Opinión

Como un traje a la medida

Actualizado el 26 de abril de 2014 a las 12:00 am

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Como un traje a la medida

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No hay nada mejor, ni más confortable, que hacerse un traje a la medida con un buen sastre. Eso lo sabe cualquier persona. Se escoge la tela indicada, una que no desate las alergias, que no produzca demasiado calor y que, a la vez, proteja del frío. Además, cuando se alcanzan ciertas edades, se disimulan todas las protuberancias que inevitablemente van saliendo, y se potencian las virtudes corpóreas que aún puedan quedar. Un traje a la medida.

En la política, en cambio, pocas cosas se pueden hacer como un traje a la medida. La política es la arena de los intercambios comunicacionales y culturales entre conglomerados diversos, plurales. En la política, estos conglomerados se reúnen, ora dialogan, ora luchan, se entrelazan o se tensan bajo la mediación del Gobierno, en aras de obtener cuotas de poder. Así suele ocurrir al menos en una democracia consolidada como es la costarricense.

Primer paso. Todo gobierno tiene un momento iniciático, un primer paso, una primera señal a la sociedad acerca del rumbo que podría tomar, y este puede ser el de la integración del gabinete que acompañará al presidente electo. Con frecuencia, ahí puede que comience también a desgranarse la mazorca. En el mejor de los casos, principia el diálogo con el conglomerado social. Solo que la comunicación acerca de la integración del gabinete posee en este primer instante un carácter irrevocable. Así es, cuando menos, hasta que las personas designadas a ocupar los principales cargos en los ministerios y en las instituciones autónomas sean sometidas a prueba dura y pura hasta alcanzar la pátina que solo el tiempo da.

Antes de que eso ocurra, no es dable que el presidente electo reconsidere una decisión de esa envergadura tras haberla hecho pública, aunque se produzcan sobresaltos o resquemores de parte de sectores hacia este o aquel jerarca recién nombrado.

Capacidad intelectual. En esta coyuntura importantísima –pero insisto– inicial se encuentra el gobierno del presidente electo, Luis Guillermo Solís Rivera. Por lo pronto, el anuncio del gabinete y de algunos miembros de las autónomas deja ver un conjunto caracterizado por una extraordinaria capacidad intelectual, profesional, y, por añadidura, es gente que se ha comprometido con los principios éticos del PAC. La mayoría, eso sí, tendrá que pagar el precio del “descorche”, o la prueba del aprendizaje, por la falta de experiencia de la que adolecen muchos de ellos en la Administración Pública. Este hecho es completamente normal y, además, era previsible, puesto que se trata de un partido político que nunca ha gobernado el país.

Por añadidura, diré que una buena parte de la ciudadanía comparte el riesgo con el presidente Solís, por cuanto el apoyo abrumador que se le dio en la segunda ronda (78% de los que concurrieron a las urnas) comportaba una apuesta, la exigencia de un cambio, como si dijéramos “un golpe de timón” en la ruta que llevaba la nave del Estado costarricense.

Por otra parte, no se puede dejar de lado tampoco que los nombres propuestos aportan ingredientes imprescindibles para una nueva acción pública de calidad, por la experiencia que denotan haber tenido tanto en el ámbito académico, como en la empresa privada. Esto es muy relevante para que la Administración Pública se nutra de nueva savia vivificante.

Voto de confianza. De ahí en adelante, es bueno entender que, en esta materia, no existe ni podrá existir “un traje a la medida” para cada uno de los miembros de la ciudadanía. Esto no se ha dado en ninguna parte del mundo. Por lo tanto, conviene darle al presidente electo una venia, una especie de “bono” o voto de confianza, siempre que se juzgue que, en lo medular, los miembros del gabinete que se nos ha anunciado reúnen las condiciones del contrato (deberíamos resaltar esta palabra) sellado por Luis Guillermo Solís con la ciudadanía durante la campaña electoral.

Es obvio que ese voto de confianza no es un cheque en blanco, pero parece muy conveniente otorgarle al presidente electo y a su gabinete el beneficio de la duda, pues –lo repito ahora– el “traje a la medida” en esta materia no existe. La ruta está trazada por el conjunto, antes que por las individualidades. En el camino se ajustarán las cargas.

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