos un país de paz, y aún no somos capaces de tolerar las diferencias

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El valor de la tolerancia

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Homofobia, según la Real Academia Española, se define como “la aversión obsesiva hacia personas homosexuales”. Desde esta definición queda claro que se le asigna esta etiqueta a cualquier persona que no tolere a los seres humanos que gusten entablar relaciones sentimentales y físicas con personas del mismo sexo.

Definición tendenciosa. Pese a la claridad de este argumento, el pasado 19 de setiembre se publicó en Foro de este periódico un artículo escrito por un señor Luis González titulado “¿Homofobia? ¿Es esta la Costa Rica que queremos heredar a nuestros hijos?”; se contradicen definiciones básicas y se crea un sinsabor de boca con respecto a los argumentos que esta persona se dejó debatir durante el artículo.

En dicho artículo aseguraba que los verdaderos “homofóbicos” son todas aquellas personas que apoyan el proyecto de unión de hecho entre parejas el mismo sexo. Desde su perspectiva, las personas bisexuales, travestis, transexuales y homosexuales, padecen de desviaciones o aberraciones. Esto porque, según él, “homofobia” significa “fobia al hombre y, por extensión, fobia a la raza humana”. Es decir, estaríamos condenando a las personas homosexuales como una clase de individuos que atentan contra la definida naturaleza humana, que se considera como “normal”, destruyendo aquello que no encaja dentro de esta perspectiva como parte de la sociedad.

Igualdad de derechos. Recordemos que las personas que plantean y apoyan la unión de hecho se basan en el principio básico de los derechos humanos, principalmente la Declaración Universal, que estipula en su artículo primero que “todos los seres humanos somos iguales”.

De ello extraemos dos argumentos; el primero de ellos es la igualdad de cualquier individuo para poder vivir con todas las condiciones adecuadas en su crecimiento social. Por otro lado, visualizamos que las personas de la comunidad gay desean con este proyecto lograr condiciones de convivencia en igualdad con respecto a las personas heterosexuales.

En ningún momento se está atentando contra la concepción religiosa del matrimonio; al contrario, se intenta crear una condición legal y de derechos que les permita ser felices sin ningún estereotipo, al igual que se permite que una persona manifieste semejantes aberraciones acerca de este proyecto, que pretende igualar las condiciones de vida de los ciudadanos costarricenses con las de los individuos de muchos otros países que ya han aprobado estas uniones y que han visto una evolución en sus sociedades, mejorándolas para el crecimiento personal y colectivo de un país.

Tolerar las diferencias. ¿Qué es lo que quiere Costa Rica? Somos un país de paz, queremos recuperar la paz y aún no somos capaces de tolerar las diferencias. No somos quiénes para decir que buscamos y representamos la paz, si no podemos permitirles a las personas que integran nuestra sociedad manifestar de forma libre sus sentimientos, ideales, metas y derechos legales. Nuestra frontera se limita cada vez más; pasan los años, y queremos seguir creyendo que no existe más que el amor heterosexual.

En Costa Rica el 10% de la población es gay y son parte de nuestra sociedad. Aman, quieren, votan y pagan impuestos como cualquier persona común y merecen, por tanto, ser tratados como iguales. Más allá de una creencia religiosa o moral, es el valor de la tolerancia lo que se pretende con este proyecto.

¡Veamos, ticos! Nosotros somos capaces de entender que es una necesidad de la sociedad y que, por ende, es momento de salir de esta visión conservadora y dar paso a los derechos –y claro, a los deberes– de cada individuo que viva en este país. Dejemos de creer que es una minoría y aceptémoslos como personas que son.

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