28 noviembre, 2014

La verdadera realidad está más allá de las apariencias, de las cosas, pero debemos protegerlas y conservarlas para el disfrute propio y de quienes vendrán después. La naturaleza debemos cuidarla racionalmente, y con respeto y cariño, sin explotaciones ilimitadas.

En España, recientemente extrajeron gas mar adentro, a muchos kilómetros de la costa, y comenzó a temblar en el pueblo costero. Hubo protestas, cesó la explotación e inmediatamente cesaron los sismos. Esta misma protesta se repitió en las Islas Canarias ante la probable explotación petrolera, a 50 kilómetros de distancia de una de sus islas. La excavación estuvo en disputa judicial. Posteriormente, los tribunales la permitieron.

Destrucción. El padre de los mares, Jacques Cousteau, si viviera, sería el primero en oponerse, y quizá diría que, así como estamos destruyendo el mar, estaríamos destruyendo el planeta con la reciente fragmentación norteamericana, destinada a extraer petróleo de las rocas más profundas del fondo marino. Igual destrucción está ocurriendo con el calentamiento global. Ya subió la temperatura 2 grados centígrados. Todos conocemos las consecuencias: inundaciones de ciudades, tornados, derrumbes y tifones, vientos de alta velocidad, cambios de temperatura intempestivos, deshielo de los polos…

Las grandes bocanadas de humo o toneladas de carbono son alarmantes. China, Estados Unidos, Rusia, la India, Canadá y otros países las practican. A estas naciones les importan primero los negocios, aunque el mundo se hunda.

Veremos lo que pasa en París al respecto el próximo año. Además, ya llegan a millones de kilómetros cuadrados los espacios sin ozono, oxígeno que impide el paso de los dañinos rayos ultravioleta. Este es otro efecto de tanta contaminación atmosférica.

Emisión de gases. En la reciente reunión del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, siglas en inglés), efectuada en Copenhague, Dinamarca, con 800 científicos, su presidente, Rajendra Pacahuri, dijo: “Tenemos la oportunidad, y la elección está en nuestras manos”. En este último país se acordó la disminución de entre un 40% y un 70% de la emisión de gases para el año 2050.

Por otra parte, el presidente de China acaba de afirmar que iniciará la rebaja en el 2030, y Obama lo intentará para el 2025, y en estos días se informó de una donación de $3.000 millones, aportados por la ONU, a fin de combatir dichas emisiones.

Trato racional. Estos 800 científicos abogan por detener el calentamiento de la Tierra, o sea, por preservar la vida del planeta y el futuro de la humanidad.

No olvidemos que nuestro planeta es también un ser vivo, con mares, bosques, animales y paisajes, y, en consecuencia, pide, para seguir viviendo, un trato racional, una bocanada de amor y un abrazo de respeto.

Invito a leer la información de La Nación del pasado lunes 3 de noviembre, titulada “Expertos urgen detener aumento en temperatura”, así como también el magnífico editorial del martes 11 del mismo mes.

Ojalá que en el siglo XXI florezcan estas dos palabras: amar y corresponder.

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