Opinión

En el umbral del oro

Actualizado el 29 de julio de 2013 a las 12:01 am

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En el umbral del oro

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Al despuntar el día, nos adentramos en la algarabía de los esgrimistas a punto de partir hacia Managua para participar en el Campeonato Centroamericano Cadete y Juvenil. Unos un pringue mayores que otros, pero todos con caretas, guantes, cables, sables, espadas, floretes más o menos herrumbrados, blancos y metálicos trajes en pesados bultos, sueños y esperanzas. No tienen pinta de turistas y es que no lo son. Son atletas que empuñan esperanzas y perfilan estrategias para obtener el mayor número de medallas posible.

El escenario de combate de los esgrimistas no deja de ser deslumbrante. El sonido de los metales en batalla, los timbres de puntaje con lucecillas rojas y verdes, los ademanes del lenguaje del árbitro, casi siempre en traje formal muy a pesar de la temperatura inclemente, el silencioso toque de queda a la hora del combate y un ahogado ¡ah! de los espectadores. Se tienen que vencer contrincantes en varias “pooles”, de los cuales quedan cuatro puestos con medallas: tercer y cuarto puesto, medallas de bronce; segundo puesto, medalla de plata y primer puesto, medalla de oro.

Nuestros esgrimistas costarricenses porque, sí, buen lector, quiero que se sienta usted concernido patrióticamente en estos resultados, han obtenido dos medallas de oro, cuatro medallas de plata y diez medallas de bronce. Dicho de manera más literaria, estamos en el umbral del oro. ¿Y por qué no más oro? La distancia y diferencia entre ser el mejor y casi el mejor parece estrecha y cercana. Sin embargo, el salto cualitativo conlleva un esfuerzo de técnica que se traduciría no en más trabajo sino más bien en un enfoque diferente. La puesta a disposición de recursos por parte de las instituciones concernidas en el quehacer esgrimista debería posibilitar el avance real para cruzar el umbral de la plata y del bronce donde parece que estamos estancados y, si no, por lo menos demasiado bien acomodados a pesar de los arduos esfuerzos que los atletas hagan por romper sus propios récords.

Las listas de supermercado nunca han sido mi fuerte. Sin embargo, existe una prioridad que encabeza, en mi opinión, la lista de los esgrimistas: la formación técnica de alto nivel. Al igual que los techos del Banco Central, la esgrima no está exenta de los límites de sus maestros que se han dedicado, en su mayoría “ad honorem”, a sus pupilos contrariando su quehacer laboral cotidiano o, en el mejor de los casos, tratando de armonizar su vocación deportiva con su realidad laboral. Tanto los entrenadores nacionales como los atletas son conscientes de la imperiosa necesidad de incrementar su formación y nivel técnico bajo la dirección de maestros extranjeros. Sabemos que nuestra cultura se ha visto elevada por los esfuerzos institucionales y de gobierno para enriquecerse con el conocimiento extranjero. Prueba de ello es nuestro sistema de educación con matices europeos. La cultura deportiva tradicional y no tradicional no debe, por tanto, estar exenta de este enfoque y esfuerzo cultural que nos caracteriza.

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Los deportes no tradicionales han ensalzado al país con lo que para muchos son sorpresivos éxitos. Pero no nos engañemos, son éxitos cincelados al son de un trabajo casi obstinado pero cumplido día a día con empeño, perseverancia y, lo más importante, con convicción. Los costarricenses debemos sentirnos concernidos de las proezas que nos ofrece hoy la esgrima.

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