Opinión

Dos talegas

Actualizado el 16 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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Dos talegas

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Talega: saco ancho y corto que sirve para guardar cosas. Dos talegas, por ejemplo, podrían contener 225 pesos en plata, suma que aquí cerca y hace mucho (Cartago, siglo XVIII) significaba más que dinero.

Ana Isabel Piza, quien fatigó los Protocolos de Cartago de 1726 a 1750, advierte que la historiografía oficial no valoró en su justa dimensión el esclavismo en Costa Rica; y hoy, a través de su libro Endostalegasdepita , busca no solo sacar de la bruma un hecho clave de nuestra protonacionalidad sino cerrar la deuda de aquel pasado y la realidad que ahora somos como país. A sus 80 años, al cabo de una rica labor en el campo de la práctica social y de una obsesión literaria cargada de logros, Ana opta por narrar aquí su primera novela, dentro de este marco de amos locales y esclavos africanos, al ritmo de la conversa diaria y el tiempo presente del indicativo, donde importa lo que se dice y lo que se calla por igual. El lector, pues, de parabienes, navega por semejante aire y con él sus grandes preguntas, la expectativa: aquella sociedad oprimida se mueve hacia algo casi imposible, definitivo, pero se mueve…

Y si los Protocolos, el documento, fijan el cuadro histórico de aquella opresión, las criaturas de la novela son quienes sobrepujan al fin la vida gracias al ansia de libertad que guardan dos talegas de pita.

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