La decisión de Arias es un voto de confianza en las nuevas generaciones de dirigentes del partido

 25 septiembre, 2016

El Partido Liberación Nacional (PLN), después de las derrotas consecutivas en los procesos electorales de 1998 y del 2002, encontró en Oscar Arias Sánchez, expresidente de la República y premio nobel de la paz, quien gozaba de la aprobación del 75% de los costarricenses, al candidato ideal para superar la crisis y obtener la victoria en los comicios del 2006.

Posteriormente, al deplorable y vergonzoso desastre sufrido en las elecciones presidenciales del 2014, un sector del liberacionismo, preocupado por las dificultades que atraviesa esa agrupación y basado en el hecho de que todas las encuestas de opinión pública ubican a Arias como el político mejor valorado por los ciudadanos, consideró que el expresidente era, otra vez, la figura idónea para recuperar la conducción del gobierno en el 2018.

Convencidos también de que la inexperiencia y la improvisación son la causa de las torpezas y errores del actual gobierno, por varios meses ejercieron presión para que Arias se decidiera a luchar por un tercer mandato.

Sin embargo, con la perspicacia del buen político, Arias ha interpretado que el PLN necesita renovarse, que le urge reinventarse, que esa es una exigencia del electorado y que ese trabajo debe estar en manos de nuevos actores, de nuevos líderes que le den al partido renovados bríos para que continúe siendo protagonista principal de la política nacional en las próximas décadas, como lo ha sido en los últimos 65 años.

Cambio generacional. Arias ha venido abogando por un remozamiento del PLN semejante al que él mismo logró realizar en 1985, cuando con su primera candidatura presidencial le puso fin a un período caracterizado por la hegemonía que ejercieron los “padres fundadores” del liberacionismo, lo que permitió el inicio de una nueva etapa en la que se abrieron espacios y oportunidades para nuevos liderazgos.

Esa convicción le motivó a proponerle, en dos oportunidades, a su colega expresidente José María Figueres Olsen –quien también había expresado la urgente necesidad de un remozamiento del partido– que ambos desistieran de una candidatura presidencial para dar oportunidad a nuevas figuras, propuesta que, en una actitud obsesiva y terca, este rechazó en ambas ocasiones, contradiciendo así su propio discurso.

El proceder juicioso de Arias, quien reconoce que “nadie es imprescindible en una democracia” y que “solo los tiranos se aferran al poder”, contrasta con la actitud obstinada de Figueres.

Este último, con su insensata porfía, teniendo una imagen tan deteriorada y un capital político en negativo, pone en riesgo al PLN, ya que con ese nivel de impopularidad es poco probable que su candidatura pueda recuperar a los liberacionistas que se fueron por consideraciones éticas, o atraer votos de otras tiendas o de los ciudadanos sin partido, condiciones indispensables para alcanzar el 40% en la primera ronda y eludir un balotaje en el que lo más probable es que se unan todas las fuerzas adversarias para vencer al candidato verdiblanco.

Poco apoyo. La inusitada cantidad de precandidaturas surgidas, que de seguro aumentarán, y el escaso apoyo que José María ha logrado en la bancada liberacionista –solo tres de dieciocho diputados– son muestras de que sus pretensiones, anunciadas desde abril, no logran concitar a todo el liberacionismo, como se esperaría que lo haga quien ya fue candidato y presidente de la República.

Además, en todos los posibles escenarios de la próxima contienda electoral estudiados por diversas encuestas, la candidatura de Figueres sería derrotada por cualquier otra opción, y las opiniones desfavorables sobre su figura superan en mucho las favorables, situación que se mantiene inalterable desde hace varios años.

Los liberacionistas, y especialmente José María, deben tener en cuenta que una nueva derrota en las próximas elecciones presidenciales dejaría a ese partido en una situación comprometida que difícilmente superará.

Coherencia política. Al contrario de Figueres, a Arias todas las encuestas de opinión pública divulgadas en los últimos meses lo ubican en el primer lugar entre las personalidades políticas, lo que le otorgaba posibilidades reales de ganar, primero, la candidatura presidencial liberacionista y, luego, la presidencia de la República en el 2018.

Aun con ese positivo panorama, con las probabilidades a su favor, Arias ha anunciado que no optará por un nuevo mandato presidencial.

Una decisión que tiene, primordialmente, el inmenso valor de constituir un ejemplo de coherencia política, virtud a la que se debe un sumo aprecio, tanto por el valor que conlleva en sí misma como por la escasez de ese atributo en el actuar de nuestra clase política.

De esta manera, el expresidente Arias reafirma su prédica de que “el verdadero liderazgo político, el que inspira y perdura, es aquel que nace de la coherencia entre pensamientos, palabras y acciones”.

Por otra parte, la decisión de Arias constituye un voto de confianza en las nuevas generaciones de dirigentes liberacionistas, un estímulo al surgimiento de nuevos liderazgos, un exhortación para que estos impulsen la renovación del proyecto político liberacionista y un reto para que los jóvenes costarricenses se atrevan a asumir las responsabilidades que les corresponden en la construcción del futuro de la patria.

El autor fue embajador ante el Vaticano.