Ojalá haya absoluta transparencia y una forma distinta de tomar decisiones públicas

 23 abril

El 12 de abril el presidente manifestó que “cerrar el Banco Crédito tiene un costo inmenso para el erario. Más de un 2% del producto interno bruto (PIB)”, según le dijeron “los expertos”.

De acuerdo con el Banco Central, en el 2016, el PIB de Costa Rica fue de $57.433 millones, por lo que más de un 2% significa un costo superior a $1.150 millones.

Me parece de fundamental importancia, para no confundir a la ciudadanía, confirmar si efectivamente este costo inmenso realmente existe.

A fines de diciembre del 2016, según datos de la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef), publicados en su página web, los recursos totales invertidos en dicho banco, conocido como el activo total, asciende a $1.254 millones.

De acuerdo con la misma fuente, los pasivos a dicha fecha fueron $1.130 millones y el patrimonio contable una suma equivalente a $124 millones.

Pareciera ser, por aproximación, que nuestro presidente, según el consejo de sus asesores, se refería a un costo equivalente a los pasivos totales de la entidad

Tratando de poner en contexto la frase de don Luis Guillermo, tal vez su comentario obedece a que si la situación del Banco no se resuelve con urgencia podría haber un cargo contra el erario al tener que hacerle frente a un problema de liquidez, proveniente de la no renovación de las captaciones que haga el público y los inversionistas institucionales, en cuyo caso correspondería a Hacienda hacer frente a esos retiros, aportando los depósitos respectivos, con el correspondiente costo financiero.

Aun si ese fuera el caso crítico, los activos no desaparecen y no es posible concluir que exista una pérdida o un costo equivalente al 2% del PIB.

Distribución. Los activos totales tienen un valor de recuperación que no es cero. Están constituidos en un 63% por cartera de préstamos, un 19% por inversiones en títulos valor del mismo Gobierno, un 14% por disponibilidades, dinero líquido incluidos los depósitos en el Banco Central por el encaje mínimo legal, un 3% por las sucursales y otras edificaciones actualmente en uso para brindar los servicios y un 1% por otros rubros.

En la práctica de valoración de un negocio en marcha, existen diferentes metodologías. De las más utilizadas, procedo a detallar la del patrimonio contable ajustado y la de capacidad de generación de flujos de utilidades futuras.

En el primer caso, el ejercicio consiste en tomar los valores de los diferentes rubros que conforman el activo total, pero castigados por porcentajes de descuento.

Siendo esto así, y según mi experiencia, si se toma la cartera de crédito al día o con atraso de menos de 90 días, al 85% de su valor contable, las disponibilidades e inversiones en títulos valores por el 95% de su valor, los bienes en uso al 70%, otros activos al 50% y la cartera a más de 90 días y en cobro judicial se limpia contra la estimación de incobrables, se llega a determinar que el valor de liquidación de los activos o los activos realizables alcanzan una suma de $1.095 millones, que es inferior al total de obligaciones por $1.130 millones, con un faltante de $36 millones.

Ahora bien, se cuenta con cerca de 750 empleados, distribuidos en 35 diferentes ubicaciones.

El gasto anual en personal es de $29 millones. Según la legislación laboral costarricense, por cada año laborado por concepto de prestaciones laborales se tiene derecho a un mes de salario, es decir, $2,4 millones.

Como la antigüedad laboral no aparece en el sitio web de la Sugef, supongo que se trata de doce años de derechos, o sea, $29 millones. Además, para ayudar con el proceso de reubicación de este personal, se supone un premio adicional por movilidad laboral de ocho salarios, es decir, $19 millones.

De esta manera, la liquidación laboral total sería de $48 millones.

Es bajo este escenario que tal vez la expresión del presidente tenga razón parcial, pues se tendría un costo por el cierre del Banco equivalente a $84 millones, lo cual representa un 0,15% del PIB, cifra muy inferior al dato suministrado por los expertos.

Un método más preciso y justo es proyectar en el futuro la capacidad que tiene esta organización de generar contribución o flujos, si se administra por un tercero de forma diferente a cómo se ha venido haciendo por años.

En ese sentido, durante el 2016 el margen financiero neto de estimación por incobrables fue de $43 millones.

Suponiendo que no existen gastos administrativos, los cuales son asumidos por la estructura ya existente de la entidad que compra o absorbe a Bancrédito, y tomando dicho margen al 85%, neto de la tasa de impuesto sobre la renta y otras participaciones del 37% (es la tasa actual de Banco de Costa Rica), la contribución anual esperada es de $23 millones.

En finanzas, existe un concepto técnico que es el costo de capital para referirse a la tasa de rendimiento mínima que un accionista o empresario esperaría tener en sus inversiones, supongamos un 15% en dólares.

Además, al menos se esperaría que esos flujos puedan crecen un 6% anual, con lo cual, la tasa de descuento utilizada para traer a valor actual o presente los flujos futuros es del 9%.

Por una fórmula aritmética, el valor presente sería el flujo anual esperado, $23 millones dividido por el 9%, daría un valor actual aproximado de $255 millones.

Si a esta suma le restamos los $84 millones de la liquidación laboral y suponemos otros gastos producto de la fusión o absorción de este banco por $10 millones, nos quedaría un valor ajustado de mercado de $160 millones.

Buena negociación. El valor del patrimonio contable en libros al 31 de diciembre del 2016 es de $124 millones, con lo cual técnicamente esta entidad no tiene ningún costo para el erario, por el contrario, en una buena negociación, como sociedad, se podría obtener un múltiplo al menos equivalente a 1,3 veces su valor en libros.

Quisiera ser objetivo y no pensar que lo que prima hoy es un cálculo de política electoral que lleve a algunos a pensar que lo más adecuado es tirar la pelota hacia adelante y pasarles el problema a las próximas administraciones.

Sin un plan estratégico definido, con una estructura de fondeo sumamente cara, una confianza resquebrajada, unos criterios de asignación crediticia que no han sido los más adecuados, con una dependencia absoluta del margen de intermediación financiera sin prácticamente ingresos por comisiones o servicios y con poca presencia de banca personal o al menudeo, técnicamente es evidente que Bancrédito no puede seguir su operación, con el peligro de convertirse en un riesgo para la estabilidad del sistema financiero y de la economía en general.

Recordando el discurso de don Luis Guillermo al asumir la presidencia el pasado 8 de mayo del 2014, cuando juró hacer un gobierno transparente, ojalá haya absoluta transparencia, objetividad y una forma distinta de tomar decisiones públicas transcendentales pensando en el bienestar colectivo.

“Cuando me equivoque, corríjanme. Cuando me pierda, búsquenme”. Dios lo ilumine, señor presidente.

El autor es economista.