7 abril, 2014

En una de las paredes del aeropuerto internacional de Bruselas hay un anuncio de Siemens que muestra una de sus locomotoras eléctricas en movimiento y la frase, en inglés, “ Driving economies forward at 350 kilometers per hour ”, que podría traducirse así: “Conduciendo economías hacia adelante a 350 kilómetros por hora”. El anuncio probablemente está concebido para promover el uso y venta de trenes Siemens de alta velocidad, pero, para mí, dice más que eso. Me recuerda que las economías de este mundo tienen grandes desafíos y que para hacerle frente a tanta dificultad e incertidumbre hay que moverse rápido. Que las dificultades hay que enfrentarlas con acciones y no con retórica y que hay que simplificar las cosas en vez de complicarlas. También me recuerda que entre países también se compite, y que ninguno va a esperar al otro en la carrera.

Al otro lado del Atlántico, aquí en Costa Rica, tendremos un nuevo gobierno a principios de mayo. Un gobierno que va a tener que enfrentar retos conocidos como el déficit fiscal y el tipo de cambio, y otros más nuevos como la estructura de costos de operación que cada vez es más cara y que amenaza con ahuyentar la nueva inversión nacional y extranjera. El asunto es muy serio, ya que vivimos de vender al mercado local e internacional y, para seguir haciéndolo, debemos ser competitivos como nación, y esto implica tanto al sector productivo como al Estado.

El costo de producir en Costa Rica está muy atado a las políticas del Estado porque dependemos de “servicios públicos” cuyo costo no controlamos. Así, el costo eléctrico es el resultado de las políticas y decisiones del ICE, la calidad de mano de obra en mucho la controla el INA, el costo de transporte depende de Recope, la velocidad de la Internet también depende del ICE, y el permiso de construir depende del Minae. Como si esto fuera poco, a estos “costos” les tenemos que agregar el más oneroso: el de los trámites.

En Costa Rica todo es complicado. Para abrir una tienda en un local construido hay que pasar por una docena de permisos. Para sacar una cita en la Caja hay que ir personalmente. Para construir una fábrica, donde se van a crear empleos, muchas veces hay que esperar meses para que le otorguen el permiso respectivo. Le hemos perdido tanto el respeto al tiempo que cruzar la GAM toma más que lo que dura el tren de Bruselas a París.

En sencillo, Costa Rica pierde rápidamente su competitividad porque el Estado no está cumpliendo con su parte de la responsabilidad de ser eficiente. En este aspecto, es alentador que quien se perfila como nuestro próximo gobernante ha prometido fomentar la producción y promover más empleo, sabiendo que esto no se logra, si no se facilitan los trámites correspondientes y se aceleran las cosas. Entendamos bien que, en el mundo de hoy, no se puede competir exitosamente en un Estado que se conduce a 20 kilómetros por hora (velocidad promedio del tránsito en la GAM, incluyendo el tren).