Opinión

Con el tiempo, el tiempo cambia

Actualizado el 24 de junio de 2012 a las 12:00 am

La historiauniversal es un lugarcargado de horroresy esperanzas

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Con el tiempo, el tiempo cambia

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En la historia universal se presentan períodos de tiempo en los que se producen hechos que inauguran nuevos escenarios y etapas de desarrollo. Al acumularse cambios sociales parciales y progresivos, positivos y negativos, llega un momento en el que se genera una ruptura que en pocos años, meses, semanas, e incluso días, modifica las coordenadas de la historia, dando lugar a un cambio de época.

I. Una hipótesis. La última vez que se produjo una ruptura del tipo referido fue entre 1978 y 1991, cuando cambiaron los modelos de desarrollo económico, creció la influencia de las filosofías liberales y democráticas, desaparecieron la Unión Soviética, el Pacto de Varsovia, el Consejo de Ayuda Mutua Económica, las dictaduras en Europa Central, se debilitó el militarismo en América Latina, finalizó la Guerra Fría y se relanzaron las economías de mercado. Mi hipótesis es que tres décadas después del inicio de esas transformaciones estamos a las puertas de otra ruptura histórica cuyas proporciones son aún mayores y más profundas.

II. Señales de ruptura. Algunos fenómenos que hacen evidente la factibilidad de un cambio de época en el futuro cercano, son los siguientes:

1. Civilizaciones entrelazadas: El nuestro es un mundo de civilizaciones entrelazadas por la economía, la política, la educación, la cultura, la ciencia y la tecnología. Las interacciones entre civilizaciones –de cooperación o de conflicto– nunca habían sido tan intensas como lo son en el presente, y esto obliga a un esfuerzo sistemático tendiente al reconocimiento recíproco de valores y experiencias entre las civilizaciones occidental, musulmana, judía, hindú, china, japonesa, ortodoxa, subsahariana o budista.

Aspirar, en esta circunstancia, a que una de las civilizaciones mencionadas sea el modelo universal de comportamiento y de creencias es un acto demencial y violento. Cualquier diálogo es una farsa cuando los miembros de una civilización se consideran superiores a los miembros de otras civilizaciones. Y en este punto conviene aceptar que tras la pretensión de poseer verdades absolutas e imponerlas a los demás no se encuentran ni el deseo de cooperar ni el amor a los semejantes, sino un odio disfrazado con piel de oveja. Interiorizarlo así es el principio de una evolución positiva, negarlo conduce a la exclusión y la guerra permanentes.

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2. Inteligencia tecnológica global: Otra realidad situada en el umbral de una nueva época es la existencia de una inteligencia tecnológica global. No es solo que las distancias entre una persona y otra se han acortado gracias al poder de la comunicación, lo decisivo es que las interacciones entre individuos situados en puntos distintos del globo terráqueo se traducen en nuevas prácticas sociales e influyen en los procesos de toma de decisiones de un modo por completo desconocido hasta hace pocos años. Ni la política, ni la economía, ni la cultura, ni el mundo del trabajo y los emprendimientos, pueden comprenderse sin esta intervención virtual, autónoma y masiva que Internet y otros medios de comunicación han hecho posible. Esto está revolucionando a las sociedades no desde las aulas universitarias o las abundantes teorías que se esgrimen aquí y allá, sino desde la propia experiencia de las personas traducida al ciberespacio y a las tecnologías de la información. Los conocimientos implícitos vinculados a la vida cotidiana de los individuos, y no a la cantidad de libros que han leído, están modificando las dinámicas intelectuales, educativas y culturales de nuestro tiempo.

3. Transformaciones capitalistas: Otro hecho que prefigura el cambio de época es que los capitalismos contemporáneos enfrentan el desafío de erradicar las causas de la actual crisis al mismo tiempo que desarrollan capacidades para traducir la riqueza en bienestar social generalizado. Hasta comienzos del siglo XIX la pobreza era considerada una realidad normal, casi natural, pero desde mediados de ese siglo se fortalecieron y expandieron las clases sociales medias, evitándose el empobrecimiento del proletariado industrial, elevándose los niveles de ilustración y educación de la población, y enriqueciéndose a los pequeños y medianos propietarios de medios de producción. Si hoy percibimos la pobreza y la desigualdad como escándalos éticos –y lo son– se debe a que en la evolución de los últimos tres siglos la riqueza y el bienestar se han hecho alcanzables para cualquier ser humano. ¿Cómo avanzar, en la presente coyuntura de crisis e incertidumbre, hacia la generalización del bienestar?

La fórmula de la que muchos hablan consiste en erradicar el gigantismo improductivo y burocratizado del estado al mismo tiempo que se propician economías dinámicas, innovadoras y poderosas, que produzcan bien, distribuyan bien y se fundamenten en relaciones armoniosas con la naturaleza. El expresidente de Chile Ricardo Lagos insistió en esto cuando afirmó que el énfasis del desarrollo debe colocarse en las políticas redistributivas asociadas al crecimiento y la austeridad. Se trata de una combinación compleja y difícil de realizar, que no sólo incumbe a Europa, Estados Unidos o China, sino también a otros países y continentes, como es el caso de Costa Rica, donde la pobreza está estancada, la desigualdad aumenta y el Estado es un laberinto de ineficiencias y cinismos.

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4. El dilema de un Imperio: Finalmente, una señal que anuncia un nuevo tiempo histórico es la experiencia de la República Popular China. La transición desde un país pobre, rural y económicamente cerrado hasta la China actual, es algo positivo reflejado en la mejora de los indicadores de salud, educación e ingresos, el crecimiento del empresariado, la expansión de las clases sociales medias, la drástica reducción de la pobreza y la globalización de las economías locales. A la luz de estos hechos algunos expertos prevén que entre los años 2020 y 2025 la RPCH sea el principal competidor económico, político y militar de los EE. UU., que su producto nacional bruto supere al de todas las potencias económicas occidentales, exceptuando el de los EE. UU., y que las clases sociales medias, ilustradas y creativas, estén formadas por un número de personas superior a la población de Norteamérica o de Europa.

No obstante lo anterior debe reconocerse que la revolución económica china está inconclusa si no aborda y resuelve tres asuntos claves: la construcción de un régimen de libertades públicas, la reducción de la desigualdad social y la armonía del crecimiento productivo con el medio ambiente. Si lo anterior ocurre estaríamos en presencia de una revolución tan importante para la historia como lo fueron las revolucio- nes inglesa, francesa y norteamericana. Sería, sin duda, la principal revolución socio-política del siglo XXI.

III. Conclusión. Los hechos referidos sugieren que el cambio de época constituye un escenario factible. Quizás en pocos años o en pocas décadas crucemos el umbral, y nuestro presente sea recordado como la antesala de una nueva etapa. No se vislumbra ningún paraíso a la distancia, la historia universal es ahora lo que siempre ha sido: un lugar cargado de horrores y esperanzas donde poco a poco vamos liberándonos de las opresiones que impiden realmente el advenimiento de un tiempo –por ahora utópico– cuando el más pobre pescador reme con remos de oro.

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