13 marzo, 2015

Todo importa, desde un recuerdo hasta una palabra. Como decía José Hierro, Premio Cervantes 1998, “tarde se encuentra lo sencillo”. Y lo sencillo podría ser el canto de un pájaro al atardecer, cuando la brisa se tiñe de rojo y la mañana es dorada; o cuando emerge el recuerdo de la voz de Ezequiel al cortar las espigas de arroz apenas rayando el sol; o el corpulento Trino llevando sobre sus espaldas el saco de la mies húmeda y fresca.

¿A quién le puede importar el viejo recuerdo de unas granzas cayendo de la vieja machina en un manteado que ayer era más blanco?

Pocos recordarán la vida que pasó, el tiempo perdido, la sombra opaca de un recuerdo… Ciertamente, la memoria, ese registro del tiempo, es también vida; conviene llamarla de nuevo para no recrear lo irrepetible, y así purificar el corazón y limpiar la mente de miserias, flaquezas y engaños. Todo importa en la vida, hasta la pequeñez de una hormiga llevando un pedazo de flor a su hormiguero, o las mariposas azules volando hacia el norte.

En cambio, unos piches cantores volaban hacia el sur. Ya se ocultaba el sol, caía la noche, cesaba el viento y llegaba el silencio. Mañana –canta José Hierro– “soles brillarán en cielos nuevos”. Y aparecerá lo más importante: el tesoro de la vida diaria.

El peso de la memoria. ¿Cómo se vivirá? Unos mirando el presente, otros mirando el presente y el más allá, donde los ojos traspasan la nada y buscan con determinación lo permanente. Todo importa en la vida: “Busco las huellas de la tierra perdida y la voz fugitiva del tiempo infinito” (del poeta Néstor Mourelo). Sorprende, igualmente, el peso de la memoria sobre algunos costarricenses, quienes con frecuencia prestan oídos sordos a las sugerencias, críticas y peticiones publicadas en los medios de comunicación.

Hace ya muchos años, un conocido profesor de la universidad de París recomendaba estos tres pasos para actuar: pedir consejo, juzgar y tomar decisiones. Si así actuáramos, nuestro país sería más próspero y de mayor justicia social. Pero una intrincada madeja de leyes, reglamentos y demás disposiciones, no permite funcionar con regularidad a nuestro Estado de derecho. Porque Costa Rica ha olvidado la responsabilidad de hacer bien las cosas, con prisa y con pausa.

Todo importa en la vida, todo tiene sentido, lo pequeño y lo grande.

El autor es abogado.

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