Los maestros unidocentes son el alma de un esfuerzo silencioso que hay que apoyar

 27 agosto, 2016

Es una silenciosa cadena de luz. Abarca a toda Costa Rica. No es la electricidad, ni la Internet. Es algo más importante. Son los maestros unidocentes y sus microescuelas las que hacen que nadie se pierda de ser formado como ciudadano.

Más de 1.474 escuelas de este tipo existen en el país, según el Ministerio de Educación. Generalmente, están bajo la dirección de un docente, con unos pocos alumnos. A veces tienen 20 estudiantes; otras, 15. Una gran cantidad cuenta con 10, 5 o 3 alumnos y hasta uno.

Su ubicación está en las montañas y junto al mar, o también cerca de los diferentes caseríos y caminos secundarios.

En las islas del golfo de Nicoya hay varias. Ese educador, además de dar lecciones a los alumnos de primero, segundo y hasta sexto grado, apoyando a cada uno, de manera personal, es un tutor que debe saber hacer de todo en su centro educativo. Con frecuencia, el único medio de apoyo es una pizarra, los libros de lectura y algunos pocos materiales.

Temple y virtudes. Julia, quien es maestra unidocente, me decía en Turrúcares: “En mi escuela de cinco chiquitos no hay instrumentos musicales. No me hago problema. Yo canto y les enseño a cantar”. Otro maestro en las montañas de Puriscal me dijo: “No tengo maestro de religión, no hay problema, yo estudio y les doy lecciones”.

En el aula, hay una pizarra para los alumnos de primer grado, otra para los de segundo, tercero y cuarto. Luego, otra pizarra para los de quinto y sexto grado, si es que las hay, pues muchas veces no cuantan con suficientes.

Deben ocuparse de la educación de todos en la jornada diaria, pero, además, de organizar una comida al mediodía y en la tarde hacer informes y preparar las lecciones del día siguiente.

Su vocación es dura y sacrificada; es de servicio. Forjan muchas esperanzas en sus alumnos. Pero también hay algo importantísimo: son ellos, los educadores y maestros unidocentes, los que hacen que nadie se pierda de terminar sus estudios primarios.

Educar sin descanso. Entre una escuela y otra, hay malos caminos, barro, cuestas, muchas lluvias, goteras, vientos, charcos, pero existe también la orientación sólida, necesaria para aprender a leer y escribir bien y forjar virtudes de honestidad, respeto,trabajo,puntualidad, alegría y diálogo entre otras.

No es solo una escuela. Es un punto de reunión del vecindario, de consulta desde cómo redactar una carta o un e-mail hasta cómo se puede llegar al médico. Lo más importante es atender, conversar y guiar a los padres de familia que preguntan cómo pueden dar lo mejor a su hija o a su hijo.

Ciertamente, son el alma de un esfuerzo silencioso que hay que apoyar: el don del consejo educativo.

Lupita Chaves y Jacqueline García,catedráticas e investigadoras de educación en la Universidad de Costa Rica, citan que las escuelas líderes unidocentes se definen como instituciones que promueven la reflexión, la producción, la aplicación y la evaluación de innovaciones técnico-pedagógicas y administrativas que faciliten el logro de resultados educativos de calidad.

Expertos en humanidad. No es solo un servicio educativo. Algunas veces los unidocentes se convierten en verdaderos expertos en humanidad, que deben escuchar y conversar para resolver dramas y problemas, aunque eso no esté escrito en ningún contrato de trabajo.

Siento un profundo reconocimiento a su trabajo y a sus alumnos. Son parte de nuestro sistema educativo.

Ellos dan las materias básicas. Y lo más importante es que deben insertar virtudes a sus alumnos, formar seres humanos con vocación de servicio para una nación que lo necesita.

Junto al golfo de Nicoya, en la cordillera en Guanacaste, Nicoya, Pérez Zeledón, Puriscal, Límón, en la zona norte y en todo lugar, forman parte del sistema educativo, convertida, si se hace bien, en una cadena de valor costarricense.

Educación continua. La escuelas unidocentes trabajan en zonas de dificultad, pobreza y marginación, pero son en sí mismas líderes de esperanza para las familias y los caseríos en donde se encuentren. A amigos que me preguntan sobre este tipo de educación, yo les contesto que donde hay niños en Costa Rica, el Ministerio de Educación Pública envía una maestra o educador.

Cabe entonces preguntarse: ¿Qué hacemos cuando pasamos frente a la escuela, en donde se nos enseñó a leer y escribir? Aquí es posible detenerse y preguntar al director de ese centro :¿Qué necesita?, ¿en qué se le puede apoyar? Pues la sociedad, la persona, el antiguo alumno deben mantener un diálogo con los educadores.

La enseñanza no es solo decirles aquí les dejo mi chiquito y hasta luego. Usted, edúquelo, yo me voy. Esto no es así. La educación es una carambola de tres: padres, educadores y alumnos. Solo así vibra el bien formador.

El autor es diplomático.