4 junio, 2015

Pensar en Libertad tiene enorme importancia, porque a veces lo que a primera vista parece verdadero no lo es. Me refiero a Libertad la amiguita de Mafalda, de cuyas aventuras a diario nos podemos enterar en este medio. Para muestra, consideremos la siguiente conversación.

Libertad dice a Manolito: “¡Capitalista! ¡Según su esquema solo importa que los ricos tengan plata, porque total, el dinero hace la felicidad! ¿No?”. Y sigue: “¡Por culpa tuya y de todos los capitalistas como vos, anda el mundo como anda!”.

Manolito mira a Mafalda y le pregunta: “Decí la verdad, ¿a vos te parece que puedo hacer caso a las tonterías que dice?”. Mafalda, con gran aplomo, responde: “Y una parte de razón tiene… vos vivís dándole importancia solo al dinero, cuando en el fondo hay cosas más importantes”. Ante lo cual Libertad, mirando fijamente a Mafalda, agrega: “¡Reaccionaria! ¡Según tu esquema, no importa que los pobres no tengan plata, porque total, el dinero no hace la felicidad! ¿No?”. Y remata: “¡Por culpa tuya y de todos los reaccionarios como vos, anda el mundo como anda!”.

Teniendo tan cerca a la filósofa mundana Libertad, ¿para qué estudiar a Platón, Mill o a Kafka, si arriesgamos a enredarnos más de la cuenta? ¿Para qué consultar a Baruch Spinoza, cuando hasta sus paisanos, que tampoco lo entendieron, se vieron forzados, en 1656, a excomulgarlo de una manera muy peculiar?

Dice el respectivo decreto: “Por la decisión de los ángeles, y el juicio de los santos, excomulgamos, expulsamos, execramos y maldecimos a Baruch de Spinoza, con la aprobación del Santo Dios y de toda esta santa comunidad, ante los Santos Libros de la Ley con sus 613 prescripciones, con la excomunión con que Josué excomulgó a Jericó, con la maldición con que Eliseo maldijo a sus hijos y con todas las execraciones escritas en la Ley. Maldito sea de día y maldito sea de noche; maldito sea cuando se acuesta y maldito sea cuando se levanta; maldito sea cuando sale y maldito sea cuando regresa. Que el Señor no lo perdone. Que la cólera y el enojo del Señor se desaten contra este hombre y arrojen sobre él todas las maldiciones escritas en el Libro de la Ley. El Señor borrará su nombre bajo los cielos y lo expulsará de todas las tribus de Israel abandonándolo al Maligno con todas las maldiciones del cielo escritas en el Libro de la Ley. Pero vosotros, que sois fieles al Señor vuestro Dios, vivid en paz. Ordenamos que nadie mantenga con él comunicación oral o escrita, que nadie le preste ningún favor, que nadie permanezca con él bajo el mismo techo o a menos de cuatro yardas, que nadie lea nada escrito o trascripto por él”.

La vida de alguien que semejante excomunión recibió merece ser analizada. Por fortuna, la Internet ofrece mucha información, disponible a quien quiera consultarla.

Volvamos, en busca de luz, a Libertad. Esta vez ella nos ilumina con un soliloquio: “Mi papá me dice que nuestro problema es que aquí la gente vive imitando lo que está de moda en Europa o Estados Unidos, pero que por suerte la solución es muy simple: tenemos que empezar a ser como nosotros y no como los europeos o los norteamericanos, porque a ellos les importa un pito de nosotros. Y eso es lo que tenemos que hacer nosotros: ser como ellos, que solo se ocupan de ellos; porque el día que nosotros dejemos de imitarlos y logremos ser como ellos, vamos a empezar a ser como nosotros”.

Y así de clara es Libertad. Al fin, pueda ser que nuestra vida sea una cadena de contradicciones, de las que solo los iluminados saben enfrentar. Otros, simplemente, dirán: “Si uno es tonto, no lo ataranten tanto”.

El autor es economista. Fue miembro de la Junta Directiva del Banco Central, vicepresidente del Banco Internacional de Costa Rica y ministro de Hacienda en el período 1990-1991.