Opinión

‘O traigo la democracia, o me voy con ella’

Actualizado el 23 de febrero de 2014 a las 12:00 am

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‘O traigo la democracia, o me voy con ella’

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En los años sesenta, cuando el pueblo cubano enfrentó la incipiente dictadura fidelista, lo hizo violentamente. Era lógico, Cuba venía de años de lucha contra una dictadura brutal y los cubanos habían aprendido a exigir sus derechos a golpes.

Cuando a comienzos de este siglo el chavismo comenzó a imponerse por la fuerza, los venezolanos respondieron con la protesta cívica. Era natural, Venezuela había gozado de un largo período democrático donde los derechos se defendían con argumentos y actitudes mesuradas. Pero el chavismo, al igual que el fidelismo, venía para quedarse sin importarle mucho la opinión de la gente.

En Cuba muy rápidamente el Gobierno militarizó al país y logró acabar con la insurrección a base de muertos, presos y exilados. En Venezuela, el proceso ha sido más lento. Utilizando los fondos del petróleo, primero Chávez y ahora Maduro, compran a vastos sectores de la población, arreglan elecciones, acaban con los medios de comunicación y arrinconan a la oposición que, sin recursos económicos ni medios donde expresarse, ni apoyo de poder alguno, languidece lentamente.

Pero el sistema venezolano y el cubano son profundamente ineficientes. Cuba era la “Perla del Caribe”, la “Azucarera del mundo” y hoy en día es un país depauperado y sin futuro. En el caso de Venezuela, y a pesar de su riqueza petrolera, el país está sufriendo de carencias que hacen la vida cada vez más insoportable. Faltan la electricidad, el pan, el papel de todo tipo. La inseguridad es rampante y la ineficiencia estatal se hace evidente hasta para resolver problemas elementales.

La situación general se ha deteriorado tanto que en algunas encuestas indican que las bases populares del Gobierno comienzan a tambalear. Los venezolanos han acudido a las urnas infinidad de veces porque creen que ese es el camino. Han logrado unir a la oposición y han ganado elecciones importantes y han ocupado espacios. Hoy la oposición representa más de la mitad del electorado. Pero no ha sido suficiente. Hacía falta algo más para recuperar la democracia.

Cuando los estudiantes venezolanos, que casi siempre son los que comienzan los movimientos importantes en la historia de Venezuela y del mundo, empezaron a protestar por la falta de seguridad, el Gobierno respondió brutalmente. Reprimió y encarceló a muchos estudiantes. Inmediatamente la protesta subió de tono e incluyó la libertad de sus compañeros presos.

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Gobierno despiadado. Ahora, la situación tiende a complicarse porque el régimen de Maduro le está dando una respuesta “cubana” a una situación totalmente venezolana. El gobierno de Maduro surgió de una elección dudosa. Su nacionalidad primaria está seriamente cuestionada. Maduro no tiene el carisma de Chávez, ni su control sobre las fuerzas armadas. El apoyo cubano está jugando en su contra. Y cada vez es más evidente su responsabilidad en la debacle que vive el país.

Si la protesta estudiantil sigue, si logran el apoyo de los barrios pobres de Caracas y el resto del país, entonces la situación de protesta estudiantil tomará otro cariz y se potenciará con la situación económica y de inseguridad y el gobierno actual penderá de un hilo.

Para ello, los líderes políticos deberán apoyar el proceso en unidad, los participantes en las protestas no deberán dejarse atrapar por las fuerzas armadas de un Gobierno despiadado, y los estudiantes deberán aliarse a los barrios, incrementar sus exigencias y mantenerse en la calle.

Bassil Alejandro Dacosta Frías, el primer muchacho en morir de un tiro en la cabeza, disparado por un policía, le había dicho a su madre esa mañana, al salir de su casa: “O traigo la democracia, o me voy con ella”. Si esa es la mentalidad de la oposición, Maduro y su Gobierno están en un serio peligro.

Joaquín Pérez Rodríguez, exviceministro de Información de Venezuela y consultor electoral internacional.

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