Opinión

Sobre transgénicos y falsos profetas

Actualizado el 06 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Es hora de buscar opciones ecológicas de alimentación

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Sobre transgénicos y falsos profetas

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Recientemente, el señor Kéilor Rojas , viceministro de Ciencia y Tecnología, hace una serie de apreciaciones infundadas sobre el tema de los cultivos genéticamente alterados (transgénicos) que es necesario rebatir con argumentos, y no con adjetivos descalificadores. Veamos:

La mayor parte de las declaraciones, que ataca sin sustento y de manera generalizada, se remiten exclusivamente al tema de las variedades de maíz transgénicas. En ellos se ofrecen argumentos que, a la fecha, no han podido ser rebatidos, como el tema de la contaminación genética.

Entre estos, se destacan pronunciamientos de las cuatro universidades públicas, la Junta Directiva del Colegio de Ingenieros Agrónomos, y organizaciones de agricultores como Upanacional.

Las “habilidades especiales”, como las llama el señor viceministro, incorporadas a la brava y al azar (como se lo puede explicar cualquier biotecnólogo) al material genético de estas variedades sintéticas, se limitan prácticamente a dos: tolerancia a herbicidas de la misma corporación y larvas de dos familias de insectos. Estas “habilidades especiales” provienen del material genético tomado de una o varias especies de otros organismos (bacterias, virus, etc.), que pueden producir también otros tipos de “habilidades especiales” impredecibles y no deseadas, como lo reconoce el informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Hasta un niño de escuela sabe que la nutrición es un tema complejo que no se resuelve con la producción de frutos que contengan “más” de todo. De hecho, “más” de algo es, en ocasiones, perjudicial (ej. hipervitaminosis). El cacareado ejemplo del “ arroz dorado ” es una muestra de un intento fallido y sin sentido en esta dirección. De igual manera, el señor Rojas cita que se han generado plantas resistentes a sequías, sin indicar que, en realidad, al igual que los cultivos que contienen “más de todo”, son inventos en proceso de investigación y que, adicionalmente, no están exentos de riesgos .

Los cultivos son organismos vivos que responden únicamente a las leyes de la naturaleza, y no a los caprichos del capital corporativo, ni a las “buenas intenciones” de los funcionarios gubernamentales y los científicos ligados a est e. No se trata de un juego con piezas de Lego, donde los genes pueden combinarse al antojo, sin esperar que no llegue a pasar nada más que lo que se desea.

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Según el señor Rojas, el hecho de que estemos consumiendo estos alimentos desde “hace más de 20 años” (sic, el primero de estos se liberó hace 17 años) es una prueba irrefutable para asegurar que no hay problemas de salud en este sentido. ¿Podríamos decir lo mismo de los plaguicidas y los medicamentos “seguros” que se han venido prohibiendo una vez que se conocieron sus efectos negativos años después? ¿Tendrán que pasar otros casi 100 años, como sucedió con el tema del tabaco, para llegar a reconocer los efectos de este sobre la salud? En el artículo “ Alimentos transgénicos: incertidumbres y riesgos basados en evidencias ” se hace referencia a este tema.

El señor viceministro intenta hacernos creer que los efectos sobre la disponibilidad y costos de los productos de la explotación animal están asociados casi que exclusivamente a “cualquier restricción” que se haga sobre los concentrados con que se alimentan (maíz y soya transgénicos), cuando todos sabemos que los efectos precitados responden más a otro tipo de factores, como la disponibilidad en el mercado de estos productos. No es ético, ni correcto ni conveniente continuar con este tipo de modelo alimentario, dado que aquí nos ponen a competir –seres humanos, animales y autos– por los mismos recursos, y en este caso estos irán –en la lógica corporativa– donde “mejor caliente el sol”. Ya es hora de redescubrir, buscar e implementar opciones ecológicas de alimentación animal, así como de fuentes energéticas.

Si bien, a la fecha, pareciera ser que algunos ejemplos de aplicación de este tipo de biotecnología están funcionando en el campo de la salud con la producción de ciertos productos elaborados en fábricas bajo condiciones controladas, no puede decirse lo mismo, por razones obvias, con respecto a los cultivos y animales transgénicos que lleguen a liberarse al ambiente. Son temas diferentes que deben tratarse como tales, dado que, como el señor viceministro lo reconoce, “lo prudente en este tema es analizar caso por caso”.

Finalmente, don Kéilor termina su artículo con el típico discurso del miedo, al recitar la cantaleta que utiliza la industria corporativa para que sus productos sean aceptados sin cuestionamientos: más población, menos alimentos, hambrunas... La aseveración de que estos y otros problemas “difícilmente se superarán sin el uso de organismos genéticamente modificados” es, a todas luces, infundada y temeraria. Ignora el señor Rojas que el tema del hambre en un tema complejo que no depende únicamente de los rendimientos de los cultivos. Por lo demás, estos cultivos han sido incapaces de demostrar que puedan mantener en el tiempo sus cuestionados rendimientos .

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Sí, señor viceministro, “más mesura, por favor, que en esta era de la información y el conocimiento ya no es tan fácil tapar el sol con un dedo”, y menos en un tema como estos donde están a la vista los efectos colaterales negativos que han traído a la población y al ambiente la utilización de este tipo de cultivos en los pocos países del mundo que los han aceptado. ¿Será por esto que ya no comemos cuento tan fácilmente con antes?

Jaime E. García González Doctor en Ciencias Agronómicas. Red de Coordinación en Biodiversidad, catedrático UNED y UCR.

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