Una catarata de pro-mesas, a ratos risibles, sale triunfante de la facundia del aspirante

 30 abril

A muchos de los colegas que diariamente buscan noticias en el abigarrado mundo de la política nacional y, sobre todo, a quienes repetidamente entrevistan a los aspirantes presidenciales, en ocasiones se les olvida –tal vez por el torbellino acuciante de su trabajo– reiterar las veces que sea necesario, con decisión y firmeza, una simple pregunta: Y Ud., ¿para qué quiere ser presidente?

Es sabido que, usualmente, una catarata de promesas, a ratos risibles, sale triunfante de la facundia del aspirante; pero casi ninguno explica claramente y con fundamento cuáles son sus ideales de gobernanza, qué visión tiene del desarrollo económico y social del país o cuáles las posibles soluciones para tal fin.

Ninguno nos informa del sustento legal y, sobre todo, económico de sus pretensiones, y tampoco nos hablan de ideologías, ideales de partido… ni se remiten a la rica historia del país para justificar sus proyectos. Y, mucho menos, hablan de cómo encuadra el destino patrio en el convulso y cambiante mundo de los forcejeos hegemónicos y las ambiciones imperiales de las grandes potencias.

Falta de sustancia. Todos prometen un futuro brillante que por arte de birlibirloque se lograría en su elección. Entonces, ¿para qué, oh candidatos, ser presidente? ¿Cuál es su bagaje de realizaciones y experiencias? ¿Cuál su análisis sobre el país y el mundo? En realidad solo con frases –palabrería– se refieren a la tarea de resolver los crecientes problemas nacionales acumulados por el mal gobierno, la falta de acción y la corrupción.

¿Cómo sacar a flote a la enorme cantidad de costarricenses sumidos en la pobreza, tristes espectadores del crecimiento de la opulencia en “la otra orilla”?

Hay una sentencia evangélica que hoy viene como anillo al dedo: “De toda palabra ociosa que hablen los hombres, darán cuenta en el juicio final”. ¡Quiera Dios no tener que esperar tanto! Y resuena otra cita: operibus credite et non verbis (creed en las obras y no en las palabras).

Así es que, colegas, contribuyan a que pare la “parla ociosa” para que los aspirantes respondan con transparencia y nos digan cómo y con qué resolverán la crisis en que los malos políticos y sus cohortes nos han metido, al son desafinado de sus falsas promesas.

El autor es periodista.