Opinión

Es tiempo de hacer historia

Actualizado el 21 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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Los Premios Nacionales de Cultura fueron creados en 1961 como el principal reconocimiento del Estado costarricense a los logros de sus ciudadanos en el campo cultural. Desde entonces, la legislación que sustenta estos premios ha sufrido cambios parciales, pero nunca ha sido reformulada de manera integral.

¿Por qué resulta imprescindible hacerlo ahora? En el año 2011, Costa Rica ratificó la Convención de la Unesco sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales. Este acuerdo comparte una visión que el Ministerio de Cultura y Juventud ha impulsado y celebrado incansablemente: la diversidad cultural, característica esencial de la humanidad, fortalece nuestros valores y nuestra capacidad creativa, y es por ello motor de desarrollo y elemento constitutivo del respeto mutuo y la paz social.

Al iniciar la Administración, y gracias al aporte de Naciones Unidas, conocimos un estudio que analizaba varios programas estatales desde el punto de vista de la interculturalidad, es decir, según su capacidad de generar una interacción equitativa y respetuosa entre las diferentes culturas presentes en Costa Rica.

El caso de los Premios Nacionales fue motivo de cuestionamiento, reflexión y replanteamiento, pues promueve una visión de la cultura excluyente, que discrimina las manifestaciones culturales de origen autóctono y popular. Prueba de ello es que los dos premios que se otorgan actualmente en reconocimiento a la labor de toda una vida –el Magón y el de Cultura Popular Tradicional– cuentan con dotaciones económicas totalmente desiguales: el segundo percibe un 70% menos que el primero.

La renovación de los Premios Nacionales constituye un paso fundamental en la consolidación de un Estado que reconoce y visibiliza la labor de quienes se dedican al fortalecimiento de las diferentes culturas, aquellas que conviven en nuestro territorio y, con ello, contribuyen decididamente con la construcción de un nuevo sentido de nación.

Este primer aspecto se suma a la obligación de aprobar el proyecto de reforma a la Ley de Premios Nacionales en el mes de noviembre, a fin de asegurar que se puedan entregar los galardones cuyos jurados no se pueden conformar por razones legales. Esta imposibilidad legal, que escapa el control del Ministerio, se origina en el hecho de que la Asociación de Autores –organización privada creada en la década de los sesenta, y que por ley nombra representantes en varios de los jurados de los Premios– ha dejado de funcionar, lo cual genera la necesidad ineludible de actualizar la normativa.

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De no aprobarse esta reforma, el próximo año no contaremos con algunos de los premios más relevantes para el sector: el Magón, los premios de Teatro, el Pío Víquez al periodismo y los premios Aquileo J. Echeverría.

Por ello, desde el 2010 trabajamos intensamente en un proyecto de ley de Premios Nacionales consensuado gracias a los aportes de creadores, académicos y gestores culturales.

Tenemos la oportunidad de construir un país que reconoce la cultura como un derecho, y la diversidad, como nuestra mayor riqueza.

Es tiempo de hacer historia. Hagámosla ahora.

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