17 marzo, 2015

A raíz de la decisión del Banco Central de abandonar el sistema de bandas cambiarias, es oportuno reflexionar sobre la evolución del tipo de cambio en el contexto de las principales economías latinoamericanas, con las cuales competimos en exportaciones y atracción de inversiones.

Comparando los datos de octubre del 2007, cuando se abandonó el sistema de minidevaluaciones, con el último día hábil de febrero, vemos que en siete años y cuatro meses el colón se ha devaluado únicamente un 3% con relación al dólar.

En contraste, durante el mismo periodo, el peso mexicano se ha devaluado un 37,8%, el peso colombiano un 23,8%, el real brasileño un 56,5% y el peso chileno un 22,3%.

Como en muchas ocasiones se asocia un mayor nivel de devaluación con un mayor nivel de inflación, resulta interesante observar que durante esos siete años la inflación en Costa Rica alcanzó un 49,7%, a pesar de estar el tipo de cambio prácticamente anclado, mientras en México los precios al consumidor aumentaron un 34%, en Colombia un 27,2%, en Brasil un 46,4% y en Chile un 24,4%. O sea, sus monedas mantuvieron un poder de compra estable; en Costa Rica, en cambio, se encarecieron los costos de producir y se abarataron los precios importados sin beneficio para el consumidor de menor ingreso.

Otra forma de apreciar este fenómeno es mediante el índice de tipo de cambio efectivo real multilateral, con ponderados móviles, que publica el Banco Central. Dicho indicador alcanzó el 104,1 en octubre del 2007 y el 79,7 en enero del 2015. Este índice compara el poder de compra del colón en términos reales (después de la inflación) en relación con las monedas de nuestros principales socios comerciales.

Para que el tipo de cambio actual mantuviera el mismo poder de compra que el de octubre del 2007 cuando se abandonó el sistema de minidevaluaciones, tendría que devaluarse un 30,6% (tomando en cuenta los diferenciales de inflación con nuestros socios comerciales).

Todas las cifras anteriores apuntan a una sobrevaluación del colón muy significativa, con la consecuente pérdida de competitividad de nuestro país para exportar o atraer inversiones. Esto tiene como resultado menor dinamismo en el crecimiento y en la generación de empleo en varios sectores, como por ejemplo la industria, la agricultura y hasta el turismo.

Ciertamente, se han generado nuevos empleos en el sector servicios, pero para distinto perfil de trabajador. No podemos comparar unos puestos con otros, ni reeducar la fuerza laboral para que hable inglés o maneje programas informáticos sofisticados o de ingeniería.

Hay una gran cantidad de operarios industriales y de agricultores cuya educación, vocación y habilidades no pueden trasladarse a otros sectores, aparte de que en actividades como el turismo los países de la región ofrecen una geografía similar a menores costos.

El déficit de la balanza comercial de bienes, o sea el exceso de las importaciones sobre las exportaciones, pasó de $3.609 millones en el 2007 a $5.623 millones en el 2013 ($3.914 millones al tercer trimestre del 2014).

Desempleo. Otro aspecto, quizás el más importante, es el efecto en el empleo. Mientras en el 2007 en Costa Rica la tasa de desempleo era del 4,6%, a finales del 2014 subió a un 9,7%.

Si se considera la tasa de desempleo ampliada, que incluye a los que desistieron de buscar trabajo, se obtiene un alarmante 11,6%.

Los desempleados en nuestro país pasaron de ser 92.792 en el 2007 a 220.175 en el 2014, sin contar el subempleo, que asciende a un 14,2% adicional. En total, tenemos un 25,8% de personas sin un empleo de tiempo completo.

No estoy afirmando que lo anterior se derive de la sobrevaluación del tipo de cambio, pero el hecho sí tiene una gran cuota de responsabilidad, pues el modelo de desarrollo basado en exportaciones se sustituyó, aunque no quiera reconocerse, por otro basado en el consumo interno.

El actual primer ministro japonés ha considerado una de las prioridades de su política económica impedir que por razones de sobrevaluación del tipo de cambio su economía, basada en exportaciones, pierda competitividad. En Estados Unidos, por otro lado, la Reserva Federal ha guiado su política monetaria hacia la reducción del desempleo, y lo ha conseguido en buena medida.

Reformas legales. Existen otras reformas legales importantes con relación al empleo, como las jornadas de trabajo, por cuya flexibilidad el sector productivo viene clamando desde hace años. Pero es necesario ver el conjunto de políticas económicas en contexto con lo que está ocurriendo en otros países y asumir, en un mundo cada vez más interdependiente, una posición más pragmática y realista, y colocar el crecimiento económico y el empleo en la prioridad de las políticas económicas del país.

Por otro lado, como lo señalé en otro artículo, en Costa Rica no hay un mercado secundario eficiente de bonos en moneda local (tasas de interés en colones) por la falta de estandarización y volumen de las emisiones de bonos de Hacienda y el Banco Central (el FMI ha llamado a que se tomen medidas al respecto).

Las consecuencias de este hecho (por la íntima relación existente entre tasas de interés y tipo de cambio) unidas al poco volumen de negociación en Monex condicionan que el mercado cambiario local no sea eficiente. Mientras esos mercados no funcionen eficientemente, no puede esperarse que descubran adecuadamente precios tan importantes como el tipo de cambio y las tasas de interés.

Debe tomarse en cuenta, también, que en los últimos años el país puso en vigor convenidos comerciales como el TLC con Estados Unidos, el acuerdo con Europa y varios otros países, lo cual significó un cambio en los fundamentos de intercambio comercial y debió implicar un ajuste en el tipo de cambio.

Esperamos que las realidades anteriores propicien un amplio debate acerca de las políticas monetarias, cambiarias y bursátiles, en el contexto internacional actual, para modernizar las condiciones de los mercados de negociación, las políticas y las instituciones, sin dejar, como hasta ahora, que los desempleados y las empresas locales sufran las consecuencias de la improvisación, la omisión y la falta de visión.

Adicionalmente, el Poder Ejecutivo y la Asamblea Legislativa deben abocarse a aprobar un proyecto de flexibilidad de jornadas laborales y otras iniciativas que promuevan la creación de empleos. En fin, colocar la reducción del desempleo y la estabilidad externa de la moneda, en términos reales, como unas de las metas centrales de la política económica nacional.