3 abril, 2014

Indignación e impotencia frente al poder de un medio de comunicación que llama “investigaciones periodísticas” al uso de hechos dolorosos como la muerte de un niño que está en investigación por la denuncia de nuestros colaboradores y acciones concretas e inmediatas de nuestra parte, y no por iniciativa de La Nación , como pretende hacerlo creer a sus lectores.

La Dirección Médica del Hospital Nacional de Niños ordenó una investigación interna utilizando los mecanismos e instrumentos que permite la Ley General de la Administración Pública y los reglamentos de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), a raíz de la presunta y lamentable actuación de uno solo de nuestros cirujanos. No puedo referirme al curso de esta investigación por razones de legalidad y La Nación lo sabe. Aun así y de manera parcialmente documentada, presenta a sus lectores una realidad tergiversada y todavía no sé qué intereses se esconden tras esa profusa, exuberante y abundante información.

Es probable que yo no haya adquirido destrezas para la comunicación en medios masivos, seguramente no es uno de mis dones, pero he dedicado mi vida a proteger la vida de las niñas y los niños. Por más de 30 años me propuse no solo ser médico general, sino que me especialicé en Pediatría. También me preparé en otra especialidad más: Nefrología. Cuando uno ama esta profesión y la dedica a la salud de los más pequeños de la sociedad, se convierte en un fuego que necesita ser alimentado por el estudio permanente y la docencia como parte de esa exigencia ética para dejar la más moderna información a los nuevos médicos que van ingresando a la seguridad social del país.

Avance. Hace trece años asumí la Dirección General del Hospital Nacional de Niños y, desde entonces, hemos avanzado bastante, no lo suficiente ciertamente, porque sabemos la crisis que vive la CCSS.

Esa realidad nos ha golpeado a todos los centros médicos del país. Sin embargo, junto con la actual administración que lidera la institución, hemos logrado recuperar años de rezago en formación y capacitación de personal, en infraestructura general y, de manera particular, en aumento de quirófanos.

Pasamos de casi el 20% de mortalidad en cirugías cardiovasculares a 7,3%. Superamos la supervivencia en esa patología en un 12,7 %. Eso es un avance para un país del Tercer Mundo, que no cuenta con los equipos médicos, la infraestructura, ni un numeroso personal capacitado en nuevas técnicas y procedimientos, como tampoco con un presupuesto abundante que permita trabajar con holgura. Aun cuando realizamos nuestra labor con el personal más éticamente preparado, más formado y más cuidadoso de su trabajo, no podemos evitar que alguno de nuestros colaboradores abandone ese código no escrito de entrega y dedicación que muestran los colaboradores del Hospital Nacional de Niños diariamente.

Debo contarles que, hace cerca de tres años, se me acercaron empresarios para ofrecerme un proyecto para construir un hospital pediátrico nacional de capital privado que compitiera con el Hospital Nacional de Niños. No les acepte la oferta, no solo por un asunto ideológico, sino porque uno no puede salir de este hospital para ir afuera a competir con él. Quizá eso tenga molestos a algunos, quizá deseen crear un clima de enojo y desconfianza con el Hospital, haciéndonos creer que aquí existe un grupo de asesinos seriales que atentan cada día contra la vida de nuestras niñas y niños.

Insistentes esfuerzos. Por el contrario, día con día enfrentamos a la muerte con insistentes esfuerzos por ganar cada batalla y, para ello, hemos solicitado ayuda y apoyo de organizaciones extranjeras, y hemos aceptado recomendaciones en el marco de nuestra legislación. Ciertamente, las patologías cardiacas son cada vez más complejas, y la mortalidad infantil en el mundo es aún más alta al nacer que lo que es en Costa Rica.

Aun con nuestras limitaciones, hemos creado una Unidad Cardiaca desde hace tres años, hemos enviado a capacitar personal a diferentes universidades del mundo, y nos hemos equipado gracias a la empresa privada, donaciones, la colaboración de las autoridades de la CCSS y las actividades propias de nuestro hospital, pero todavía falta más que hacer.

De mi parte, resistiré este perverso embate. No fue posible hacerlo en otras circunstancias recientes que el país conoce, porque ese es un espacio al que no me habitué, en donde la intriga, la puñalada por la espalda, la deslealtad y la doble moral suelen tener un lugar de privilegio. Pero aquí, señores de La Nación y “amigos” de ella, aquí sí vamos a resistir sus ataques infundados y su estilo periodístico, pues no se trata de mi reputación y mi carrera, sino del Hospital más emblemático de la seguridad social del país, que protege y vela por la salud de la niñez, y que representa para todos un orgullo nacional e internacional.

La credibilidad de todos los colaboradores de este centro de salud y esperanza no está en subasta. Si hubo mala práctica, no vamos a detenernos hasta que se haga justicia que ejemplarice. Serán las instancias judiciales y administrativas las que lo determinen. Nosotros hemos ofrecido en todo momento toda la colaboración que se requiera.

Si La Nación quiere continuar usando su poder para realizar juicios de valor y presionar resultados, es su derecho y, probablemente, su objetivo, pero el nuestro es sanar y salvar vidas, las vidas más valiosas de Costa Rica, las de nuestras niñas y niños.