Opinión

La utopía de la desregulación

Actualizado el 11 de febrero de 2013 a las 12:00 am

En materia de ambiente y la salud pública, la regulación cumple un rol fundamental

Opinión

La utopía de la desregulación

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Diversas administraciones, incluyendo la actual, han intentado ganar el apoyo de sectores privados aduciendo favorecerlos con la “desregulación”, la eliminación de trámites o bien su agilización. Si bien dicha iniciativa de respetables sectores gubernamentales es válida, y forma parte de su labor diaria, conviene analizar los vaivenes que en las instituciones públicas esto ha generado, y si dichos vaivenes no son más que otra manera de mantener vivo el aparato burocrático con todo el peso de su inercia.

El peso específico que ostenta la desregulación es causa también que las propuestas de reglamentación, una vez consensuadas, sean vistas una y otra vez a lo largo del proceso y vetadas, dejando de lado los principios de respeto a la participación pública, e incluso irrespetando las jerarquías instituidas, revirtiéndose reglamentos que han contado con firmas de ministros y aprobados por sus asesores, luego de llegar incluso hasta Casa Presidencial. Hasta ahí llegó la muy ansiada claridad de las reglas y la justicia pronta y cumplida, con reglamentos que tardan más de tres años en trámite de publicación.

Parte de este descontrol estatal es la facilidad que se dio a las empresas para presentar “declaraciones juradas” sobre su cumplimiento de requisitos sanitarios y ambientales, incluyendo a aquellas de mayor riesgo. Y como pelota de pimpón, el juego se ha devuelto, y ahora precisamente los sectores empresariales más fuertes y de mayor tamaño, que se creyeron el cuentito de las declaraciones juradas, según la reciente modificación al reglamento de permisos sanitarios, requieren ahora, nuevamente, una inspección previa a su autorización de funcionamiento.

¡Pero por supuesto! ¿Puede acaso el Estado delegar su función de vigilancia y control en los propios administrados, con una declaración de primera parte? Eso solo ocurriría en la utopía desregulatoria en que viven algunos. Se olvidaron que el Tribunal Ambiental Administrativo (TAA) ya se ha pronunciado sobre el tema de las declaraciones juradas o la entrega de autorizaciones sin verificarse de manera fehaciente los requisitos previos (resolución 247-98-TAA).

Igualmente, la mano invisible de la desregulación pretendió apropiarse del silencio positivo para muchos trámites de importancia, como la autorización para equipos y materiales radiactivos, permisos de funcionamiento industriales, espectáculos públicos, y muchos otros trámites de registro de medicamentos, equipo médico, plaguicidas, productos químicos tóxicos, etc, sin entender que la Sala Constitucional y el ordenamiento jurídico del país, impiden la aplicación del silencio positivo en asuntos sanitarios y ambientales (votos Nos. 2954-94, 820-95 y dictamen C-118-91 en materia ambiental y voto 6332-94 en materia sanitaria).

PUBLICIDAD

Otro de los desaciertos (que se ha intentado enmascarar como “reestructuraciones o desarrollos organizacionales”) es la desaparición en el Ministerio de Salud de la Dirección de Protección al Ambiente Humano.

Afortunadamente, se ha revertido dicha estructura. Mediante Decreto Ejecutivo N.° 37497-S se ha vuelto a crear la Dirección de Protección al Ambiente Humano, entre otros cambios, lo que facilitará que el sector privado, las ONG, las instituciones públicas y cooperantes internacionales, tengan claro quién es la contraparte institucional en cuanto a salud ambiental.

Se vislumbra así un cambio en la regulación sanitaria, basada en la seguridad, eficacia, calidad y eficiencia de los productos de interés sanitario y con mejor claridad en las actividades del Ministerio. Confiamos en que los usuarios, todos, muy a pesar de los tramitólogos y sus padrinos políticos, apoyen estos cambios. Se requieren ahora posiciones creativas e innovadoras, además de decisión política, si queremos mantener el mismo nivel de regulación y protección del ambiente y de la salud pública, objetivos legítimos de la regulación, en otras palabras una verdadera mejora regulatoria.

  • Comparta este artículo
Opinión

La utopía de la desregulación

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota