Opinión

Un techo para mi país cambió mi vida

Actualizado el 01 de febrero de 2010 a las 12:00 am

 La experiencia nos sugiere otro acercamiento para tratar la inseguridad ciudadana

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Un techo para mi país cambió mi vida

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Construí y conviví con familias en extrema pobreza en precarios como Guararí, Bataan en Limón y luego Los Guido en Desamparados… Encontré no solo familias de nicaragüenses ilegales, sino de muchísimos costarricenses viviendo al margen de una sociedad cuyo sistema no les permite penetrar en los brazos del bienestar que respalda a sus vecinos. Estas familias no han logrado escapar de esa gran espuela que los persigue: la pobreza extrema.

Salí de un colegio privado de una clase social más que acomodada. Algunos compañeros nunca se dieron cuenta de la situación en la que viven miles de personas en su país.

Falsificaron fácilmente una firma para completar el trabajo social que exige el Ministerio de Educación Pública y vivieron en esa burbujita fuera de la sociedad ignorantes de una realidad que estuvo siempre frente a ellos.

Algunos pocos que verdaderamente cumplieron con las horas exigidas cuidaron tortugas, fueron a un hogar de ancianos o pintaron una escuela. Sin embargo, ninguna experiencia deja el mismo efecto de esta organización Un techo para mi país.

Un techo para mi país no es solamente entregar el tiempo para las familias más necesitadas, es también un curso intensivo de humanismo que busca amortiguar la creciente desigualdad social.

Ver a tantos niños obligados a madurar en un ambiente lleno de drogas y violencia es una evidente causa de la inseguridad ciudadana pues estos asentamientos no planificados, hacinados y abandonados completamente por el Estado no son más que un criadero de criminales.

Esta experiencia nos sugiere otro acercamiento para tratar la inseguridad ciudadana lejos de más policías y mano dura para los delincuentes.

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