19 septiembre, 2015

En un artículo suscrito el domingo pasado, Leonardo Garnier y Cristina Blanco atacan mi posición crítica contra una doctrina sexual que considero extremista.

Como estrategia para desacreditar mis argumentos, echan mano de tres tácticas. Una de ellas es hacerle creer al lector que mi crítica a la ideología de género es un intento de deslegitimar el proceso de conquista femenina en la historia, aunque la ideología de género nada tiene que ver con dicha noble tradición.

Aquí la reivindicación femenina está asociada al de nombres ilustres como el de Francisca Carrasco, Ángela Acuña o María Teresa Obregón. Hoy, tal reivindicación está asociada a mujeres insignes como Laura Chinchilla, Sonia Picado, Maureen Clarke o Alicia Fournier.

He leído escritos y escuchado disertaciones de la mayoría de ellas. En algunos casos, he conversado con quienes me honran con su amistad. Nada en su ideario apela a la ideología de género, y sin embargo su aporte a la cultura política femenina es invaluable.

Tal como explicaré adelante, la ideología de género nada tiene que ver con la sana reivindicación femenina. Por otra parte, la segunda estrategia de Garnier es hacer creer que soy enemigo de la educación sexual. Con tal ardid intentaron desacreditarme, pues, por razones obvias, en el siglo XXI la educación sexual es muy importante. Por motivos que igualmente explicaré, lo que he objetado son los conceptos que, siendo ministro, el señor Garnier impuso.

La tercera táctica de los articulistas fue la de atacar mi razonamiento apelando a una equívoca defensa del marxismo. Para ello, sostuvieron dos tesis: por una parte, que mi argumento de que el marxismo deseaba suprimir la familia es falso, pues afirman que lo que el marxismo se propuso era solamente derribar el poder masculino. Su otro alegato básico consistió en sostener que el verdadero origen de la ideología de género era el pensamiento liberal. Pues bien, delimitado el esquema central de la tesis de quienes me han replicado, paso a exponer la coherencia de mis razones.

Corrientes. Es cierto que la ideología de género no solo abreva del marxismo. Pero si se tratase de citar corrientes que han inspirado a la ideología de género en la historia, más bien el Sr. Garnier se equivoca al referir únicamente al liberalismo. Para citar solo algunas, influyó también el existencialismo, la Escuela de Fráncfort y el deconstruccionismo, entre otros.

Cuando indiqué en mi primer artículo que la ideología de género es neomarxismo, lo hice porque, de todas las corrientes que la han influido, el marxismo clásico es su columna vertebral. Veamos por qué.

El razonamiento esencial de Marx y Engels es que la propiedad es la causa del mal social. Sostenían que, como la familia es una institución que hace prevalecer la propiedad y la herencia, ella era dañina para la sociedad. Así las cosas, para establecer la justicia era necesario abolir la propiedad privada y la herencia, y un paso fundamental para ello era suprimir la familia, pues esta era transmisora de ambas.

El marxismo sostenía que para suprimir la familia eran necesarias dos medidas. Por una parte, que el cuidado y la educación de los menores debían estar en manos de la colectividad y no de la familia. Por otra, que la solución a la explotación entre los sexos y de los hijos por parte de sus padres radicaba en la rebelión y la lucha de los oprimidos dentro de la familia, de tal forma que esta desapareciera.

En síntesis, era aplicar la teoría marxista del conflicto también al escenario de la familia.

Aunque don Leonardo lo quiera negar, esto consta en los textos clásicos de Marx y de Engels. De hecho, en mi ejemplar del Manifiesto comunista, del que Engels es coautor –impreso por editorial Andreus–, eso consta en la página 144.

En fin, la idea central allí es que la familia desaparecerá al desaparecer la propiedad. Así, el marxismo –no el liberalismo– es la columna vertebral de la ideología de género, pues el fundamento de esta moderna ideología está en aquella teoría del conflicto, que es de factura marxista y no liberal.

Por ejemplo, el aborto –uno de los objetivos esenciales de la ideología de género– se pone en práctica durante la primera etapa del régimen bolchevique, porque la responsabilidad de la madre ante sus hijos era considerada una servidumbre impuesta.

En el comunismo, la mujer debía ser libre de tal “esclavitud”. A la luz del análisis integral de las afirmaciones de Marx y Engels sobre la familia, resulta cándida la afirmación que hace Garnier, cuando sostiene que Engels aspiraba a una familia basada en el amor entre los cónyuges.

Sexualidad. En cuanto a la segunda objeción de los articulistas, mi crítica no es contra la educación sexual, en la cual creo, sino contra la doctrina sexual que Garnier promovió en los colegios.

Aclaro que mi crítica lo es porque esta es inconstitucional y no por razones de orden espiritual, aunque tampoco veo por qué deba desacreditarse la espiritualidad. Veamos.

En la estrategia número 3 del plan para tercer trimestre de 9.° del “Programa de estudio para la afectividad y sexualidad integral” se recomienda que los menores estudien las declaraciones de Pekín o El Cairo.

Estas son indudablemente abortistas, al punto que la primera solicita que los países revisen las legislaciones nacionales que penalizan el aborto.

En la estrategia número 2 del bloque, si bien la guía reconoce la necesidad de la prevención del aborto, no lo hace desde el momento de la concepción, tal como establece nuestro sistema jurídico, sino, literalmente, “desde la etapa de formación que tiene un bebé a las 12 semanas, tiempo máximo consignado para abortar en aquellos países donde es legal”. Las políticas de educación sexual del Sr. Garnier promovieron dentro de sus bloques temáticos la agenda de “los derechos reproductivos”, eufemismo para referirse al aborto.

Tal política educativa la desarrolló en abierta confrontación con nuestra jerarquía de normas y contradiciendo, además, la valiente posición de la expresidenta Chinchilla, que en la reunión de Río+20 se abstuvo de firmar en razón de que el concepto “derechos sexuales reproductivos” es sinónimo de aborto.

El menoscabo de los principios constitucionales por la vía de la aplicación de normas o políticas públicas inferiores es fraude a la Constitución. El verdadero trasfondo en relación con el tema de las guías de Leonardo Garnier es que, por esa vía, se impuso un nuevo marco de adoctrinamiento ideológico en perjuicio de los valores del sistema constitucional, como lo es, entre otros, el derecho a la vida y al sexo con el mínimo compromiso moral de respetar la vida que de allí se deriva. Por eso he criticado sus guías sexuales.

Mi ideal es que aspiremos a una doctrina sexual equilibrada, pues los costarricenses rechazamos los extremismos. Creo haber expuesto mis argumentos con vehemencia y respeto. También respeto los argumentos del Sr. Garnier, aunque no recibí lo mismo de él.

Por pensar diferente a mí no lo considero ignorante, ni dogmático. Su artículo, sin embargo, fue pletórico en dicha ralea de epítetos. En los medios cibernéticos, tales armas dialécticas son usuales. Por ello he visto la voz de muchos callar atemorizada. Ese silencio no será el mío.

Fernando Zamora C. es abogado constitucionalista.