9 octubre, 2014

Durante estos meses que han transcurrido después de concluido el proceso electoral, he preferido mantenerme al margen del debate que sobre temas nacionales que se desarrolla en diferentes foros y medios de comunicación.

En este tiempo he reencontrado mi vocación profesional y de juventud, que es el cultivo de la tierra. Echar a andar un proyecto agrícola es una tarea reconfortante por el contacto directo con nuestra gente del campo, que guardan en su corazón lo mejor del ser costarricense. Abrir el surco y plantar la semilla nos hace copartícipes del ciclo de la vida, cargado siempre de esperanza.

He reducido mi actividad política, como corresponde en nuestro sistema democrático, a quien compitió por la Presidencia de la República, que, por voluntad soberana de los electores, fue confiada al candidato de otro partido. Mi deseo es que don Luis Guillermo Solís tenga éxito en su gestión. Si el gobierno del PAC es bueno, al país le puede ir bien; de lo contrario, al país le irá mal. Todos los ciudadanos debemos estar en la mejor disposición de apoyar al gobierno en sus acciones positivas a favor del bien general.

Acuerdo nacional. Los primeros meses de esta administración confirman la complejidad y la dimensión de los problemas que tiene nuestro país. Los costarricenses tienen expectativas de cambio que van mucho más allá de las posibilidades que tiene el gobierno para hacerlo realidad. Durante la campaña esas expectativas fueron exacerbadas con promesas que son prácticamente imposibles de cumplir.

En el proceso electoral, en reiteradas ocasiones insistí en que los problemas de Costa Rica eran de tal magnitud, que no podían ser resueltos por un solo partido político, que se requería de un gran acuerdo nacional para superar las muy serias dificultades que están entrabando el desarrollo del país.

Fue precisamente esa convicción la que pesó de manera determinante en la decisión que tomé el 5 de marzo de suspender mi campaña política para abrir el espacio necesario que nos permitiera iniciar la construcción de ese gran acuerdo nacional. La voluntad de los costarricenses de cambiar el partido en el gobierno se había expresado claramente en el resultado electoral del primer domingo de febrero. Además, fue dramáticamente confirmada por las cuatro encuestas de opinión que tuve a la mano en esos días. También se sumaron las insalvables dificultades económicas que las circunstancias electorales provocaron y el desánimo generalizado en buena parte de nuestra dirigencia.

Es evidente que mi decisión no fue bien recibida por un sector importante de nuestro partido, y algunos que solo piensan en los juegos de poder empezaron a promover una suerte de linchamiento político en mi contra.

Con humildad reconozco que una decisión tan delicada ameritaba un mayor nivel de consulta. Con sinceridad reitero a los liberacionistas y a los costarricenses que en el corazón mismo de aquella decisión estaba la ilusión de crear las condiciones para forjar los acuerdos que el país necesita si queremos avanzar.

A la luz de la realidad es evidente que problemas tan complejos como el déficit fiscal, energía, infraestructura, reducción de la pobreza, competitividad de nuestra economía, no pueden ser resueltos sin la voluntad y la inteligencia política para lograr un gran acuerdo político y social. Los esfuerzos que hasta ahora se han realizado distan mucho de lo que realmente se requiere para alcanzar este objetivo.

Comunicación errática. He tenido el honor de participar en las sesiones de trabajo de nuestra fracción parlamentaria. Hay un gran sentido de responsabilidad en los diputados liberacionistas. Es clara la conciencia de que no somos gobierno y que la mayor parte de la iniciativa en los grandes proyectos nacionales es responsabilidad del Poder Ejecutivo. El ánimo que ha primado en nuestra fracción es el de hacer una oposición constructiva. Sin embargo, la comunicación del Gobierno ha sido errática y muy esporádica; no está claro cuáles son sus prioridades y cuál es el rumbo por el que quiere orientar al país.

El tiempo pasa y los problemas se agravan, el déficit fiscal con particular dramatismo. En campaña hablamos a los costarricenses con responsabilidad, señalando con claridad nuestra propuesta de solución a la crisis fiscal que por años ha padecido el país. Resumimos en tres grandes áreas las acciones a tomar: mejorar la calidad del gasto, aumentar ingresos y reactivar las actividades económicas. Esperamos que en los próximos días puedan surgir las propuestas del Gobierno que permitan abordar con realismo y responsabilidad esos problemas. Está en juego la sostenibilidad del Estado de bienestar y la calidad de vida de muchos costarricenses, sobre todo los más vulnerables.

En medio de mis ocupaciones agrícolas y de mi discreta participación en actividades políticas, sigo estando convencido de que el futuro de Costa Rica depende mucho de la capacidad que tenga nuestra clase política de entender que, más allá de los cálculos electorales, hay que construir un diálogo sincero alrededor de una agenda nacional, en la que lo más importante no es el resultado de las próximas elecciones, muy lejanas por cierto, sino, más bien, el futuro de las próximas generaciones.

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