18 agosto, 2014

Todavía es prematuro decir que el pueblo se equivocó al nombrar a don Luis Guillermo Solís en la presidencia de la República. (¿Se equivoca acaso el pueblo?).

Como el más avezado político, logró el voto del empresariado nacional hablando de fortalecer la infraestructura productiva, de construir el indispensable puerto en Limón, las carreteras nacionales y el apoyo a las municipalidades en el asunto de las carreteras locales. También se refirió al acceso de los servicios bancarios, al orden en el sector público mediante la revisión de las instituciones para suprimir duplicaciones, al apoyo irrestricto a una ley de salarios que permita homogeneizar los ingresos de los funcionarios, y a poner orden en las convenciones colectivas: Habló de ordenar la CCSS, el INS, el ICE, el MEP y el resto de las empresas públicas para ponerlas al servicio de los ciudadanos, y no de sus empleados, para garantizar la justicia social.

Y, a la manera del más experimentado político, logró también el apoyo del sector público, explotando su imagen de universitario estudioso, comprometido socialmente con el pueblo, al hablar de equidad, de justicia, de oportunidades no solo para los trabajadores públicos, sino para todo el pueblo. Se comprometió a posponer temporalmente la presentación de un proyecto fiscal, pero manifestó que trabajaría arduamente para poner orden en las finanzas públicas.

¿Qué sacamos de todo lo anterior? Que, finalmente, tendríamos un presidente que esforzaría para que el país (todos sus habitantes) pudiera trabajar de la mano, en el claro marco del artículo 50 de la Constitución Política, que demanda del Estado (Gobierno central y entes descentralizados) abocarse unívocamente a estimular la producción para lograr así el más adecuado reparto de la riqueza (al crear trabajos dignos y bien remunerados a todos los trabajadores, independientemente de su nivel socioeconómico), en un contexto de respeto a la naturaleza para lograr un desarrollo sostenible, requisito indispensable para que las futuras generaciones puedan vivir en paz, en el país más feliz del mundo (resumen mío de dicho artículo). Entonces… A votar… y darle todo nuestro apoyo.

Por sus obras los conoceréis. ¿Cuáles obras ha hecho don Luis en estos 100 días? Unos cuantos nombramientos acertadísimos, pero otros totalmente contradictorios con sus declarados principios de una ética impecable. Una indiferencia total sobre el asunto de las duplicaciones institucionales. Un silencio en cuanto al Servicio Civil, que es necesario reformar de inmediato para poder remover a funcionarios carentes de idoneidad y de responsabilidad. Un decreto ejecutivo, en el que reitera la solicitud hecha por doña Laura a los funcionarios públicos, para que trabajen de acuerdo con su cometido institucional. Silencio en cuanto al envío al Congreso, en sesiones extraordinarias, de la ley de empleo público, que le permitiría poner orden en las malvadas convenciones colectivas, y los igualmente desastrosos pluses en el sector público, que no solo exprimen los bolsillos de los trabajadores, sino que agravan cuantiosamente el déficit por cuanto tendremos que endeudarnos para pagarlos.

Y, como adición, un aumento a todos los funcionarios públicos de un 4% a la base, cuyo efecto inflacionario deberán pagarlo los trabajadores privados (que buscarán posiblemente empleo en Nicaragua, qué ironía, y que podría expulsar al empresariado nacional a producir a otro país).

Igualmente vemos que, en lugar de escuchar al señor procurador, cuya tarea es advertir al Gobierno sobre posibles ilegalidades, nuestro presidente se empecina en sostener el nombramiento de su ministro de la Presidencia, que tiene todo mi respeto como obispo, pero que, precisamente por tal cargo, según afirma el procurador, no hay garantía de que guarde la objetividad necesaria para resolver los problemas de un pueblo diverso y variopinto.

Desde luego no es lo mismo “verla venir que bailar con ella”, y en asuntos de “bailar” se requiere muchísimo liderazgo y experticia. Si no lo tiene aún, esperamos que lo adquiera pronto y el pueblo entero bailará con él. Pero esperábamos (al menos yo) un baile más experto y armonioso, aunque fuera con la más fea o el menos feo, para lograr enderezar el camino y trabajar juntos en la construcción de la Costa Rica de oportunidades que anhelamos.

Pensamos que la conciencia lúcida de la patria que habrá calado en el presidente, le ayude pronto a tomar el liderazgo en el baile, que requiere pasos estratégicos y brazo fuerte. No se puede bailar tango con unos y mambo con otros al mismo tiempo, pues… ¡con Costa Rica no se juega!

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