Opinión

La universidad que construimos colectivamente

Actualizado el 03 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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Durante sus 73 años de historia, la Universidad de Costa Rica (UCR) ha procurado equilibrar la continuidad y el cambio, dos características inherentes a la actividad humana. La continuidad permite una institución coherente con los principios y propósitos que la crearon, fiel a su vocación humanista y responsable en el ejercicio de la autonomía que la Constitución le confiere desde 1949. El cambio es necesario para mejorar y adecuarse –con actitud reflexiva y crítica– a las constantes transformaciones locales, nacionales y globales.

Este equilibrio le ha permitido responder a las necesidades y problemas de distintos sectores sociales, mediante la transferencia oportuna de conocimiento, así como de los resultados de la innovación en muy diversos ámbitos del saber humano, cuyo fin último debe ser una aplicación social práctica.

La Universidad actúa en dos ámbitos interdependientes: el académico-científico y el social, en correspondencia directa con sus actividades sustantivas: docencia, investigación y acción social. Su carácter público le exige interesarse por la sociedad como un todo, en su diversidad y complejidad. Reconoce su responsabilidad para con el presente, pero también las deudas con el futuro; por ello, su horizonte de aspiraciones está enfocado hacia lo posible y lo deseado como óptimo.

Líneas de cambio. La UCR es propositiva y participa en la construcción de mejores desenlaces futuros para la Costa Rica del nuevo milenio, que garanticen el bienestar integral de sus habitantes, en especial de los más vulnerables. Entre las principales líneas de cambio que actualmente reconfiguran el proyecto institucional de la UCR, deseo destacar las siguientes: la profundización y optimización de la regionalización, el desarrollo de acciones que contribuyan con una mayor equidad en la admisión, el fortalecimiento de modalidades virtuales de docencia, la ampliación de la infraestructura institucional, la diversificación de los saberes mediante el estímulo a los estudios interdisciplinarios y la creación de cátedras internacionales. Estos ámbitos son parte del complejo escenario en el que la UCR continúa el proceso histórico de modelarse a sí misma.

Los tres primeros aspectos fortalecen la defensa del derecho a la educación. La meta es democratizar la enseñanza superior, hacer llegar la universidad a más personas, ofrecer más y mejores oportunidades de estudio y formación profesional en distintas regiones del país, con la calidad que ha distinguido a la UCR, así como fortalecer un proyecto de país más consciente de su diversidad, más equitativo y justo.

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La educación es un factor clave de movilidad social y promoción de la equidad. Sabemos que democratizar la enseñanza superior requiere implementar acciones inclusivas claras en nuestro programa de admisión, dirigidas a los grupos que enfrentan mayores obstáculos (económicos, educativos o culturales) para ingresar y permanecer en la universidad.

También la “virtualización” apunta a ampliar el acceso a la educación superior. Nunca se había contado con herramientas más idóneas para el intercambio de conocimientos y la creación de redes de aprendizaje. Con una adecuada utilización, las nuevas tecnologías prometen abrir las fronteras de la universidad y transformar su quehacer en el ámbito nacional e internacional.

Planificada inversión. Las anteriores iniciativas están acompañadas de una planificada inversión en infraestructura y equipamiento en todas las sedes de la Universidad, indispensable para atender a una creciente población estudiantil y docente. Nuevos edificios, bibliotecas, residencias estudiantiles, laboratorios, espacios para la educación continua y la investigación, todos acordes con las políticas institucionales de accesibilidad universal y protección del ambiente, poco a poco transforman los distintos campus de la Universidad de Costa Rica.

Los otros dos ámbitos de cambio tienen una finalidad más específicamente académica: generar conocimientos cada vez más sofisticados y socialmente pertinentes, en diálogo con los saberes de otras culturas y a través de la diversificación de perspectivas analíticas.

Vivimos una época en la cual el futuro de una persona o un país se cruzan inevitablemente con los futuros ajenos. Por ello, la UCR ha impulsado la creación de cátedras internacionales, que actuarán como foro interuniversitario de cooperación científica de alto nivel, a fin de promover el intercambio académico con diversos países y regiones del planeta. En cooperación con el Servicio Alemán de Intercambio Académico surgió la Cátedra Guillermo y Alejandro de Humboldt en Humanidades y Ciencias Sociales, a la cual siguieron la Cátedra de Estudios de Corea y el Este Asiático, y la Cátedra de Estudios de África y el Caribe.

Este mismo espíritu nos estimula a pensar en nuevos espacios para el desarrollo de estudios interdisciplinarios y transdisciplinarios, los cuales creemos imprescindibles para aumentar el potencial científico y académico de la Universidad y, así, producir conocimiento con la calidad y pertinencia requeridas, a fin de atender los nuevos problemas que nos interpelan desde una realidad social progresivamente más compleja.

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Perfeccionamiento. La UCR no se ha detenido en su proceso de perfeccionamiento a través de la revisión permanente de sus objetivos y de los resultados de sus actividades. Confiada en la continuidad de los principios y propósitos que la fundaron, convierte sus carencias en estímulo para el cambio, convencida de que lo mejor siempre está por construirse, y esperanzada en sus ambiciones académicas y sociales.

La autonomía universitaria nos estimula a pensar la academia como un proyecto permanente e inacabado, que debe desempeñar un papel propositivo, creador de oportunidades para el conocimiento, la innovación y la transformación social.

Henning Jensen Pennington, rector de la Universidad de Costa Rica.

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